Valle del Cauca
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En la noche del 6 de abril, Donald Trump agredió a la República Árabe Siria, con cuyo Gobierno laico y liberal no han podido ni el imperio gringo, ni los países de la Otan aliados de éste, ni el tenebroso gobierno de Turquía, ni el sionismo asesino de Israel, ni las monarquías reaccionarias y plutocrática del Golfo Pérsico, todos cómplices, de una forma o de otra, de los terroristas denominados ‘Estado Islámico’ (Isis), que los sirios combaten con pundonor.



Los medios de las élites amanecieron aplaudiendo todos, sin investigar, arrastrándose tras la mentira oficial: que el Gobierno de Bashar Al Asad había usado armas químicas contra su pueblo y por eso “merecía” el ataque de misiles hecho desde una base estadounidense en el Mediterráneo.

Nadie investigó en la Naciones Unidas. Nadie recibió declaraciones de los implicados. Nadie obró en derecho. El patán Trump, para congraciarse, además, con los archigodos republicanos, juzgó sin pruebas, condenó y disparó 59 misiles contra un aeródromo militar sirio en la provincia de Homs.

Resultado: nueve personas muertas y mucha destrucción, además de la amenaza latente del ataque nuevo que vendrá.
El déspota gringo simplemente usó argumentos similares a los que empleó George Bush en 2003 para justificar su invasión a Irak.

Siempre la ardid, el montaje, la falacia como escudos para el bombardeo y la invasión.

Rusia e Irán rechazaron el ataque y Bolivia, miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, también.

Pero Juan Manuel Santos, el flamante Nobel de Paz colombiano, lo apoyó. ¡Qué horror!

Por fuera del derecho internacional, Trump asumió el rol que han jugado los demás presidentes de Estados Unidos a lo largo de la historia: disparar y luego preguntar para mantener su poderío, para sostener su arrogancia, para acercar el petróleo, para mantener la industria bélica, para satisfacción de sus aliados, empezando por el mimado israelí.

Eso es el imperio.

Siempre ha sido así: falaz, arbitrario y criminal.

Y Trump no será la excepción.

El problema para él es que Bashar Al Asad no está solo: tiene gran parte del pueblo sirio de su lado.

Y el respaldo ruso y el de miles de personas que en el mundo no le creen al imperio y no se arrastran, como los medios colombianos, tras las huellas de sangre dejadas por los gringos.

 

Gráfica pie de foto.- Misiles tomahawk guiados en ruta a su objetivo en Siria. De acuerdo con Rex Tillerson, secretario de Estado de EE.UU., el ataque de este jueves fue "proporcional". AFP

Cali, viernes 7 de abril de 2017.