Cultura
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La cita era temprano. A las 8:30 de la mañana empezaron a llegar los marchantes al Planetario de Bogotá, capital colombiana, donde estaba la caravana móvil que recorrería desde ese punto la carrera séptima hasta la calle 85 al norte de la ciudad.



Un grupo de artistas colombianos Santiago Cruz, Adriana Lucía y Doctor Krapula, entre otros, convocaron a los capitalinos para llenar de música, arte y protesta la tradicional avenida bogotana.

Los colombianos respondieron con entusiasmo. Mujeres, hombres, niños, estudiantes e incluso personas en silla de ruedas y otras con muletas no dejaron pasar esta oportunidad para expresarse.

A medida que transcurrían las horas, la tradicional ciclovía del domingo cedió el espacio a miles de personas que, al ritmo de rock, cumbia, vallenato, hip hop, y pop transmitían un mensaje político de inconformismo al gobierno impopular y arrogante, del Presidente Iván Duque, quien no escucha ni responde a las demandas ciudadanas.

Entre la multitud reunida en cada una de las tarimas ubicadas en la ciudad destacaban carteles de desaprobación al gobierno, al ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía) por su violencia y abusos; otros exigiendo el cumplimiento de los Acuerdos de paz, salud, educación y algunos menores de edad con sus padres exigiendo que no haya más niños en la guerra.

En una esquina del Parque de los hippies, a quienes los asistentes quieren re-bautizar como el Parque de la Revolución, el artista urbano Guache dibuja en una tela gigante extendida entre dos postes el rostro de una mujer con rostro ancestral.

Guache tiene 38 años. Es reconocido en la escena cultural capitalina y atendió al llamado junto a cientos de artistas que promueven un mensaje de transformación social que sea escuchado, leído y sea visto desde cualquier lugar.

Para él, la desmovilización de la guerrilla en Colombia abrió un espacio para expresar nuevas ciudadanías y reclamar. Con su lenguaje pretende sensibilizar a más personas y acompañar con su arte estas manifestaciones.

“Al margen de la victoria en el pliego del paro, creo que ya ganamos como sociedad porque despertó una generación con una nueva conciencia de responsabilidad” (…) dice Guache.

Mientras el artista callejero realizaba su obra, en la tarima bandas de rock animaban a los asistentes que coreaban a todo pulmón sus letras antes de que un grupo de feministas realizará el performance: Un violador en tu camino, de las chilenas, Las tesis, que le ha dado la vuelta al mundo.

Ellas cantaron rodeadas de cientos de personas que repetían el estribillo de este himno feminista. Al terminar su presentación continuó la música y un grupo enorme de marchantes provenientes del Planetario se acercaba.

¡Vamos caminando, aquí se respira lucha!

Avanzan y entre tantas personas sobresale un grupo de artistas empuñando trompetas, platillos, claves, tambores, panderetas, maracas y cientos mueven sus caderas al ritmo de su música.

Un hombre entusiasta, ondea la bandera de Colombia y baila mientras anima con sus manos a quienes están a su alrededor. Una joven estudiante improvisa una coreografía de cumbia colombiana con él.

Ese hombre es incansable, tiene el cabello crespo, ojos claros, viste un jean azul desteñido y una camisa roja. Danza y danza sin parar y a su lado caminan otros ciudadanos que se contagian de su alegría.

¡Yo canto porque se escucha!

El tiempo pasa, el clima bogotano pasa del calor al frío y amenaza con lluvia, pero el ánimo no decae. Quienes protestan alternan entre las arengas más populares del Paro: ¡A parar para avanzar! y la tradicional canción colombiana: Colombia Tierra Querida, himno de fe y armonía…

La caminata continúa, como estaba programada, en perfecta calma por la carrera séptima. Dobla la esquina de la calle 72 donde un grupo de artistas callejeros venezolanos, inmigrantes, se unen a los colombianos y son aplaudidos por los marchantes.

Entre tanto, cuatro policías observan y comentan desde las ventanas del CAI donde están encerrados. Los caminantes los ignoran, otros observan y responden al saludo de un adulto mayor que desde el andén levanta su pulgar derecho en señal de apoyo y también a los compradores del Centro Comercial Avenida Chile, que aplauden a la multitud.

Pero no solo en las calles hay cantos y bailes, Carmen Castro comenta que, en Nueva Cultura, escuela de su nieto, ligada al movimiento latinoamericano, organizó también un Canto por Colombia para padres, madres, abuelos y abuelas.

“El arte en el paro demuestra que hay una generación en las calles, que se formará una generación que romperá el círculo maldito del narcotráfico, de una que piensa que el arte puede cambiar el sistema en un país donde se ha creído que sin billete no se podía ser nadie”.

Al igual que Carmen, la mujer que toca los platillos afirma que marcha porque es madre y ciudadana, por sus derechos y los de los demás (…)

Finalmente, el azul celeste y el sol son reemplazados por el gris intenso y las primeras gotas de lluvia. El cielo se ha conmovido con el coraje, llora de emoción ante la alegría y dignidad de los marchantes.

Los gritos aumentan al pasar frente a la Universidad Pedagógica Nacional donde el retrato de Dilan Cruz, asesinado por el ESMAD en el marco de estas protestas, destaca entre las fotos de otros estudiantes heridos o detenidos.

El grupo dobla en la esquina de la carrera 15 con calle 72. Llueve y muchos sacan sus sombrillas; otros, compran capas de plástico a los vendedores ambulantes, todos corean: ¡Llueva, truene o relampaguee el paro sigue!

El punto final de la marcha esta cerca. A pesar de la lluvia siguen el recorrido ante la mirada de sorpresa de aquellos que se protegen de la misma. En la calle 85 otro grupo enorme está reunido escuchando a los artistas ubicados en esa tarima y esperando a la caravana móvil.

Resguardándose de la lluvia dos artistas esperan el último grupo de ciudadanos. En un andén en sentido sur-norte a la altura de la calle 85 el poeta Federico Díaz Granados alienta a los caminantes.

En la otra esquina está William Arenas, director de cine, quien llegó temprano con otro amigo. Arenas, de 71 años, considera que es el momento de unir arte, ciencia y técnica para encontrar el camino.

“Me parece que Colombia va por un buen camino. Primero manifestarse, y segundo encontrar soluciones. Nosotros hemos hecho una canción que se llama milagro, que consiste en que si siembras una semilla tienes un milagro, y mil semillas mil milagros. Hay que protestar, pero también encontrar soluciones, sembrar los cerros orientales, sembrar los desiertos, el planeta tierra necesita soluciones inmediatas, protestamos y sembramos”.

Junto a William está Miguel Castañeda otro artista que está feliz con la jornada: “El arte es un conductor, un líder, ilumina la humanidad porque siempre sabe qué pasa en la realidad. Tiene construcciones creativas y su conocimiento de la historia de la humanidad le da autoridad suficiente para saber por dónde moverse. En este tiempo se necesitan la expresión artística y del liderazgo”.

Llegan la caravana móvil y el último grupo de marchantes mientras la lluvia cae con más intensidad sobre Bogotá. Las sonrisas en los rostros reflejan que el objetivo se cumplió, el inconformismo se sintió, los gritos de un grupo de estudiantes que permanece un rato más en las esquinas retumban mientras el grupo de caminantes se disuelve, la jornada termina, pero el paro sigue…

Foto:Fernanda Sánchez Jaramillo

¡Aquí estamos de pie!
(*) Especial para El Desconcierto
@Fernandareports

Fuente:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=263388