Comunistas en el exterior
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Colombia era la democracia perfecta. “la suiza latinoamericana”, la llamaban. Pura fachada. Era una democracia ensangrentada.



La muerte y el horror lograban ser camuflados por la bella y exuberante naturaleza. En las tertulias juveniles se empezó a reemplazar el “puedo escribir los versos más tristes esta noche”, por poemas con olor a trincheras y barricadas, como el “compañera, usted sabe que puede contar conmigo” o “mi táctica es quererte como sos”. Benedetti desplazaba al Neruda juvenil, hasta que nuevamente nos topamos con él, estremeciéndonos en los desgarros de “España en el corazón”.

En 1977 se prendieron las alarmas. El 14 de septiembre se realizó un Paro Cívico Nacional que paralizó al país y mostró una gran capacidad de convocatoria y de movilización de las centrales obreras, los partidos y movimientos de la izquierda. Reflejó un gran descontento popular y capacidad para la realización de acciones insurreccionales no armadas en los barrios. Aquel día nos echamos a las calles con rabias y sin miedos contra las políticas económicas y sociales de hambre de la oligarquía. Un paro contra el “mandato caro”, como decían las pintadas en las paredes en alusión a lo del “mandato claro”, eslogan de la campaña electoral del presidente, Alfonso López Michelsen, el mismo que diecisiete años atrás llamaba a la rebelión contra el sistema, desde las disidentes toldas liberales. “pasajeros de la revolución, subir a bordo”, convocaba. Ese paro cívico fue una gran escuela de unidad de acción y de lucha en el movimiento sindical y popular. Las fabricas fueron cerradas y las oficinas públicas desocupadas. No se abrió ni una sola escuela, ningún colegio, ni universidad. La gente de los barrios populares bajó a las avenidas y montó infranqueables barricadas. Las calles, parques y plazas principales estaban tomadas por piquetes de obreros, estudiantes, amas de casa y vendedores ambulantes. Campesinos e indígenas cerraron los caminos y se tomaron las plazas de los pueblos. El gobierno sacó el Ejército a las calles con sus tanques y ametralladoras. Nadie se inmutó. Y se dio la confrontación. Un Ejército armado hasta los dientes contra muchedumbres armadas de palos y de piedras. La represión policial y militar a las movilizaciones de aquel día produjo más de veinte muertos, centenares de heridos y miles de presos.

Un año después del paro cívico vino el robo de armas al Cantón norte por parte del M 19. Este hecho agravó mucho más las políticas de represión en campos y ciudades. Los estrategas yanquis visualizaron muchas más convulsiones y alzamientos. Parecía que efectivamente la revolución estaba cerca en la vida real y no solo en nuestras mentes calenturientas. Un movimiento político de izquierda, la Unión Nacional De Oposición, fue exterminado y condenado al olvido hasta por sus propios sobrevivientes.

Fue el preludio del dolor y la tragedia sin límites que vendrían en los siguientes años.
(Notas que hacen parte del libro “Paz en Colombia, crónicas de ilusiones, desencantos y viceversas”. Autor: Jaime Cedano Roldán)