Comunistas en el exterior
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La extrema derecha colombiana enemiga de la paz, representada en el uribismo y agazapada también al interior del gobierno y en parlamentarios que dicen apoyar el proceso, quieren hacer trizas el acuerdo de paz.




“Hacer trizas ese maldito papel” dijo uno de los precandidatos uribistas en la convención realizada recientemente en el recinto de una iglesia cristiana, de las mismas que fueron encendidas tribunas en contra Del plebiscito del 2 de octubre. Pareciera una insensatez lanzarse a muerte y en forma iracunda contra un acuerdo que cuenta con el apoyo de toda la comunidad internacional y que viene demostrando sus bondades con la significativa reducción de las estadísticas de hechos violentos sucedidos como producto de la confrontación. Cualquiera pensaría que no tiene ninguna lógica una arremetida de tal calibre contra la paz en los mismos días en que el propio Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estaba recorriendo el país y afirmando que veían que el proceso era irreversible.

Pero está claro que las extremas derechas guerreristas tienen sus propias lógicas y caminan a contracorriente de la humanidad y por eso está el mundo como está y a punto de desaparecer en medio de una confrontación nuclear”. Y en ese mundo delirante es que vive el uribismo. El de los guerreros de la libertad” que fusilan niños en Palestina, detonan bombas en hospitales de Mosul o crean el caos en las calles de Caracas. Sienten el guiño cómplice de Trump y de Le Pen y definitivamente su credo ideológico, su programa y su norte es el de ellos o el caos, ellos o el fin de todo. Ellos o nada. Y ellas, que en la vociferancia, destacan con sus aullidos e imprecaciones.

Pero, tiene el uribismo, si llega a la presidencia en las elecciones del 2018, la capacidad para hacer trizas el acuerdo de paz?

Algunos analistas dicen que no les será muy fácil. Que el acuerdo tiene blindajes constitucionales, que el apoyo internacional no es fácilmente desmontable, que la gente en las regiones está conociendo lo que es vivir en cierta paz y tranquilidad. Son razones de mucho peso y no estamos exactamente en el mismo escenario del plebiscito. Las FARC vienen cumpliendo muy seriamente lo acordado en contra de las advertencias del uribismo que decían que no iban a cumplir con nada. La desconfianza de la gente viene cediendo, a los guerrilleros se les ve con normalidad en múltiples debates, conferencias, encuentros y en la reciente Feria del Libro de Bogotá, una de las grandes de América Latina, fueron protagonistas diarios en la presentación de libros y hasta en conciertos musicales. Pese a todo esto quieren los uribistas reeditar la confrontación de los tiempos del plebiscito. La estrategia será la misma.

Los rumores, las calumnias y el miedo. Como Trump o como Le Pen, buscan atrincherarse en los sectores más excluidos y marginales de la sociedad que ya no creen en nada y no se acuerdan o percatan que sus supuestos salvadores hacen parte de los excluidores. . Ya lo hicieron y les dio resultado, eso de recurrir al descontento, la rabia y la ignorancia.  Saben que en los cinturones de miseria y en la desesperanza está el caldo de cultivo del fascismo.

La irreversibilidad del proceso de paz está en buena medida en manos de Juan Manuel Santos. Tendrá que entender que sus políticas neoliberales salvajes, la violencia policial contra las protestas sociales, la inacción frente al paramilitarismo, la lentitud en la implementación de los acuerdos y que no echen a andar las reformas sociales acordadas trabajan a favor de los enemigos de la paz. Ya no son tiempos de discursos y de promesas.

Es tiempo de empezar a ver realidades. Las realidades de la paz con justicia social. La izquierda y los movimientos sociales tendrán igualmente una gran responsabilidad. Se impone la idea de la más amplia unidad, el frente más ambicioso posible y las alianzas más audaces para defender una paz que no depende del solo silenciamiento de los fusiles y la ausencia de la guerra, sino que ante todo y sobre todo depende de la justicia social, la democracia  real,  el protagonismo de los movimientos sociales y la apuesta por la integración con los sectores más avanzados de América latina, incluyendo que desde el gobierno de Santos no se eche gasolina al incendio venezolano y ayudar a encontrar la paz y la convivencia al país que tanto ha hecho por la paz de Colombia.