Conflicto armado
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El día 31 de julio de 2018 se llevó a cabo en el Centro Cultural Gabriel García Márquez el evento “Defensoras y Defensores de Derechos Humanos en Procesos de Construcción de Paz” que tuvo como invitado especial a Michel Forst, relator de la ONU sobre la situación de los y las defensoras de DDHH en Colombia.



La situación del asesinato de líderes y lideresas sociales supera más de 300 casos desde la firma de los Acuerdos de Paz de la Habana en 2016.

Como bien lo señaló uno de los expositores, si calculamos por 10 seres, entre familiares y conocidos la comunidad afectada, serán más de 3.000 colombianos quienes desde la fecha del asesinato están padeciendo el sufrimiento que causa la muerte de alguien querido.

Si el conflicto armado interno colombiano lleva más de 60 años en curso, la multiplicación llegará hasta saber que los 50 millones de habitantes colombianos son parte de una comunidad en luto.

Nuestro país ha padecido el exterminio sistemático y planificado de los hombres y mujeres que han decidido salir del individualismo y hacerse voces de las luchas sociales y políticas de nuestros territorios.

¿Quiénes son los asesinos? Serán los sicarios que hoy les pagan por matar y mañana los matarán por robar.

El Pueblo colombiano en su mayoría sufre un perpetuo olvido e indiferencia ante la miseria de sus condiciones de vida.

Son las causas estructurales del conflicto armado las que están tras los gatillos. La desigualdad social y económica de nuestras regiones, el mapa de discriminación racial, étnica y de género, produce una serie de diferencias en la distribución de las asignaciones presupuestales de las que tiene que hacerse cargo el Estado central.

Los asesinos de cuello blanco, que se hagan cargo de los errores. El libro blanco que se prometió escribir en el panel referido, tendrá que decirnos ¿cuánto cobran los funcionarios del Estado colombiano, los funcionarios internacionales de los organismos de derechos humanos y los contratistas de las ONG´s que se dedican al seguimiento de las estadísticas de muertes en Colombia? Siendo factible dividir esos recursos en dárselos a los jóvenes que no tienen trabajo en los mismos territorios.

En los acuerdos de paz se les olvido lo fundamental las condiciones de vida reales de nuestros pueblos, la causa real de la concentración de la riqueza en minorías y en las mayorías unas condiciones de miseria y pobreza.

Fueron cuatro años en que los señores de las cúpulas debatieron la entrega de las armas de la guerrilla y las condiciones de juzgamiento de las FFMM. De fondo el campesinado, el indígena, el estudiante, el trabajador, la totalidad del Pueblo no se hizo presente sino como víctima de los crímenes perpetrados. La invitación presente en los diálogos faltantes estará en hacerlos participes de las decisiones en materia de transformación de las realidades y de sus condiciones materiales de vida.

Sin discutir el modelo económico ni el modelo del Estado colombiano, no era difícil predecir que uno de los países donde más sindicalistas son asesinados al año en el mundo, reprodujera esta matanza de líderes.

¿Cuáles son las deudas que están saldando los señores de la guerra?

Las de hijos asesinos, huérfanos de padres asesinados. La reproducción de estos ciclos de crisis y exterminios nos sobrepasan en entendimiento normal, es decir, los lazos y entrecruzamientos de las responsabilidades, por ejemplo, mataron a un integrante de su familia y se dio el derecho de dejar en 8 años de presidencia cifras de 38 mil desapariciones forzadas entre 2007 y 2009 según datos de Medicina Legal, de los 82.998 desaparecidos registrados en Colombia desde 1958 a 2017, según el Centro Nacional de Memoria Histórica, sin embargo, es llamado a indagatoria por el malentendido de unos testigos.

Estamos en un país donde el conflicto armado interno se internacionalizó, entendiendo que los intereses económicos puestos en los recursos naturales, minero-energéticos y del producto interno bruto real no legal de los cultivos de drogas no lícitas, es el real Levmotiv que está tras la escena del sepulcro.

Nos duelen los muertos en nuestros pueblos, nos duelen los y las jóvenes que se han tenido que ir de Colombia y han encontrado la muerte en distintas latitudes del mundo.

Hay en todo esto unos funcionarios a quienes les pagan sueldos del Estado por investigar qué está sucediendo, ¿cómo es posible que no funcionen las interceptaciones telefónicas para saber quiénes son los asesinos?, ¿cómo entender que no exista conocimiento de las transacciones fiscales que están dejando los recursos económicos para solventar el armamentismo ilegal en este país?

Sinceramos por completo y destapamos la carta blanca de los que están comiendo gracias al negocio de esta guerra, o seguimos en el silencio, el cual sin más no ha dado paliativos de posibilidad de seguir viviendo en medio de tantos tiros cruzados.

Caminar en las calles de Colombia implica saber que co-existen frentes guerrilleros armados y desarmados, carteles nacionales e internacionales de tráfico de drogas, armas y personas, saber que los militares son asesinos a sueldo del Estado como se ha comprobado en las declaraciones de los falsos positivos, y de las relaciones que siguen manteniendo con el fenómeno de nunca acabar, el paramilitarismo de las cuevas de cristal.

Entonces, ¿los asesinos están entre nosotros, en el transporte público, en las calles donde andamos, en los bares que visitamos, en las reuniones a las que asistimos, o son extraterrestres que nadie ve ni conoce?

¿Cómo hacer para detener esta masacre en las regiones? ¿Qué quieren? Son preguntas que urge hacer a las cabecillas que están entrenando sin cesar a jóvenes sin conocimientos en el uso ilegal de armas.

¿Son las multinacionales responsables de estar provocando las rivalidades internas entre los simios para devorarse nuestras selvas?

¿Son responsables los orangutanes de dejarse comer e irse en contra de su propia manada?

Las leyes de la selva de cemento de las capitales del mundo, levitan a otro nivel, el zaffari de la lentitud de la justicia ciega y con una balanza desnivelada, repercute en que cada vez, se lleve a un arrinconamiento más macabro de quiénes hemos soportado las persecuciones, las lesiones personales, el hostigamiento físico y verbal, por estar investigando los problemas de fondo que ocurren en este país.

El circo de los generales y las chicas del can en los yates del caribe puede seguirse reproduciendo durante décadas, ¿saben o no saben quiénes son los asesinos?

Gráfica.- Relator Especial de la Situación de las Personas Defensoras de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michel Forst .-Foto: Diana Cabrer

(*) Magister en Estudios Políticos-UNR
Doctoranda en Ciencias Sociales-UBA-IEALC
Estancia de Investigación - Doctorado en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales-UNAL