Conflicto armado
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“Los Emiratos Árabes Unidos han despachado de forma secreta a cientos de mercenarios colombianos a Yemen para combatir en el violento conflicto de ese país […] Oficiales de Emiratos han dicho que se deben reclutar combatientes colombianos por encima de otros en América Latina porque consideran a los colombianos más preparados en batallas contra guerrillas, llevan décadas combatiendo a las FARC en las selvas de Colombia”. Emily Hager y Mark Mazzetti, “Emirates Secretly Sends Colombian Mercenaries to Yemen Fight”, The New York Times, 25 de noviembre de 2015.



“Andrés se retiró hace un año de la Armada, cansado de sufrir en el monte y de recibir malos pagos. `Le dije a un general que había perdido la fe en la causa. Mi retiro demoró tres meses desde que solicité la baja’. […] Este militar, de 30 años, hizo parte de las Fuerzas Especiales, de Contraguerrilla y del Gaula Militar Urbano. Aprendió, con cursos de la Armada Nacional a ser un hombre de guerra, todo lo que necesitó para cumplir su sueño: ser un ‘mercenario’ en Dubái. Luchar en un conflicto ajeno solo por un beneficio económico y personal convierte a un combatiente en un mercenario, no comparte ideología, nacionalidad ni preferencias políticas”. Santiago “De militar colombiano a mercenario en Dubái”, El Colombiano, diciembre 4 de 2015.

El brutal asesinato del periodista Yamal Khashoggi, al servicio de la CIA de los EEUU, corresponsal del periódico The Washington Post, y hasta no hace mucho tiempo perteneciente al establecimiento en Arabia Saudita ha generado un revuelo geopolítico mundial en el que intervienen EEUU, Turquía, Israel, la Unión Europea y por supuesto Arabia Saudita.

A raíz de este hecho, algunos opinologos se rasgan las vestiduras y de repente descubren el carácter criminal de la cleptocracia (*) de Arabia Saudita, cuando nunca han dicho nada sobre los múltiples crímenes en que está involucrada, tanto dentro de sus fronteras como fuera de ellas.

Ciertos analistas descubren que el agua moja porque el personaje asesinado pertenecía a la elite saudí, pero ellos ni siquiera mencionaron la masacre de niños yemeníes en un bus escolar en abril de este año por parte de Arabia Saudita. Frente a ese abominable crimen se hicieron los de la vista gorda.

Y esto es solo parte de un baño de sangre de los habitantes de Yemen, 50 mil de los cuales han sido asesinados por las armas que emplean los sauditas, sus aliados y sus mercenarios, entre ellos miles de colombianos.

Los EEUU, Europa occidental y sus voceros también han derramado lágrimas de cocodrilo y en hipócritas notas diplomáticas han condenado el crimen, pero por debajo de la mesa reafirman su apoyo al reaccionario reino petrolero saudí.

El asesinato del periodista ha desnudado, por un instante, los nexos de las grandes potencias con la dictadura saudita, a través del petróleo y las armas.

Petróleo, del cual Arabia Saudita es primer productor mundial y es un recurso imprescindible para el funcionamiento del capitalismo occidental, empezando por EEUU, que mantiene un pacto incuestionable con la monarquía árabe desde finales de la Segunda Guerra Mundial, para garantizar que siga fluyendo el codiciado oro negro, sin importar que este untado de sangre.

Armas, porque es una de las monedas con la cual los países capitalistas pagan el petróleo, y con ellas se mantiene incólume a la monarquía del Reino de Arabia Saudita, la que impunemente puede matar, torturar y mantener a sus pobladores bajo un régimen medieval.

Entre los abastecedores de armas se encuentran EEUU, España, Francia, Alemania, Gran Bretaña, entre otros, todos los cuales son directos responsables de los miles de muertos en Yemen y del mantenimiento de una casta criminal en Arabia Saudita.

BRUTALES ASESINATOS CON MOTOSIERRA…

En el complejo entramado geopolítico mundial en que discurre el asesinato de Yamal Khashoggi no se ha mencionado un detalle que cobra una inusitada importancia: la forma cómo se mató a dicho periodista tiene una terrible conexión con la tragedia colombiana.

Para entenderla es ilustrativo describir el crimen de Estambul, tal y como lo señala un órgano informativo muy tradicional de España:

“Khashoggi desapareció el dos de octubre tras acudir al consulado de Arabia Saudí en Estambul para tramitar los papeles de su próximo matrimonio. Un 'escuadrón de la muerte' de 15 funcionarios saudíes, entre ellos Salah Tabiqi, presidente de la Compañía Saudí de Patología Forense, llegaron al consulado en Estambul, desde Riad, cuando Khashoggi lo hizo. […]

“El asesinato de Khashoggi duró siete minutos. Entró en el despacho del cónsul general y, sin apenas mediar palabra con él, los presentes lo aprehendieron, lo colocaron sobre la mesa de un despacho contiguo y lo drogaron. Yamal Khashoggi todavía estaba vivo en el momento en que Salah Tabiqi empezó a descuartizarlo […]

“Para hacer el horror más llevadero, Tabiqi recomendó al resto de presentes escuchar música. Él siguió desmembrando al articulista, en una tarea que duró siete minutos. El cónsul general estuvo en aquellas dependencias. […]

“El periódico New York Times, días antes, había citado a un investigador turco detallando el uso de una sierra para acabar con el saudí […]”.

Por su parte, el periódico progubernamental turco 'Yeni Safak' […] ha publicado 3 otros detalles: que a Khashoggi se le torturó cortándole las falanges de las manos y que, finalmente, fue decapitado (1).

Pudiera pensarse a primera vista que este tipo de asesinato [propio del capitalismo gore (sangriento)] que se realizó dentro de una sede diplomática de Arabia Saudita ha sido aislado y repentino.

Lamentablemente, no es así porque esa técnica de asesinato se viene realizando en Colombia desde hace unos treinta años, por los mal llamados paramilitares en distintos lugares del territorio colombiano.

Al respecto, citemos lo acontecido en El Salado (Departamento de Bolívar), durante el funesto febrero de 2000: La acción criminal consistió en torturas, degollamientos y decapitaciones de […] campesinos indefensos, entre ellos una niña de seis años y una mujer de 65; en […] en junio de 2008 la Fiscalía determinó que fueron más de 100, asegurando que podía haber sido la matanza más grande de los paramilitares en toda su historia.

La matanza fue perpetrada por al menos 300 hombres pertenecientes al grupo paramilitar que además destrozaron las casas y el comercio de la población. […] 14 de los cadáveres fueron hallados en cuatro fosas comunes en un lote del municipio de El Salado después de ser torturados y degollados en la iglesia del pueblo, otros fueron masacrados en una mesa ubicada en la cancha de baloncesto del lugar.

Según testigos los paramilitares desmembraban y torturaban a los pobladores con motosierras, destornilladores, piedras y maderos mientras bebían licor saqueado de las tiendas, violaban mujeres, jugaban fútbol con las cabezas de los decapitados, ahorcaban jóvenes y apaleaban ancianos mientras escuchaban música vallenata a alto volumen (2).

Llaman la atención algunas coincidencias entre lo acontecido con el periodista Yamal Khashoggi dentro del consulado Saudí en Estambul el 2 de octubre de 2018 y lo sucedido en un abandonado pueblo de Colombia, El Salado, en febrero de 2000 (que solo es un caso entre miles de las horrendas masacres paramilitares en territorio colombiano).

Entre esas coincidencias deben subrayarse tres: motosierra para desmembrar con vida a seres humanos, una mesa como sitio de tortura y música de fondo.

Claro en Turquía se empleó música clásica y en El Salado sonaron vallenatos, como una muestra de “adaptación a la cultura local”.

Podría pensarse que esta es una coincidencia fortuita y aleatoria, entre dos hechos bestiales (ambos propios del terrorismo de Estado), separados en el tiempo y en la distancia. Pero, finalmente, ¿qué tienen que ver esos dos hechos respecto a Colombia y Arabia Saudita?

Enterrando a pobladores del Salado, asesinados por paramilitares con motosierra, en febrero de 2000 Hilando fino se encuentra una relación escabrosa y poco conocida, referida a los miles de mercenarios colombianos (la mayor parte antiguos miembros de las Fuerzas Armadas), que han sido contratados por Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita y participan, entre otros 4 casos, en la guerra de agresión que esas monarquías petroleras corruptas libran contra Yemen.

Resulta pertinente recordar alguna información para iluminar la conexión colombiana con los sucesos de Estambul.

Una nota de prensa del 27 de noviembre de 2015 con el título “¿Quién envía secretamente a colombianos a combatir en Yemen?, señalaba: Los Emiratos Árabes Unidos cuentan desde hace cinco años con un ejército secreto de mercenarios colombianos formado en el desierto en Yemen […] Las autoridades emiratíes han mostrado predilección a la hora de contratar a colombianos porque su profesionalidad se considera probada en la guerra contra las FARC en Colombia. La misión exacta de los colombianos en Yemen no está clara.

Las naciones árabes ricas y, de forma particular, Emiratos Árabes, Arabia Saudita y Catar defienden una estrategia exterior más agresiva en los últimos años en todo Oriente Medio. Al participar en los conflictos de Yemen, Libia o Siria tratan de poner freno a la inestabilidad provocada por las revoluciones árabes (3).

Las empresas que contratan a los mercenarios colombianos lo hacen a través de Internet. Una de esas compañías, Mi futuro global, ofrece vacantes para “personal médico y paramédico recién graduado, ‘con disponibilidad de viajar’”.

Detrás de estas compañías de reclutamiento de mercenarios colombianos se encuentran las embajadas de Arabia Saudita y Catar, que a su vez están “enlazadas con las compañías de seguridad estadounidenses, dirigidas por el FBI y el Departamento de Estado” (4).

Cuando el New York Times informó por primera vez sobre la presencia de mercenarios colombianos en tierras árabes, de manera inmediata (pero por poco tiempo) en la prensa colombiana se publicaron artículos que indagaban sobre el asunto, e incluso fueron entrevistados mercenarios activos.

Sobre uno de ellos se decía: Él, un avezado capitán que hace cuatro años se enlistó en el grupo que decidió dejar la guerra en Colombia para ir a Emiratos Árabes, hace parte de la primera compañía de nacionales (92 hombres) que, portando el uniforme saudí, entrarán esta semana en la ciudad portuaria de Adén, la segunda de Yemen y la puerta de acceso al mar Rojo. Estos militares son parte de las tropas de la coalición conformada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

Ese mercenario, un ex capitán retirado del Ejército colombiano, con una gran dosis de cinismo decía: “Nos han dicho mercenarios, traidores, cobardes y oportunistas. No somos nada de eso. Somos hombres que tomamos una decisión como respuesta a la falta de garantías para ejercer nuestro trabajo; aquí las tenemos todas”.

Como parte de tan “noble y humanitario trabajo” (el de matar para defender los intereses de las monarquías corruptas del mundo árabe), se indicaba que “la avanzada de inteligencia en esta área la hicieron los colombianos más experimentados”.

Por esta razón, “el mando está en cabeza de militares de Emiratos, pero los segundos comandantes y jefes de operaciones son de Colombia. Su entrenamiento está centrado en combate urbano y de desierto, control de localidades, policía antimotines y seguridad de bases y caravanas” (5).

Global Enterprise es la principal reclutadora de mercenarios criollos y su razón social también es colombiana, con autorización del Ministerio de Trabajo.

Uno de sus propietarios es Oscar García Bates, antiguo Comandante de Operaciones Especiales, que también es un mercenario al servicio de gobiernos árabes.

Como todo no pueden ser “buenas noticias”, ya han muerto mercenarios colombianos en Yemen, como sucedió en diciembre de 2015:

A las más de 5.700 personas que han muerto en Yemen, casi la mitad de ellos civiles, desde que hace ocho meses inició la campaña aérea de bombardeos liderada por Riad, se le suma la vida de seis colombianos que murieron durante un operativo al suroeste del país.

Peleaban una guerra que no era suya. Aunque no se conoce mayor información de las víctimas, los seis connacionales alimentan la lista de mercenarios que fueron entrenados y enviados a combatir en ese país. […] El comandante del grupo era un australiano identificado como Philip Stitman.

Los seis colombianos estaban bajo su mando […] Todos los fallecidos, incluyendo al australiano, habrían sido contratados por Blackwater (6).

LA CONEXIÓN COLOMBO-ISRAELI

Toda la información anterior, citada de manera textual, comprueba la participación de mercenarios colombianos en Yemen, alistados en las filas de Arabia Saudita y de Emiratos Árabes Unidos.

Como estos mercenarios están dispuestos a todo, y además la información sobre sus andanzas es confidencial y secreta, no sorprende que ellos hayan dado lecciones sobre lo aprendido en el medio contra-insurgente colombiano, de cómo torturar y matar, utilizando entre otros instrumentos la motosierra.

Para completar el círculo perverso, los mercenarios colombianos replican lo que aprendieron de sus maestros de Israel a finales de la década de 1980, cuando estos los adiestraron en el Magdalena Medio, y entre otras cosas les enseñaron a matar y torturar, con motosierra incluida.

Vale citar este testimonio de Alonso de Jesús Baquero, alias Vladimir, quien “fue uno de los mejores alumnos del mercenario Yair Klein. En escasos dos años, entre 1987 y 1989, ejecutó a sangre fría a más de 100 personas. Fue el autor material de las masacres de La Rochela, Segovia, Puerto Araújo de 19 comerciantes y otras más” (7).

En una entrevista concedida a la revista Semana en 1998, habló de sus nexos con “maestros” de la tortura y el crimen, venidos de Israel:

Semana: Usted se hizo famoso por haber integrado el selecto grupo de alumnos de los mercenarios israelitas que adiestraron a las autodefensas del Magdalena Medio en 1988. Siempre se ha dicho que usted era el mejor discípulo de Yair Klein…

Vladimir: No, no fui el mejor. Antes de mí hubo dos muchachos, ‘Ponzoña’ y ‘Henry’, que me ganaron en polígono con mira telescópica. En lo demás sí me fue bien. Yair Klein siempre me consideró un alumno aventajado. […]. Ellos nos enseñaron la táctica inglesa y alemana, que consistía en que al enemigo había que exterminarlo de raíz. Nos dijeron que un guerrillero o un auxiliador de la guerrilla, ubicado en un sitio clave, nos podía hacer mucho daño. Entonces salimos como locos a perseguir a los colaboradores y al brazo armado de las Farc. Y les dimos muy duro. Al que detectábamos le dábamos. Fue apasionante ser alumno de Yair Klein (8).

Este podría considerarse como un macabro ejemplo de lo que es la “circulación de saberes”, propios del currículo de la tortura y la muerte, desde un lugar tropical en Colombia (el Magdalena Medio), pasando por Yemen y terminando en Estambul.

En ese currículo aparecen además en escena los israelitas, quienes adiestraron a sus alumnos criollos y luego algunos de estos, tras largos años de experiencia sobre el terreno, matando y destrozando campesinos, replican lo aprendido en tierras árabes.

En esta circulación de saberes existe un nexo entre Israel-Colombia y Arabia Saudita. Los saudís rápidamente aprendieron las enseñanzas que les han dado los mercenarios colombianos, entre ellas la de emplear la motosierra para matar a sus adversarios, como se ha demostrado en Estambul a comienzos del mes de octubre.

No por casualidad, entre los mercenarios solicitados se encontraban médicos y para-médicos. De que sorprende, entonces, conociendo estos antecedentes que un médico hubiera sido el principal protagonista de la red de quince asesinos que viajó desde Arabia Saudita hasta Turquía, y que ese mismo personaje haya sido el que llevo la motosierra y luego cuando mataba al periodista con sus propias manos y lo diseccionaba en pedazos…. pidiera que se pusiera música de fondo.

Estaba utilizando un método colombo-israelí, de probada eficacia asesina en la guerra contrainsurgente que hemos vivido en Colombia, porque ha dejado miles de muertos y desaparecidos.

Con estos “brillantes antecedentes” ahora si se entienden las razones por las cuales desde Colombia se impulsan las exportaciones no tradicionales (de mercenarios y paramilitares) hacia el resto del mundo y también porque Colombia fue admitido en la OTAN.

Desde allí sus mercenarios (legales e ilegales) podrán brindar lecciones de muerte y tortura, que de seguro se replicaran no solo en Estambul sino donde quiera que sea necesario, para sembrar conmoción y terror, siguiendo las recomendaciones de sus amos imperialistas de los EEUU y de sus intermediarios de Israel.

Lo sucedido en Estambul es la prueba de la mundialización de la motosierra, que salió de Colombia para imponerse en el mundo como instrumento propio del capitalismo gore que domina el planeta.

Notas

(1). Lluís Miguel Hurtado, “El periodista saudí fue descuartizado cuando estaba vivo mientras sus verdugos escuchaban música”, El Mundo, octubre 17 de 2018. Disponible en: https://www.elmundo.es/internacional/2018/10/17/5bc70d6dca4741187d8b45d0.html

Todas las negrillas en el texto son mías.

(2). Rostro de una Masacre: El salado la peor masacre en Colombia. Disponible en: https://www.taringa.net/comunidades/colombiaringa/4301334/Rostro-de-una-Masacre-El-salado-la-peormasacre-en-Colombia.html

(3). ¿Quién envía secretamente a colombianos a combatir en Yemen?, noviembre 27 de 2015. Disponible en: https://actualidad.rt.com/actualidad/192701-emiratos-arabes-envian-secretamente-mercenarioscolombianos-yemen

(4). El negocio de la guerra: empresas que contratan a colombianos para ser mercenarios en Medio Oriente, marzo 29 de 2017. Disponible en: https://actualidad.rt.com/actualidad/234401-negocio-guerra-empresascontratan-colombianos

(5). Jineth Bedoya Lima, “Los colombianos que pelearán otra guerra en el Golfo”, El Tiempo, octubre 17 de 2015. Disponible en: https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16406208

(6). “Militares colombianos que servían a Emiratos Árabes murieron en Yemen”, Semana, diciembre 9 de 2015. Disponible en: https://www.semana.com/mundo/articulo/militares-colombianos-que-servian-emiratosarabes-murieron-en-yemen/452911-3

(7). “Vladimir se confiesa”, Semana, noviembre 8 de 1997. Disponible en: https://www.semana.com/nacion/articulo/vladimir-se-confiesa/33340-3

(8) . Ibíd.

(*) Cleptocracia (del griego clepto, 'robo'; y cracia, 'poder' = poder o dominio de los ladrones): Es el establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el clientelismo político y/o el peculado.

Fuente:
http://www.rebelion.org/docs/248328.pdf