Valle del Cauca
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El Canciller Holmes Trujillo es la estrella de Duque. Su mérito: organizar el derrocamiento del régimen venezolano. Este papel lo juega dentro de la estrategia guerrerista del actual gobierno, que viene cumpliendo al pie de la letra su promesa de volver trizas los acuerdos de Paz.



No vacila el Canciller en provocar a Maduro y su Gobierno y atizar el fuego de la división interna de ese País que peligrosamente se acerca a una confrontación interna armada y a una intervención militar foránea. Lo que arrastrará sin duda a Colombia a una guerra con Venezuela.

Holmes Trujillo no tiene ningún derecho a comprometer a nuestro pueblo en tal confrontación. Es un irresponsable y un extremista al actuar internacionalmente en nombre de Colombia provocando tal situación. Su conducta oficial, viola el mandato supremo que ordena todo lo contrario de lo que viene haciendo el Canciller: “la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento” artículo 22 de la Constitución Política, que además en sus artículos 226 y 227, ordena que el Estado debe promover la internalización de las relaciones políticas económicas sociales y ecológicas sobre bases de equidad y reciprocidad, especialmente con América Latina y el Caribe.

El Canciller viene haciendo todo lo contrario, propiciando la división en Latinoamérica, so pretexto de crear la democracia en Venezuela: ¿Quién dijo que el Canciller era el portaestandarte de la democracia y que podía arrogarse el derecho a señalar que País es o no democrático? La llamada ayuda humanitaria es un caballo de Troya para la intervención en Venezuela. Detrás de esa operación internacional viene la agresión directa y el estímulo para agudizar la lucha interna y la caída del régimen de Maduro, lo que a no dudarlo, derivará en una gran confrontación que arrastrará a Colombia. Remember Siria, Libia, Serbia…

Es vergonzoso que la agenda principal de Colombia no sea frenar el hecho de que sea el principal exportador de cocaína en el mundo y en cambio su preocupación central sea la alianza para derrocar el gobierno de Venezuela al que el canciller Holmes Trujillo califica cínicamente de narcodemocracia.

Un País como Colombia en el que se asesinan a diario líderes sociales que trabajan por la paz sin que el Estado logre una política efectiva de protección y de salvaguarda de los derechos humanos, con empoderamientos mafiosos que definen gobiernos locales y regionales y penetran hasta los tuétanos la institucionalidad, pretende dar lecciones a nivel mundial de democracia y so pretexto de ayuda humanitaria, se alía con la derecha internacional para derrocar el gobierno venezolano, arrastrándonos peligrosamente a una confrontación guerrerista con ese País.
¿Seguirá la sociedad colombiana asistiendo pasiva y expectante a la aventura extremista de Duque y su Canciller?  O será capaz a través de una gran movilización nacional de frenar ese extremismo guerrerista del Presidente y su “Ministro estrella”? ¿Por qué el Parlamento Colombiano no promueve un debate sobre la aventura internacional del actual gobierno y su Canciller que nos está llevando a una guerra que ningún demócrata colombiano quiere ni desea?

Gráfica.- Carlos Holmes Trujillo. Foto: Archivo El Espectador

Santiago de Cali, Febrero 14 de 2019