Comunistas en el exterior
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Los mandos guerrilleros de las FARC se han visto obligados a reconocer que violaron flagrantemente el cese al fuego bilateral e indefinido, los protocolos de movilización a las zonas campamentarias y la confianza depositados en ellos por el mismísimo santo padre. Después de cincuenta y dos años de confrontación armada, cuatro procesos de paz, casi cinco años de negociaciones en La Habana, un plebiscito embolatado, dos actos de firma final del acuerdo, un premio Nobel amarradizo y cuando pocas horas antes había sido aprobada la ley de amnistía, un destacamento guerrillero fue sorprendido, para asombro de toda la comunidad internacional, bailando. Si, bailando. ¿Es posible imaginarse tamaño despropósito?



Los gravísimos hechos ocurrieron en la noche del 31 de diciembre. Clara nocturnidad y alevosía. Pero el centro del escándalo fue que en el bailecito fueron pillados cuatro funcionarios de la ONU pertenecientes a la misión de verificación y monitorio del cese al fuego quienes quisieron verificar como marcaba el paso la guerrilla en proceso de desmovilización.

El escándalo explotó la misma nochevieja. Los dirigentes del uribista Centro Democrático abandonaron apresurados sus fiestas familiares para expresarle al mundo su patriótica indignación y medios de comunicación normalmente muy objetivos y amigos de la paz como RCN y Caracol suspendieron sus emisiones normales para cubrir el escándalo. Álvaro Uribe no dejaba de santiguarse y de rezar de lo espantado que estaba, Juan Manuel Santos dejó en el aire una partida de póquer, los medios callaron la información sobre nuevos hechos de corrupción que envolvían a los hijos de Uribe y la violación y asesinato de una humilde niña de siete años a manos de una aristocrática familia y María Emma Mejía embajadora de Colombia ante la ONU suspendió su largo y muy bien remunerado silencio para protestar oficialmente ante el ente internacional, y entonces en ese momento en que nuestra embajadora rompió su silencio, fue que los altos dignatarios de la ONU entendieron que el asunto era muy grave tanto para que hiciera hablar a una diplomática que ha guardado hermético silencio mientras todos los días se venían asesinando a líderes sociales promotores de la paz. Entonces la ONU ordenó la suspensión de sus funcionarios.

Afortunadamente el acuerdo de paz no nos va a quitar la colombianidad. Seguiremos siendo ese extraño país consagrado constitucionalmente al sagrado corazón de Jesús y no abandonaremos nuestra macondianidad donde después de ocho millones de víctimas sobrevenidas por las violencias armemos el tierrero más grande por una bailadita. Lo peligroso es que los enemigos de la paz en Colombia si se toman en serio estas cosas y que curiosamente mientras ellos protestaban porque unos funcionarios de la ONU bailaban con unas guerrilleras de las FARC, en Damasco un terrorista fundamentalista asesinaban en una discoteca a casi medio centenar de personas.

Félix de Bedout, uno de los filósofos del twitter decía que “Sí lo más grave que está pasando en las zonas de ubicación de las FARC es un baile de fin de año, es que las cosas van bien en el proceso” y desde la inigualable Cartagena ha llegado la convocatoria a una “bailatón por la paz”. Ya podemos imaginarnos a Gabriel Celaya decir que el baile es un arma cargada de futuro. Y ya podemos reafirmar que este proceso no va a ser nada fácil. Ya se sabe, bailarín que se duerma se lo lleva la corriente.