Tolima
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El obsoleto Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), también llamado: “Tratado de Río” por aquello de haber sido firmado en la ciudad de Río de Janeiro (Brasil), el 21 de septiembre de 1947, fue creado a iniciativa de Estados Unidos, en desarrollo de su imperialista política de “América para los americanos”, diseñada por el presidente Monroe de este país.



El cuento peregrino de Estados Unidos es que este tratado era de carácter defensivo, en la dinámica de proteger supuestamente los países de América. El área de influencia de este Tratado comprende a este continente y 300 millas a partir de la costa, incluyendo la región entre Alaska, Groenlandia, en el norte, zona ártica hasta las islas Aleutianas. Hacia el sur, zona antártica y los islotes de San Pedro y San Pablo y, adicionalmente, la isla Trinidad. Así reza el artículo 4 de este Tratado (Que más bien se puede leer como imposición de Estados Unidos).

Durante la criminal invasión de Inglaterra a Las Malvinas (Argentina,  1982), dicho Tratado fue invocado, pero los Estados Unidos rechazó la iniciativa poniéndose de lado del Reino Unido, argumentando que en este caso el país agresor era Argentina. Como sumisos cachorros del imperio, Colombia y Chile, entre otros, se plegaron a esta determinación. Durante el auto atentado de las Torres Gemelas (Estados Unidos), nuevamente se invocó el Pacto. El presidente George W. Bush, le exigió a su homólogo mejicano, Vicente Fox, su implementación, pero el presidente se negó y en el 2002, se retiró. De igual manera, los presidentes integrantes de la Alternativa Bolivariana para América (ALBA), protocolizan su retiro el 5 de junio de 2012.

Este cadáver decrépito y obsoleto pretende revivir el presidente gringo, Donald Trump, con el fin de arremeter con más virulencia contra los países que poco a poco han ido independizándose del imperio norteamericano, como Cuba, la República Bolivariana de Venezuela, Nicaragua, Bolivia, etc.

En realidad, este leonino y maléfico TIAR fue concebido con un profundo contenido anticomunista y contrainsurgente. Se da después de la segunda guerra mundial, en el marco de la guerra fría. Al tenor de esta y dentro de los libretos de la CIA del “enemigo interno”, se concibe y desarrolla en este continente considerado por Estados Unidos como su “patio trasero”.

Se trata de revivir este esperpento y como en su fundación, Colombia sumisa a los dictados imperialista como perro faldero se apresta a apoyar iniciativas tan vergonzosas y miserables. El presidente Iván Duque Márquez, arrastrado de rodillas, invoca este tratado para agredir a la hermana Venezuela y así congraciarse una vez más con su amo.

Los pueblos americanos al unísono deben rechazar pérfidas iniciativas de este calado y por el contrario, invocar la solidaridad, el internacionalismo proletario y la libre autodeterminación de los pueblos. Hay que rechazar con vehemencia toda manifestación de intromisión y de violencia. Respaldar con pureza la buena y respetuosa amistad entre los pueblos, sacando del escenario político y las relaciones internacionales el armamentismo y toda forma de violencia.

Foto Reuters / Rodi Said