Tolima
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De dientes para afuera el gobierno nacional se rasga las vestiduras ante el crudo anuncio de algunos comandantes farianos de reanudar la lucha armada, debido al incumplimiento de los acuerdos concebidos en la Habana y firmados en el teatro Colón con veeduría internacional. Por supuesto, es una postura hipócrita y miserable, por cuanto en campaña el ventrílogo de Álvaro Uribe Vélez, Iván Duque Márquez declaró su interés de sumarse a los halcones de la guerra para hacer trizas este maravilloso y esperanzador acuerdo.



Si hay un responsable de esta tragedia nacional, son el Centro Democrático y el narcotraficante número 82, según la CIA, Álvaro Uribe Vélez. Después de 60 años, se concreta un acuerdo y estos rufianes en poco tiempo lo  dinamitan  y luego salen a los medios a responsabilizar a la insurgencia. Es como el ladrón que grita: “Cojan al ladrón”.

Una vez más se avizora en el horizonte de Colombia guerra contra el pueblo, dolor y lágrimas. Todo por obra y gracia de estos carroñeros, que siempre han utilizado la violencia como estrategia para llegar a los puestos de mando.

Aparentemente, esta fracción del movimiento fariano le estaría dando la razón al Centro Democrático y al uribismo. Sin embargo, hilando más delgado nos damos cuenta que la disputa entre la paz y la guerra, tiene un soporte fuerte en la clase dirigente nacional mafiosa y paramilitar para inclinar a su favor el monstruo de la guerra y acabar una esperanza de esta magnitud que había florecido después de 60 años de enconada y desigual lucha.

En síntesis, es una nueva puñalada trapera contra la paz por parte de la clase dominante, esa clase dominante convertía en escoria que solo vive de la guerra y de la muerte.

El candidato a la asamblea del Tolima por el partido FARC, Gustavo Bocanegra Ortegón, en un vibrante discurso en el corazón de la ciudad de Ibagué, el viernes anterior, convocó a la comunidad nacional e internacional a hacer causa común para defender el proceso de paz y evitar así que Colombia se vaya nuevamente al abismo ignoto de la violencia.

Duélale  a quien le duela pero las FARC – EP, desde su fundación, siempre ha abogado por la paz con justicia social, la salida política, mientras el Estado siempre ha mantenido la dinámica de la violencia. Creo que ahora no podría ser la excepción. Sin embargo, hay que presionar a este gobierno, a esta maldita oligarquía para que cumplan lo pactado y rápidamente las aguas desbordadas vuelvan a su cauce normal.

Vamos al abismo profundo. La violencia nuevamente sale a flote, la crisis económica se hace cada vez más fuerte, el medio ambiente sucumbe por la decisión de los gobernantes de derecha, la brecha entre los ricos y los pobres se amplía dramáticamente y como si fuera poco la ética hace metástasis al interior de la clase dominante. En esta clase mafiosa y paramilitar, se impone el reinado del más fuerte y del más ladrón.

El camino correcto lo ha diseñado el candidato a la Asamblea del Tolima, Gustavo Bocanegra Ortegón: Una cruzada nacional por la paz para que ésta coja fuerza y derrote la violencia. Esa es la perspectiva correcta. En la búsqueda de la paz, “aquí nadie se rinde”, dijo Andrés Hernández, candidato al concejo de Ibagué por la Colombia Humana – Unión Patriótica, al intervenir en la plazoleta Darío Echandía, el pasado viernes.

Es decir, la consigna es seguir con la bandera de la paz en alto, exigiendo la materialización del acuerdo de la Habana. Acudir a la comunidad internacional y al pueblo colombiano en general. La idea no es estigmatizar a estos comandantes guerrilleros, hay que señalar es al gobierno, al Centro Democrático y su payaso presidente. Ellos son los directos responsables, los carroñeros, que diariamente empujan al pueblo a la violencia. Hay que hacer una lectura correcta de la crisis que aflora, para poder tomar las mejores decisiones y así desenmascarar a los responsables directos.

Nada de pesimismo. Nada de pánico. Nada de quietud. Todo lo contrario. Optimismo, serenidad, acción. Recuerde usted que los pueblos son eternos, los tiranos efímeros. Todo para la paz, nada para la guerra.