Tolima
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Simón Bolívar permaneció en Santa Fe de Bogotá 40 días, desarrollando una labor colosal. Giró a Venezuela $170.000,oo pesos con el capitán Domingo Ascanio para compra de armamento y a Soublette, lo nombró encargado del ejército del norte, remitiéndole $50.000,oo con el capitán llanero, José Bolívar.



La mira libertaria la había fijado en su patria: Venezuela. El 31 de agosto de 1819, reunió en Tunja a Soublette y los batallones: Tunja, primero de línea de Nueva Granada y Boyacá. Avanzó hasta Pamplona, donde se le juntaron un escuadrón de Guías, el batallón Bravo de Páez y otro llamado Pamplona. Reclutó voluntarios.

El 5 de septiembre, le mandó con el edecán Álvarez claras instrucciones, volviendo a solicitar por su conducto el apoyo de Páez. El 13 de este mes, le anunció que el general Anzoátegui saldría en el curso de una semana con todos los elementos para formar el ejército del norte y que él lo haría por El Socorro para incorporársele en el camino.

Dos meses antes, el segundo después de Morillo, el general Miguel de la Torre había partido del interior de Venezuela a la Nueva Granada para tomar el mando de la tercera división invasora. Venía con 900 hombres. Anduvo muy despacio evitando emboscadas. Pero, en la población de La Grita se enteró del desastre de las fuerzas realistas. No obstante, avanzó hacia los valles de Cúcuta. Conocedor del recorrido el general Soublette se movió para enfrentarlo. El 23 de septiembre, se presentaron combates en la Villa del Rosario y el Alto de la Cruz, cerca de San Antonio, saliendo ganancioso Soublette.

La Torre volvió a La Grita dejando desprotegida  las vías de San Cristóbal, San Camilo y Guasdualito, que el Libertador había indicado para el avance. Soublette avanzó dejando en la frontera al coronel Justo Briceño. Tenía el encargo de llamar a Urdaneta y Valdés al cuartel general y de visitar con atención a Páez y a Mariño, en sus respectivos cuarteles.

El 19 de octubre, al llegar Bolívar a Pamplona, escribe a Soublette insistiendo en el proyecto. Esperaba el Libertador con ansiedad tres mil fusiles. En la Nueva Granada, se necesitaban como mínimo 10.000. Ya había mandado $10.000,oo pesos y en ese momento mandaba $100.000,oo más, sin contar lo que Santander despacharía.

Soublette debió moverse inmediatamente al lugar donde se encontraba el general Páez, informándole en detalle de todo lo sucedido y demandando su apoyo para profundizar la campaña diseñada por Bolívar.

El as para ganar la guerra en Venezuela era el General de División ascendido por Bolívar en plena batalla de Boyacá: José Antonio Anzoátegui. Bolívar deseaba hacer otra Boyacá en su patria. Además, consideraba que Anzoátegui debía ser el Libertador, su fe ciega en él lo llevaba a pensar así. Bolívar sabía que a su espalda se estaba tramando complot contra él y el general Anzoátegui era de su entera confianza. Confianza que se mantuvo hasta su temprana muerte.

Bolívar sale de Santa Fe de Bogotá, el 21 de septiembre de 1819 con destino a Venezuela. Va por la vía de Tunja, Vélez, El Socorro, San Gil, Girón, Bucaramanga y Pamplona. Francisco de Paula Santander, asume el poder supremo civil, mientras Bolívar el militar mientras pisara suelo neogranadino. Luego, también lo asumiría Santander. Desde la población de Soatá, proclamaría Bolívar: “Al separarme de la Nueva Granada, yo espero confiadamente que justificará usted mi oferta al pueblo de Santa Fe cuando le dije: Yo no me aparto de vosotros, yo os dejo en Santander otro Bolívar”.[i]   

Es un viaje triunfal. El pueblo sale a recibirlo con alborozo. “Los sinceros votos del ilustre pueblo granadino, que solo aspira a una felicidad común con el venezolano”, señala exultante.

El 20 de julio, Bolívar ascendió a Anzoátegui y Santander a Generales de Divisiones, únicos ascensos por motivo de la batalla de Boyacá. También estas provincias se sumaron al reconocimiento de estos generales.

El general Dousbedés, relata: “A las nueve de la mañana de ese día una numerosa y revuelta muchedumbre se aglomera en la plaza principal. A esa hora llegó a ella el batallón Bravo de Páez y se colocó en formación de parada con todos sus jefes y oficiales y sus bandas de música y de guerra. Pronto se presentó el Libertador a caballo con su cuartel general, escoltado por un escuadrón de lanceros al mando de Rondón. Rendido los honores reglamentarios y puestas las tropas a discreción, partió el escuadrón de Rondón hacia la morada de los generales Anzoátegui y Santander, quienes, solos y acaballo, se encaminaron a la plaza escoltados por el dicho escuadrón. Cuando llegaron, y todas las bandas y tropas hubieron hecho honores, se encaminaron al frente del Libertador, a cuyas órdenes se pusieron. Entonces éste, con gallardía y distinción que le eran peculiares, y con voz más alta, dijo: “General Santander, General Anzoátegui: Oíd la manera como la República os califica de hijos beneméritos y premia vuestros servicios importantes…” Terminada esta lectura, Bolívar enfrentándose a las tropas exclamó: “Soldados del Ejército Libertador: Reconoceréis, respetaréis y obedeceréis a los generales Santander y Anzoátegui en sus nuevos grados de Generales de División a que han sido ascendidos por la República, en premio de su valor y de sus distinguidos servicios”. Una vez callado el Libertador, estalló una verdadera tempestad de vivas, exclamaciones de alegría y gritos de parabienes. Los generales ascendidos y el mismo Libertador tuvieron que echar pie a tierra y dejarse conducir como ídolos en brazos de hombres y mujeres que no se cansaban de gritar, hasta el Palacio de Gobierno. Allí, ya calmada y alejada un tanto la muchedumbre, fueron sorprendidos los ascendidos con un magnífico almuerzo que les ofreció el Libertador, almuerzo preparado y servido por los más distinguidos que tenía el bello sexo en la hasta entonces capital del virreinato. Días brillantes de la República. ¡Nadie se acordó entonces de que Santander era granadino y Anzoátegui era venezolano! No. Solo se veía que ambos eran beneméritos libertadores; dos mimados de la victoria; que eran hermanos, que eran hijos de una misma patria”.[ii]

Ese mismo día Bolívar sigue para Venezuela. Anzoátegui es destacado a primera línea de combate en el ejército revolucionario del norte. Bolívar informa a Santander sobre las determinaciones tomadas en relación con este General:

1.      La División queda a las órdenes del General Anzoátegui, compuesta por los batallones: Rifles, Granaderos y Vencedores en Boyacá, de la Guardia y los siguientes: Dragones, Guías, Llano – Arriba y Húsares ingleses, recibirán mensualmente la media paga que se ha mandado a dar para todo el ejército.

2.    Se le entregará dos vestidos.

3.    Aumentar los cuerpos, los granaderos hasta mil hombres, los Rifles a 800, Vencedor de Boyacá a 800 y se armarán los granaderos  con los fusiles de Tunja y los Rifles y Vencedores con los que ha dejado en Pamplona el general Soublette.

4.    Los granaderos quedarán en Cundinamarca hasta segunda orden, los Rifles marcharán para El Socorro, colocándose allí al modo más conveniente a su aumento, manutención y disciplina. El comandante general de El Socorro dará 400 reclutas. El batallón Vencedores de Boyacá armará los reclutas que le falten para completar sus 800 plazas de Pamplona y Mérida. De Tunja se enviarán fornituras para los reclutas de El Socorro y Pamplona.

5.     El General Anzoátegui cuando lo juzgue necesario deberá marchar para El Socorro y Pamplona a inspeccionar y dirigir las operaciones de estos cuerpos.

6.    Los cuatro escuadrones mencionados deberán equiparse de un todo, y se deberán recoger los caballos necesarios para montarlos en el momento que la necesidad lo exija.

A pesar de la mezquindad de Santander consideraba que para uniformar la tropa bajo el mando del General Anzoátegui, se necesitaba $25 mil pesos. El 6 de octubre de 1819, afirmaba: “Por parte del gobierno será auxiliado el señor general Anzoátegui para que cumpla las órdenes que V.E. ha comunicado por Orden del Estado Mayor General”.[iii]

La enemistad de Santander con Anzoátegui era evidente. Santander le solicitaba a Bolívar: “Suplico a V.E. que detalle bien claro el mando de Anzoátegui, pues yo aunque como particular cedo en todo, como persona pública no lo hago. Igualmente que se me siga diciendo lo que V.E. ordena en las provincias, para no incurrir yo en alguna contradicción voluntaria”.[iv]

[i] LOZANO Y LOZANO, Fabio. Anzoátegui (Visiones de la guerra de independencia) Biblioteca de Historia Nacional. Volumen C. Bogotá, Colombia. 1963. Página consultada  427.
[ii] Ibíd. Página consultada 430.
[iii] Ibíd. Página consultada 432.
[iv] Ibíd. Página consultada 432.