Valle del Cauca
Typography

En momentos en que gigantescos sectores de la población vallecaucana se debaten en medio del más terrible y agobiante desempleo; mientras el poco empleo que aparece es basura y surge una clase cada vez mayor, ya no la del proletariado, sino la del precariado; en momentos en que la miseria se expande como plaga y gruesos ámbitos poblacionales sucumben ante la desesperanza y el hambre; mientras el régimen de terror contra líderes sociales siega vidas y la persecución y el asesinato están cubiertos por la nube de la impunidad del Estado represor; en momentos en que los partidos, fracciones y facciones de las clases dominantes corruptas y responsables fundamentales de todo eso se coaligan y compinchan; mientras todo esto ocurre, nuestra izquierda, en vez de unirse para luchar contra esos males palpables y lacerantes, por cambios de fondo a esta realidad que mata y despedaza, insiste en la garrotera, la desunión y la antropofagia.



Persisten las mezquindades, las nimiedades, los egoísmos, las megalomanías, los caudillismos, los vanguardismos, los intereses personales, los apetitos encubiertos, los sectarismos de todos los pelambres y con todos los remoquetes.

Y se sacan explicaciones de debajo de la manga de la camisa y de los bolsillos del pantalón para eludir las responsabilidades, acomodárselas a otros y justificar decisiones contrarias a los trabajadores, a la clase obrera, a los sectores populares y a tantos vallecaucanos que después de las gestas políticas de 2018, con los impresionantes y esperanzadores resultados de la campaña presidencial de la Colombia Humana y de la Consulta Anticorrupción, creían que, ¡por fin!, se abrían caminos de unidad.

¡Qué equivocados estaban! ¿Quién dijo miedo? Tan pronto se abrió el partidor comenzaron los codazos, las artimañas, las triquiñuelas, las decisiones ya tomadas y luego impuestas, los centralismos, la lucha de avales…

Pero lo más grave es la justificación de todo eso en consideraciones según las cuales esto viene de mucho tiempo atrás, son procesos históricos, algún día nos encontraremos, nos falta madurar, hay que entender, la división no se acaba de la noche a la mañana, tal vez la próxima vez si… etc., etc., etc.

Siempre el discurso que oculta la falta de decisiones grandes, políticas, con altura, consecuentes con lo que se dice y no se practica y, sobre todo, con las necesidades del momento y de las mayorías, que no resisten más aplazamientos.

En esas anda nuestra izquierda del Valle del Cauca (y de otras regiones del país), aplazando las decisiones de unidad que el desempleo, la miseria, el hambre, la corrupción y el crimen urgen, porque sin fuerzas políticas alternativas unidas no se podrán atacar esos males terribles, ni aquí ni en ninguna parte.

El momento clama: no más explicaciones sacadas del cubilete de las pequeñeces, no más justificaciones en la historia, porque la historia está enseñando lo contrario, está indicando que es hora de actuar con altruismo, con grandeza y anteponiendo los intereses del pueblo a los de los feudos y los grupos. ¿Hasta cuándo, señores?

Jamundí, miércoles 31 de julio de 2019.