Conflicto armado
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El asesinato de líderes sociales es una constante en los medios de comunicación, pero como dice Juan Fernando Vargas, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad del Rosario, la información sobre esas muertes se da sobre todo a partir de la narración de casos aislados, y son pocos los estudios sistemáticos y rigurosos para entender el alcance y las razones de lo que está pasando.



Vargas, con otro grupo de profesores de esa facultad, estudiaron la situación desde enero de 2011 hasta diciembre de 2017. Según los autores, es improbable que sus conclusiones se modifiquen si el estudio se actualiza hasta el 2018.

Su artículo “Killing social leaders for territorial control: the unintended consequences of peace”, que revisó los datos de asesinatos de líderes sociales entre 2011 y 2017, permite entender cuándo aumentaron, dónde han ocurrido, por qué razones y quiénes están detrás.

A partir de la lectura del documento y de la conversación con Vargas, que asegura que sus hallazgos siguen vigentes hoy, La Silla Académica presenta siete conclusiones sobre el asesinato de líderes sociales.

1) Esos asesinatos se dispararon cuando las Farc decretaron el cese al fuego unilateral y permanente el 20 de diciembre de 2014, y no han dejado de crecer desde entonces.

Que la entonces guerrilla dejara de disparar fue un incentivo suficiente para que esos asesinatos empezaran a crecer, y ni el desarme ni la implementación del Acuerdo de paz cambiaron la velocidad de crecimiento. Por eso, la idea usual de que estos fueron los momentos clave oculta que el problema viene de atrás.

2) A los líderes sociales los han matado en mayor proporción en los lugares en los que estaban las Farc antes del cese al fuego, y que además, son cercanos a lugares con presencia de otros grupos armados. La presencia de las Farc se entiende como los municipios en los que había realizado, al menos, una acción armada entre 2011 y 2014.

La hipótesis para explicarlo es que con el cese al fuego las Farc enviaron la señal de que eventualmente dejarían las armas, lo que otros grupos armados (como las bandas criminales de origen paramilitar y el ELN) vieron como una oportunidad para adueñarse de esos territorios.

Y una estrategia para hacerlo fue asesinar sistemáticamente a civiles, especialmente, líderes.

3) El asesinato de líderes sociales disminuyó, en cambio, en los lugares donde sólo había presencia de ELN y/o bandas criminales pero no de las Farc. El estudio muestra que en esos municipios cayó la tasa de homicidios de líderes después del cese al fuego en un 0.06 por cada 100 mil habitantes (relativo a la población municipal promedio de estos municipios), sugiriendo que estos grupos sustituyeron su actividad violenta hacia lugares donde estaban las Farc.

Esto es equivalente a poco más de la mitad del aumento observado en lugares con presencia de las FARC, equivalente a 0.11 líderes asesinados por cada 100 mil habitantes después del cese al fuego.

La hipótesis es que esos grupos tienen una capacidad bélica limitada, y privilegiaron adueñarse los territorios que dejaban las Farc, disminuyendo su capacidad de asesinar líderes en otras zonas.

Sin embargo, el estudio no tiene en cuenta lo que hayan hecho las disidencias de las Farc, por ser un actor nuevo del que no había información suficiente y sistemática.

4) Donde más han asesinado líderes son los lugares en los que, proporcionalmente, la justicia es más cuestionada, es decir donde hay más investigaciones disciplinarias contra jueces, comparados con otros funcionarios públicos ante la Procuraduría.

La hipótesis de los investigadores, es que en esos lugares las personas tienen menos incentivos para denunciar delitos…

5) En los sitios en los que estaba las Farc y son cercanos a la presencia de otros grupos armados, y además hay solicitudes de restitución de tierras, hay en promedio más líderes asesinados que en los que no hay solicitudes.

En contraste, no hay diferencias importantes en donde hay o puede haber minería (municipios con minería legal o ilegal, o donde hay títulos mineros) o coca (municipios aptos para su cultivo, tuvieran o no coca en esos años).

6) En los sitios donde hay solicitudes de restitución de tierras los principales asesinos son las bandas criminales de origen paramilitar, y no el ELN.

Vargas explica que en los lugares donde estaba las Farc, en los que hay solicitudes de restitución de tierras, y son vecinos a lugares con presencia de bandas criminales, a partir del cese al fuego la tasa de homicidios de líderes respecto de la población municipal aumentó en 0.32 por 100 mil habitantes.

Esto es el triple del aumento promedio encontrado por los autores del trabajo en los municipios que tenían presencia de las Farc y estaban expuestos a otros grupos armados.

Su hipótesis es que en esos lugares dichas bandas están al servicio de élites locales que tienen intereses de concentración de tierra.

7) Han asesinado más líderes comunales que otro tipo de líderes, como afros, indígenas o de otras organizaciones, como líderes sindicales o ambientalistas.

La hipótesis del estudio es que tras el vacío de autoridad dejado por las Farc y el abandono histórico del Estado, los líderes comunales adquirieron mayor visibilidad pues son quienes gestionan las demandas de la gente en los territorios, lideran la resistencia civil y posibilitan la acción colectiva.

Eso es, justamente, lo que encontró La Silla Vacía en la investigación sobre el asesinato de líderes publicada en agosto.

Addendum:
Esta investigación desconoce que entre 2006 y 2018 circularon centenares de panfletos amenazantes contra líderes políticos y sociales firmados con la denominación “Águilas Negras”, una especie de “fantasma” que supuestamente no existe.

Porque, a pesar de que muchas de sus amenazas se cumplen, no hay noticia de que las fuerzas militares o de policía hayan bombardeado sus campamentos o capturado a alguien que revele su estructura y funcionamiento. No existe un solo preso de las “Águilas Negras” y nunca ha existido un combate contra ellas.

Por lo tanto, no hay el más mínimo registro de la existencia de una organización independiente del Estado, que se llame “Águilas Negras”.

Las “Águilas Negras” no son consideradas por los organismo del Estado como grupo armado, ni organización al margen de la ley. Es el mismo Estado encargado de hacer el “trabajo sucio”.

Se asegura que:

1) Algunos grupos criminales, como el Clan del Golfo, cuando van a hacer operaciones, se ponen el nombre de Águilas Negras para no ser identificados.
2) Hay sectores en la “legalidad”, como empresarios, o políticos que contratan sicarios para asesinar o amedrantar personas, y se hacen colocar el nombre de Águilas Negras.
3) Agentes “institucionales” utilizan panfletos con el nombre de Águilas Negras para amedrentar comunidades, individuos e incluso grupos sociales.
4) También es utilizado por particulares, (terratenientes y ganaderos), para infundir miedo a las comunidades.

Hoy existe un mercado criminal compuesto por toda clase de grupos al margen de la ley y organizaciones narcotraficantes, que ofrecen sus servicios a compañías multinacionales, y actores de extrema derecha que quieren librarse de un "personero incómodo", y sirven también a poderosos terratenientes que quieren que se acabe el reclamo de las tierras en Colombia. Sin duda en la mayoría de los casos la utilización del nombre “Águilas Negras” tiene fines políticos.

Es decir es una política de terrorismo de Estado. Política criminal, estructurada en el marco de los manuales ordenados por la CIA, con el cuento de la guerra preventiva, de baja intensidad y el enemigo interno.

La criminalidad que se viene desarrollando en Colombia contra líderes populares, campesinos, sindicalistas, indígenas y afros, es sistematizada. No es un hecho aislado y fortuito por “líos de faldas”, como aseguraba cínicamente un ministro de defensa.

Hay quienes tienen el descaro de decir que no hubo genocidio de la Unión Patriótica, sino “hechos aislados”, “venganzas del narcotráfico” o incluso, que fue la propia guerrilla de las Farc la que asesinó a miles de miembros de esta organización política.

Los medios de comunicación, deberían asumir el compromiso ético de decir la verdad, pero esto no sucede porque están al servicio de las clases dominantes, es decir, la burguesía y los terratenientes.

El eufemismo “Águilas Negras” hace creer que una cosa son las fuerzas militares y otro bien diferente las denominadas: “Águilas Negras”, que amenazan desde el norte extremo, en la Guajira Colombiana, hasta el sur extremo de Colombia: Leticia en el Amazonas.

No hay una organización que tenga esa capacidad de cobertura global de la geografía colombiana, que no sea el Estado.

Las amenazas son hechas por funcionarios del Estado Colombiano, que conforman círculos internos clandestinos, en la policía, el ejército y los cuerpos de inteligencia del Estado, y por ello gozan de impunidad y se mantienen como un "fantasma".

Fuentes:
https://lasillavacia.com/silla-academica/universidad-del-rosario/los-lideres-sociales-no-los-han-matado-tanto-por-mineria-o
http://www.pacocol.org/index.php/noticias/6165-quienes-son-realmente-las-aguilas-negras
http://www.pacocol.org/index.php/comites-regionales/tolima/5952-quienes-son-realmente-las-aguilas-negras
https://colombia2020.elespectador.com/pais/el-fantasma-detras-de-las-aguilas-negras
https://www.semana.com/enfoque/articulo/quien-esta-detras-de-las-aguilas-negras/420962-3
https://pares.com.co/2018/12/29/que-son-las-aguilas-negras/