“Cuando murió el guerrero sólo quedaron de sus hazañas las cenizas y el viento. ¿Qué recriminar a Dios que él no sepa? Que no hizo el esfuerzo suficiente para que se cayeran los tiranos de sus pedestales”, escribió el poeta Armando Orozco Tovar. De él, un guerrero diferente, quedaron sus letras, pinceladas y mensajes de lucha revolucionaria.

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