Tolima
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Es un acontecimiento histórico el arribo del semanario VOZ La verdad del pueblo a la edición 3000. Sobre todo en un país tan sacudido por el terrorismo de Estado, la intolerancia y el gran imperio del capitalismo. Un Estado caracterizado por la antidemocracia y el exclusivismo de la clase dominante que no ha dudado en promover guerras de exterminio en la entraña del pueblo, manteniéndolo así dividido y distante del poder político. Quizás esta es una de las oligarquías más criminales del continente americano.



Conocí el periódico por intermedio de mi hermano Gustavo, cuando no solo me regaló una suscripción por un año, sino que me invitó a varios festivales, cuando éstos se llevaban a cabo en el coliseo cubierto El Campin. Allí conocí al maestro Luis Vidales, al camarada Gilberto Vieira White y al mismo Bernardo Jaramillo Osa. Se llamaba: Voz Proletaria.

La primera idea que tuve del periódico fue que por sus páginas discurre el pensamiento del Proletariado (Pueblo). A esa conclusión llegué después de leer los periódicos del establecimiento. En mi pueblo (Anzoátegui, Tolima), causó impacto el periódico. “Es el periódico de los comunistas”, me decían los jefes conservadores. Yo aún no tenía claro qué era el comunismo. Solo sabía la versión que cada ocho días decía el cura párroco: “Dice el comunista no hay Dios, dice el Comunista no hay cielo”. Y, sobre la hoz y el martillo, afirmaba: “La hoz que todo lo arrasa y el martillo que todo lo destruye”.

Después tuve una experiencia con el clero. Siendo estudiante del colegio, el cura me comisionó para que hablara en nombre de la juventud con motivo de la visita del arzobispo a la municipalidad. En mi intervención dije que la juventud no quería creer en la iglesia porque una cosa decía y otra cosa hacía. Eso fue motivo de discusión. El cura me dijo que seguramente ese discurso me lo había hecho un comunista. Asombrado le dije: “Padre, ¿Pero luego usted no dice cada ocho días que el comunismo es malo? ¿Decir la verdad es malo?”. No tuve respuesta exacta a estos interrogantes.

En un concurso de oratoria que organizó el colegio Carlos Blanco Nassar no quedé de primero, porque según el jurado, las ideas eran comunistas. Eso me lo confesó un miembro del jurado años después.

La distribución

Actualmente compartimos con la camarada Doris Romero la tarea de distribuir el semanario en la ciudad de Ibagué. Yo lo distribuyo y ella lo cobra. En un tiempo hice el ejercicio completo. Me gusta que llegue el jueves, porque gracias a la distribución uno está en contacto con los lectores y el pueblo en general. Cuando bajo por la tercera, carrera céntrica de la ciudad musical de Colombia, lo muestro y he encontrado muchas reacciones y de todos los estilos.

Un señor abultado y canoso con gafas me mira asombrado y con voz metálica me grita: “¿Todavía existe el comunismo en Colombia?” Yo me le acerco y le digo: “Compañero, mientras exista injusticia social en Colombia o en cualquier lugar del mundo, el comunismo será vigente porque es la antítesis del capitalismo”.  

Una distribuidora de caseta aprovecha que está sola. Mira en todas direcciones y me dice en voz baja: “¿Cierto que este periódico es de la guerrilla?” ¿Por qué la pregunta?”, le digo. Me contesta: “Es que aquí llega un comprador del periódico, se para al otro lado de la vía, espera que esté sola, lo compra y lo dobla y lo dobla y lo dobla, se lo mete por entre la camisa y se marcha presuroso”. “Este periódico no es de la guerrilla – le digo – es del pueblo. Es la versión del pueblo. Además tiene licencia de mingobierno. No se preocupe usted”.  

Una señora canosa y de caminar lento, interrumpe mi recorrido: “Señor, ¿usted me puede vender un periódico de esos que lleva?” “Claro, con mucho gusto”, le contesto colocando en sus manos un ejemplar. “¿Qué sabe usted del periódico?”, le pregunto. “Mi padre era un lector empedernido de este periódico. Se iba para el monte durante la violencia solamente a leerlo. Volverlo a ver me da nostalgia y siento la necesidad de leerlo”, me comenta al cancelarme los $2.200,oo pesos.

El periódico se vende como pan caliente

Este periódico se vende como pan caliente, no hay duda, lo que sucede es que hemos perdido la mística revolucionaria para ofrecerlo o quizás aún no hemos dimensionado el papel revolucionario del semanario. De cada artículo, se puede armar perfectamente una conferencia ideológica y política de singular valor. Es un periódico cuyo contenido retrata semanalmente la realidad concreta de la otra sociedad, la marginada y la que está en camino de romper las cadenas de la sumisión, la explotación y la injusticia.

Las brigadas se han venido al piso. Algunos consideran un obstáculo llevar el periódico a la reunión celular, a la reunión sindical, a la reunión de la junta de acción comunal. Para algunos el periódico debe circular exclusivamente entre la militancia. Y, para completar, un sector de esa militancia considera que sus conocimientos superan el contenido del periódico.  

Hay que pensar que el periódico es hecho por comunistas para comunistas, pero sobre todo para el pueblo. Es decir: Es la voz del pueblo. Por eso nuestra labor básica es contribuir a que circule en ese pueblo amorfo y analfabeto político. Yo le llevaba el periódico a un profesor y un buen día su esposa, también docente, me dice: “Don Nelson, no traiga más periódicos la casa se llenó”. Sin embargo, diariamente compra la prensa oficial. Le digo: “La Voz le impide la locomoción en la casa, ¿pero la prensa oficial no?”.

Hay que recuperar la mística revolucionaria. Si eso se da, seguramente volverán las grandes brigadas, el compromiso de cancelarlo cumplidamente y de llevarlo a todas partes. El periódico se convierte en un pretexto para llegarle a la gente y entablar un diálogo, una discusión o un proceso de formación política, ideológica, cultural, ambiental, etc.

Hay que reconocer el esfuerzo de los compañeros y compañeras que están al frente del periódico. Son hombres y mujeres, valerosos y valerosas, que con su trabajo tesonero están contribuyendo a la formación ideológica y política del pueblo colombiano. En realidad, todos y todas, estamos en la obligación de que el semanario camine hacia la edición 4000, cuando seguramente habrá otros protagonistas y responsables al frente de esta loable labor. De alguna manera, todos nos debemos felicitar por esta insigne victoria de llegar a la edición 3000, gozando de muy buena salud.