Tolima
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A pesar del inmenso esfuerzo que hizo la guerrilla de las FARC – EP, para concretar un acuerdo de paz con el Estado Colombiano y continuar la lucha política y revolucionaria por los caminos del argumento y la controversia ideológica sin utilizar las armas, la respuesta del Estado y su representante legal, el presidente Iván Duque Márquez, no ha sido de corresponsabilidad. Por el contrario. Ha acentuado la violencia contra el pueblo en todas sus formas y manifestaciones.



Una violencia que no es solamente armada con el ejército y el paramilitarismo en estrecha unidad, sino también desde el campo económico, político, cultural e ideológico. Una verdadera guerra integral contra un pueblo que tiene las cicatrices de más de 60 años de injusto, por decir menos, terrorismo de Estado.

Divagar sobre los causantes de la posible reanudación de la lucha armada en Colombia, no nos lleva a ningún Pereira, como dice el dicho popular. Hay que desenmascarar a los auténticos responsables, comenzando por el Estado que incumplió el acuerdo concretado en la Habana y firmado en el teatro Colón de Bogotá con veeduría internacional. También al partido de la muerte “El Centro Democrático” y su principal camorrero, el narcotraficante número 82, Álvaro Uribe Vélez.

Son develando las causas y los responsables y no especulando con base en las consecuencias como se puede proyectar una plausible salida a esta dramática situación que vive Colombia, en la que la burguesía empuja al pueblo a la guerra, con el único propósito de seguir disfrutando las mieses del poder, así estas estén untadas de sangre, dolor y lágrimas de pueblo inerme, brutalmente explotado y engañado durante más de 200 años, unas veces con el rótulo rojo y en otras con el azul.

Históricamente, nunca la guerrilla ha sido causante de la violencia en Colombia; ha sido consecuencia de un Estado antidemocrático, sectario y excluyente, sumiso a la política imperialista de Estados Unidos. En 1964, cuando 48 campesinos liderados por Manuel Marulanda Vélez, le propusieron al entonces presidente Guillermo León Valencia que visitara la región de Marquetalia, Gaitania y Planadas y se enterara en el terreno de la realidad que vivía esta región, la respuesta brutal fue la implementación y desarrollo del tenebroso Plan Latin American Security Operation (Plan Laso). Cerca de 16 mil hombres con el armamento de punta del momento y la dirección directamente de los gringos, lanzaron la operación de tierra arrasada contra estos humildes habitantes.

De nuevo hoy, es el Estado el que se pone al frente a impulsar y financiar la guerra contra el pueblo y con las mismas mentiras. De una manera descarada esta oligarquía le hace decir a sus medios de comunicación que los comandantes farianos: Iván Márquez, Santrich, Romaña, el Paisa, entre otros, están dirigiendo la resistencia desde la hermana República Bolivariana de Venezuela. Qué infamia. Pero, también qué estupidez. Me hace recordar una pregunta de una periodista peruana que le hace al comandante Fidel Castro: “¿Usted sigue exportando la Revolución Cubana por el continente?” Fidel, contesta inicialmente confina ironía al decirle: “Ojalá fuera posible exportar revoluciones, eso ahorraría muchos dólares, dolor y muerte”. Seguidamente, agregó: “Es imposible exportar revoluciones, porque una revolución es fruto de condiciones objetivas y subjetivas y, en cada país o región las condiciones son diferentes”. (No cito la respuesta textual).

Nunca la hermana República Bolivariana de Venezuela se ha inmiscuido en los asuntos internos del pueblo colombiano. Al contrario. Ha sido el gobierno colombiano, en cumplimiento de los dictámenes de Estados Unidos, el que se viene inmiscuyendo peligrosa y abusivamente en los asuntos internos del hermano país bolivariano. Es más, desde el comandante Hugo Rafael Chávez Frías, este país ha sido factor determinante en el intento de aclimatar la paz en Colombia. El actual presidente ha seguido esta dinámica, pero la respuesta del gobierno colombiano es totalmente mezquina, mentirosa, cumpliendo como fiel cachorro las órdenes del imperialismo gringo. Esa es la verdad.

En esas condiciones, el pueblo debe volcarse a la calle a exigirle al presidente Iván Duque Márquez que frene la violencia, el terrorismo de Estado y la nefasta política militar – paramilitar. Exigirle hechos, no banas y estúpidas declaraciones recetadas por el Partido de la Muerte, El Centro Democrático y la embajada de los Estados Unidos.

La manera sencilla de parar la guerra es cumpliendo con los acuerdos de la Habana, acuerdos maltrechos y recortados, por cierto, pero que podrían conducir a este país a un escenario de paz, de respeto a la vida, a la diversidad y a la convivencia civilizada.

¿Por qué la actitud belicista de la derecha y extrema derecha? Porque le temen a la verdad histórica. Uribe Vélez hará hasta lo imposible por ocultar su verdadera faz ante las Cortes, faz que el pueblo ha ido descubriendo. Uribe es narcotraficante, la CIA dice que es el número 82; es al parecer el jefe del Paramilitarismo y a su vez, miembro activo de la mafia. Es más: Es considerado el real presidente actualmente, Duque vendría a ser un vulgar calanchín. Si es condenado, no le alcanzará su vida para pagar todos los males que le ha hecho al pueblo colombiano. Claro, Uribe no es solo. Hace parte de una siniestra organización de la que hacen partes la gran oligarquía, el militarismo, altos funcionarios del Estado, gremios económicos y medios masivos de comunicación, entre otros. Uribe es como la cabeza visible.  

Este entramado putrefacto es el que trata de que la lucha armada siga su curso, pues en esa medida tendrá su caballito de batalla en cada debate electoral. El pueblo no podrá votar conscientemente, lo hará atemorizado, engañado, amenazado e indignado. Como se puede ver es toda una estrategia de la clase dominante para seguir en el poder. Se ha dicho reiteradamente que la guerra es abundancia para la clase dominante y tragedia para el pueblo. Por eso, como pueblo tenemos que insistir y persistir en la lucha por la paz, como bien lo dijo el candidato a la asamblea del Tolima por el Partido Farc, Gustavo Bocanegra Ortegón: Hay que hacer una gran movilización nacional por la paz y la implementación de los acuerdos. Señor Duque: ¡Pare la violencia en Colombia, ya!