Cultura
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(Extractos) Como sociólogo interesado en la relación entre cultura, ideología, estética y política que se expresa, explícita o implícitamente, en la literatura, el cine, la música y/o cualquier otro discurso cultural producido dentro del sistema capitalista, asistí recientemente a la película propagandística (1) intitulada “Los dos papas”.



En la primera parte intentaré describir algunos elementos centrales de esta narrativa cinematográfica. En la segunda, me enfocaré críticamente en la relación entre cultura, ideología, estética y política (…)

La película Los dos papas (2019) es una representación ficticia de un conjunto de reuniones entre el papa Benedicto XVI y el cardenal Bergoglio (el futuro papa Francisco) (…)

Además de la proyección en los cines, la película también tiene una distribución muy amplia por medio de la multinacional conocida como NetFlix.

En Los dos papas, las actuaciones de los protagonistas no están diseñadas para funcionar como caracterizaciones biográficas de los papas, sino para funcionar como un diálogo metafórico para enseñar las semejanzas y diferencias entre los dos proyectos de poder político-doctrinal (institucional, moral, teológico) dentro del Vaticano y para salvaguardar la importancia y el futuro de la Iglesia católica apostólica romana en el mundo actual.

Según Alexandre Guglielmelli (2) a nivel de la historia real, el papa Benedicto XVI nunca se reunió con el cardenal Bergoglio para discutir su renuncia o abdicación o para alentarlo a postularse para ser el próximo papa. Son encuentros y conversaciones imaginarias que tendrían lugar en algún momento antes de la abdicación de Benedicto XVI y la elección del nuevo papa Francisco.

En el centro de la ficción Los dos papas, hay una secuencia especial de escenas que muestran la Capilla Sixtina (Vaticano) durante la confesión del cardenal Jorge Mario Bergoglio (arzobispo de Buenos Aires) al papa Benedicto XVI (Joseph Ratzinger).

En este contexto del Vaticano, Bergoglio recuerda su pasado, enfocándose en particular en su papel de jefe de los jesuitas y colaborador de la dictadura argentina durante el período de la "guerra sucia", bajo el mando del general Jorge Videla y del almirante Emilio Eduardo Massera.

En este relato producido por la memoria, Bergoglio reconoce que su colaboración con la dictadura militar argentina resultó en el fracaso de su intención de proteger a sus amigos religiosos al asociarse a la junta militar.

Bergoglio también explica que después del período de la "guerra sucia" (en la que Esther, su mejor amiga, fue asesinada por los militares) perdió su puesto como jefe de los jesuitas y fue exiliado por la orden religiosa para servir durante diez años como párroco común entre la gente más pobre de Argentina. Este período es presentado como una época de penitencia y transformación (…)

Finalmente Bergoglio menciona que, con el tiempo, el traicionado amigo, el padre Jalics, se reconcilia con él, pero que él (Bergoglio) continúa cargando la culpa de nunca haber podido encontrar la reconciliación con el padre Yorio. Los recuerdos de sus propias acciones e inacción durante la dictadura continúan obsesivamente presentes durante su confesión.

Después de escuchar la confesión del cardenal Bergoglio, el papa Benedicto XVI consuela y absuelve al argentino, apelando a la noción trascendente de la “infinita misericordia divina”.

Esta misericordia divina trascendente es el fundamento de la inmanente “absolución terrenal” dada por el papa para redimir a Beglogio de su crimen: la traición a los sacerdotes jesuitas que trabajaban con los argentinos pobres y luchaban por un régimen político más cristiano y humano (menos opresivo y criminal) que la dictadura militar argentina.

Como muchos saben ahora, la traición de Bergoglio a los jesuitas Franz Jalics y Orlando Yorio (4) resultó no solo en el arresto y tortura de estos religiosos, sino también en el arresto, tortura, asesinato y desaparición masiva de decenas de miles de católicos argentinos durante el "guerra sucia".

Después de la absolución papal, Benedicto XVI se levanta e invita a Bergoglio al Salón de las Lágrimas, donde el papa Benedicto XVI hace su confesión, mencionando brevemente al cardenal Bergoglio su gran pecado, su gran crimen: para evitar el escándalo sexual en el papado de Juan Pablo II (Karol Józef Wojtyla), el cardenal Ratzinger permitió que el sacerdote mexicano Marcial Maciel Degollado (fundador de la Legión de Cristo y amigo del papa Juan Pablo II) continuará sirviendo de sacerdote y ejerciendo pedofilia contra los católicos, es decir, continuará violando (durante más de cincuenta años) a niños y adolescentes que caían bajo el poder y el control de Maciel Degollado (4).

Después de escuchar la confesión del papa Benedicto XVI,el cardenal Bergoglio muestra una reacción inicial de indignación y se levanta para protestar contra la actitud del papa Benedicto XVI, pero poco después pasa a consolar y absolver al papa Benedicto XVI apelando también a la noción trascendente de la “infinita misericordia divina”.

Lo sintomático es que la película no presenta, en este caso, los actos de penitencia ni la historia de la transformación del papa Benedicto XVI (…), y sin embargo, como podemos ver, esta trascendente “misericordia divina” también fundamenta a la inmanente “absolución terrenal” dada por el cardenal argentino para redimir al papa Benedicto de su crimen contra las víctimas de la Iglesia apostólica romana.

Para concluir, me gustaría centrarme en la oposición “inmanente/trascendente” para cuestionar críticamente la relación entre cultura, ideología, estética y política (6) expresada en la película Los dos papas.

Aunque podemos reconocer los méritos del trabajo cinematográfico (la dirección eficiente de Fernando Meirelles, la brillante actuación del dúo Anthony Hopkins/Jonathan Pryce, la extraordinaria fotografía y la excelente reproducción de la Capilla Sixtina en los estudios Cinecittà), la ideología política religiosa (tejida a través del sutil contrabando entre el nivel inmanente y trascendente) que informa la estética narrativa, da como resultado la producción de un discurso cultural altamente místico y mistificador, un discurso conservador y reaccionario que en última instancia busca justificar y legitimar la monstruosa realidad de la impunidad (7) del poder político de los individuos (religiosos y no religiosos) que han actuado y actúan para destruir los Derechos Humanos de la mayoría de la población de Brasil, América Latina (y el mundo) en la defensa de individuos que fueron específicamente beneficiados por la impunidad en las áreas asociadas con los crímenes de la Iglesia Católica y la dictadura militar en Argentina, en Uruguay, en Chile y en Brasil.

Entre los que se han beneficiado de esta impunidad se encuentran el evangelista/sionista Jair Bolsonaro (actual presidente brasileño) y los aliados de su actual Gobierno autoritario de corte neofascista.

Notas:
(1) El cine propagandístico es una forma sistemática específica de persuadir a los espectadores influyendo en sus emociones, actitudes, opiniones o acciones con fines ideológicos, religiosos y o políticos. La película “Los dos papas” adopta un tono propagandístico en favor del proyecto religioso del papa Francisco que actualmente se encuentra en control del poder político dentro de la Iglesia católica. Al retratar a la Iglesia católica como una organización unida, la película trata de persuadir al espectador de que el papa Francisco ha logrado doblegar la oposición conservadora dentro del Vaticano y está imponiendo su línea reformista victoriosa.

(2) Ver Alexandre Guglielmelli, “Netflixmodificou a verdadeira história de Dois Papas”. https://observatoriodocinema.bol.uol.com.br/artigos/2019/12/netflix-modificou-a-verdadeira-historia-de-dois-papas-descubra-a-verdade

(3) En escenas anteriores de las de la Capilla Sixtina, Bergoglio, desde un punto de vista subjetivo, le cuenta al papa Benedicto XVI sobre su infancia argentina y cómo decidió convertirse en sacerdote. Bergoglio recuerda cómo sacrificó su profesión de química y su compromiso amoroso (con su amante Amalia) para unirse a los jesuitas y cómo se convirtió en el amigo espiritual de los padres Franz Jalics y Orlando Yorio.

(4) El increíble caso de Marcial Maciel Degollado, sacerdote católico apostólico romano de origen mexicano, amigo del papa Juan Pablo II y fundador y líder de la Legión de Cristo (una de las organizaciones religiosas más poderosas del mundo occidental), abusó sexualmente y violó a cientos de jóvenes, estudiantes de los seminarios cristianos.

A pesar del abuso sexual de menores por parte de Maciel durante muchos años, ninguna de las autoridades religiosas (y no religiosas) que conocían sus casos de abuso sexual lo denunciaron, ni presentaron cargos contra él y por lo tanto nunca fue punido.

Aunque haya habido registros de quejas contra Maciel desde la década de 1940 (como afirma, entre otros, el conocido periódico español El País) solamente en 1997, personas adultas, ex miembros de la Legión de Cristo, han revelado públicamente que fueron abusadas sexualmente por Maciel cuando estaban bajo la autoridad del líder de la Legión de Cristo.

Solo al final de la vida de Maciel, las autoridades religiosas del Vaticano admitieron que violó a cientos de niños y mantuvo relaciones con por lo menos dos mujeres que le dieron hasta seis hijos, a dos de los cuales Maciel también abusó sexualmente.

Gracias al coraje de tres hombres (víctimas que actualmente viven en los EEUU para protegerse del poder de retaliación de los religiosos), el mundo occidental comenzó a saber quién era realmente Maciel.

Los tres hombres, llamados Vaca, Barba y Jurado, firmaron una carta que fue enviada al papa Juan Pablo II, poco después de que este papa presentará un discurso que afirmaba que Maciel era un modelo a seguir para los jóvenes. Consulte esta información en el siguiente enlace de Wikipedia:
https://es.wikipedia.org/wiki/Marcial_Maciel#cite_note-elpais-6feb2011-2

Muchos católicos actualmente están informados de que Maciel era amigo íntimo del papa Juan Pablo II. Era un amigo que acompañaba al papa Juan Pablo durante sus viajes a México en 1979, 1990 y 1993.

Durante el pontificado del papa Juan Pablo II, Maciel y su Legión de Cristo recibieron las promociones más honorables y más altas del Vaticano y se convirtió en una de las organizaciones religiosas de derecha más poderosas del mundo occidental.

En 1997, Maciel también fue acusado de cometer abuso sexual contra algunos miembros de la congregación y de estudiantes legionarios locales. Según los periódicos, "un grupo de nueve hombres vinieron a público para acusar de haber sido abusados por Marcial Maciel mientras estudiaban con él en España y Roma en las décadas de 1940 y 1950”. Ellos describieron cómo Maciel pretendía sufrir de una enfermedad de la ingle y afirmaron que “Maciel tenía el permiso papal para recibir masajes por su dolor".

El grupo, que incluía académicos de buena reputación y ex sacerdotes, presentó cargos formales en el Vaticano en 1998, pero al año siguiente se les informó que el caso había sido archivado (obedeciendo las órdenes del papa Juan Pablo II) por la Congregación para la Doctrina de la Fe bajo el mando del entonces cardenal Joseph Ratzinger, el futuro papa Benedicto XVI. ( http://en.wikipedia.org/wiki/Marcial_Maciel ).

Luego de la muerte del papa Juan Pablo II el 19 de mayo de 2006, el Vaticano confirmó que el nuevo papa Benedicto XVI había ordenado a Maciel que se abstuviera de ministrar sus funciones públicamente para dedicarse a "una vida de oración y penitencia".

Se le prohibió ejercer el sacerdocio después de ser acusado de abuso sexual de seminaristas menores. Luego, finalmente, en 2006, el papa Benedicto XVI retiró a Maciel del ministerio activo, basándose en los resultados de una investigación sobre conducta sexual inapropiada, más de 60 años después de las primeras quejas contra Maciel. ( http://en.wikipedia.org/wiki/Marcial_Maciel ).

(6) Para profundizar la articulación de las relaciones entre cultura, ideología, estética y política ver el artículo “ Ideología y cine: carta a un amigo cineasta” de Jorge Vital de Brito Moreira, en rebellion.org del 26 de enero de 2019. ( http://www.rebelion.org/noticia.php?id=251768 ).

(7) En la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DDHH), la impunidad se refiere a la falta de llevar ante la justicia a los perpetradores de violaciones de los DDHH y, como tal, constituye una negación del derecho de las víctimas a la justicia y reparación.

La impunidad es especialmente común en países que carecen de una tradición del Estado de derecho, sufren de corrupción o tienen sistemas de mecenazgo arraigados, o donde el poder judicial es débil o los miembros de las fuerzas de seguridad están protegidos por jurisdicciones o inmunidades especiales.

El conjunto de principios enmendados para la protección y promoción de los DDHH mediante la acción para combatir la impunidad, presentado a la Comisión de DDHH de las Naciones Unidas el 8 de febrero de 2005, define la impunidad como: "la imposibilidad, de jure o de facto, de hacer rendir cuentas a los autores de las violaciones, ya sea en procedimientos penales, civiles, administrativos o disciplinarios, ya que no están sujetos a ninguna investigación que pueda llevarlos a ser acusados, arrestados, juzgados y, si es declarado culpable, condenado a penas apropiadas y a hacer reparaciones a sus víctimas". (Principles for the protection and promotion of human rights through action to combat impunity, http://derechos.org/nizkor/impu/principles.htm)

Gráfica.- La película es protagonizada por Jonathan Pryce como el papa Francisco y Anthony Hopkins como Benedicto XVI. Foto: El País.

Traducido del portugués para Rebelión por Catherine M. Bryan

18 de enero de 2020

Fuente:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=264607