Comunistas en el exterior
Tipografía

El mundo consternado por el terremoto de México y los huracanes que azotan al Caribe dejando regueros de muertos y de inmensos dolores y tristezas.



Aunque quizás no sorprendida completamente, la comunidad internacional escuchó en la Asamblea de las Naciones Unidas el discurso torpe de un demente llevado a ser presidente de una gran potencia mundial que habló de la supremacía de su nación y amenazó con destruir países. Rambo presidente. También por estos días, Barcelona, como símbolo catalán, fue atrayendo mucho más las miradas del mundo.

Lo que era una difusa lucha por la independencia se fue convirtiendo en una gran batalla por las libertades y la democracia, en una España descosida que necesita, no un remiendo constitucional, sino un proceso constituyente que rompa la heredad de la institucionalidad surgida del consenso del 78 y que fue la misma que el dictador dejara atada y bien atada. Y también resaltaban los noticieros los ensayos misilìsticos de Corea del norte. Perdidas en las penumbras o el olvido, quedaron las noticias sobre el drama de los refugiados que nunca acaba, o de la oposición venezolana, misteriosamente desactivada. Y en España intentan pasar de agache los temas de la corrupción bestial que corroe el alma del Partido Popular.

Pero en Colombia la noticia en las redes es una gorra o cachucha. Esta es la historia en forma resumida:

Una joven señora aborda un vuelo comercial para viajar a alguna ciudad. No importa cual. Buscando su asiento, la joven señora, muy bien vestida ella, se fija en un pasajero que se encuentra no solamente ya muy bien sentado en su sitio correspondiente, sino que está un poco adormilado.

El pasajero medio adormilado cubre su cabeza, o quizás su calva, con una gorra o cachucha, que también oculta un poco sus ojos y su cara. Pero resulta que la gorra es de color verde oliva y tiene un estrella roja. Parecida a las que usaba Mao Tse Tung. Cuando la joven señora se fijó en la gorra y la estrella roja del pasajero adormilado, pegó un grito de espanto, se persignó y corrió desesperada a la cabina de mando, presa de angustia y de terror, para decirle al capitán de la nave que ella no viajaría en el mismo avión donde viajaba un calvo vergonzante, que además era un temible y peligroso guerrillero de las FARC. La joven y asustada y muy bien vestida señora escribió un tuit denunciando lo que pasaba. Inmediatamente los estrategas publicitarios del uribismo lanzaron un hashhtag para vender la idea de no compartir nada con los exguerrilleros.

Ni aviones, ni restaurantes. Nada. Resulta que la joven señora era la esposa de un prominente parlamentario uribista. Un político, que como buen uribista, pertenece a un clan familiar enredado en líos judiciales por corrupción y otros delitos. Y resulta que el pasajero de la calva y de la gorra no era ningún temible ex combatiente de las FARC, sino un aburrido pensionado que acompañaba a su mujer a una cita médica. A una carísima clínica privada, pues el uribismo acabó con la sanidad pública. El hijo del hombre de la gorra vio el tuit de la joven señora y el hashtag uribista y lógicamente se indignó, se asustó y también denuncio en las redes el asunto. El tema se hizo viral. La joven señora cerró su cuenta muy avergonzada y su señor marido, el parlamentario, pidió excusas en su nombre.

La historia de esta gorra y la joven señora asustada ha servido para mostrar, por millonésima vez, que el uribismo le tiene la cabeza vuelta mierda a sus seguidores. Llena de miedos, espantos y temores. La gorra verde con la estrella roja de cinco puntas se ha convertido en símbolo del rechazo al bestiario uribista y de apoyo a la paz. Repelente anti-uribista, le llaman. Miles de personas suben a las redes sus fotos con ellas puestas. Un buen negocio para vendedores ambulantes y rebuscadores del esquivo y vil metal. Lo bueno de toda esta historia es que cuando el uribismo quiera hacer trizas los acuerdos de paz, habrá un país burlón, soñador y mamagallista que los sacará corriendo a gorrazo limpio.