Tolima
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Descubrir, interpretar y emplear correctamente el feliz nacimiento del amor a la sabiduría, es decir, la filosofía, nos permitirá comprender la dinámica del mundo y la misión de la especie humana en comunión. Su espíritu transformador, que por su analfabetismo en destructor, abre la posibilidad a rectificar y comprender el origen de todo cuanto existe. Lo más importante es llegar a la gran conclusión que nada hay sobrenatural, todo es natural. Lo sobrenatural no deja de ser simple creación de la especie humana, única especie capacitada para crear y adorar dioses.



La filosofía como tal comenzó a utilizarse alrededor del siglo V antes de nuestra era. Algo más de 2.519 años atrás, en la ciudad de Atenas, hoy capital de Grecia. El primero en advertir este término fue el ateniense Platón, quien afirmó que el inventor de dicha palabra era el maestro Sócrates. Así, pues, con Sócrates, Platón y Aristóteles, esta palabra comienza a llenarse de contenido. Contenido que se va ensanchando al irle ensanchando los conocimientos en las distintas áreas del saber. Estos griegos comenzaron con propiedad a hablar de filosofía, de escuelas filosóficas y de textos filosóficos.

Así las cosas, “la filosofía no fue creación de una sola persona o de un solo pueblo. Sin embargo, a los antiguos griegos les debemos que hubieran tomado conciencia de su importancia y haber sido sus principales impulsores”, dice el texto de Santillana.[i]  

El saber no es exclusividad de los considerados eruditos, el saber es exclusividad de los pueblos con sus propias dinámicas. Es fruto de la práctica (praxis) cotidiana, práctica social, no individual como el capitalismo pretende hacer ver y creer. No duda en destacar la obra de Albert Einstein y su personalidad, pero individualmente. Es como si el científico hubiera sido un extraterrestre y no un ser humano de carne y hueso en función social.

Se considera, no obstante, que la actividad filosófica data del siglo VIII antes de nuestra era, así no tuviera propiamente este nombre. El conocimiento no se da exclusivamente en la academia. Durante siglos se ha venido diciendo que los cultos son los que tienen la oportunidad de ir a la academia, los que no pueden ir porque el sistema imperante se lo impide son considerados incultos. Sin embargo, la praxis empírica demuestra que el que no va a la academia por diversas razones, no es inculto, también es culto. Es decir, es portador de conocimiento empírico. No hay incultos, tampoco ignorantes. Cada persona tiene un mundo de conocimientos en diversas áreas del saber. También hay que decir que filósofo no es únicamente el que va a la academia, filósofo es toda persona con capacidad de pensar y razonar. Que una persona sepa más que otra, normal, pero todos tenemos la capacidad de utilizar el raciocinio, es decir, filosofar.

El pensamiento religioso

El pensamiento más elemental y antiguo del ser humano, es el pensamiento religioso. Mediante este, trata el hombre de dar una explicación del universo, de la naturaleza y de la vida social del ser humano. Lo hace a través de narraciones fantasmagóricas y legendarias, grandes inventos fruto de su capacidad natural que le ofrece fundamentalmente el cerebro y su propia sensibilidad. De la creatividad humana surgen mitos en los que están involucrados dioses y seres humanos. Todavía hay el mito de la creación. Se sigue diciendo que todo cuanto existe fue creado por un ser superior. Para los occidentales ese creador se llama: Dios, para los orientales, se llama: Mahoma, Alá, etc.

Durante siglos se mantuvo esta teoría idealista, a la sombra de la cual, se cometieron horripilantes hechos de violencia. Basta recordar la denominada: “Santa Inquisición”, pero también la forma violenta como esta iglesia impuso su pensamiento mitológico en nuestro continente, el continente americano. Quien no aceptó fue asesinado, quemado vivo y condenado al “fuego eterno”.

En Grecia – por ejemplo – se desarrollaron dos tradiciones filosóficas: La tradición olímpica y la tradición órfica.  

[i] Serrano López, Federico Guillermo, Galindo Neira, Luis Eduardo, Sofía Melo, Claudia y otros. Filosofía I. editorial Santillana. Biblioteca Luis Ángel Arango. Página consultada 175.