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“A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder: en el mejor de los casos, alguna vez habrá justicia, pero en el alto cielo. Aquí en la tierra la caridad no perturba la injusticia. Sólo se propone disimularla”. Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1998, pp. 319-320.



Junto con el Covid-19 por el mundo se viene extendiendo en los últimos tres meses otro virus, tanto o más peligroso que el de la pandemia sanitaria. Ese es el virus del filantropicapitalismo que traspasa fronteras y se convierte en una plaga de dimensión mundial, que ronda en todos los confines del orbe.

Aunque ese peligroso virus apareció mucho antes que el Covid-19, solo afecta a un reducido sector de la población mundial, a los multimillonarios capitalistas y a sus émulos, recién llegados y que aspiran a incorporarse al círculo reducido de los dueños del mundo.

Son portadores del terrible virus los supermillonarios, empezando por Bill Gates, fundador de Microsoft, Jeff Bezos, dueño de Amazon, Mark Zuckeberg, dueño de Facebook y los ricachones locales en cada país, junto a los cuales también lo transmiten los nuevos ricos del deporte y el espectáculo farandulero, como Leonel Messi, Madonna, Shakira y un largo etcétera.

El coronavirus es como la noche oscura e insondable en que todos los gatos son pardos, y ha servido para inocular ese otro virus, cargado de mentiras, el del filantropicapitalismo. Los que se han enriquecido a costa de la explotación de los trabajadores, el robo, el saqueo, el despojo, la destrucción de lo público, la falsificación, la evasión tributaria y las características más detestables del capitalismo realmente existente, ahora posan de ser benefactores y de preocuparse por los pobres, desvalidos y miserables.

Ciertos capitalistas desde el siglo XIX han recurrido a la filantropía, básicamente para evadir impuestos, como fue el caso ampliamente conocido de los Ford y los Rockefeller en los Estados Unidos, quienes crearon fundaciones disfrazadas de beneficencia para reducir sus pagos tributarios y aumentar sus ganancias.

Este rasgo también lo mantiene la filantropía capitalista de nuestros días, con un complemento adicional que lo diferencia de la impulsada por los viejos “capitanes de la industria”: en esos momentos la filantropía misma es un negocio que produce dividendos económicos, es decir, a partir del ficticio desprendimiento se obtienen fabulosas ganancias, como las que produce cualquier actividad convertida en un negocio capitalista, v.g. la prostitución, el fútbol, el deporte en general, el tráfico de especies animales o la producción y comercialización de narcóticos.

En pocas palabras, la filantropía ha devenido en un nuevo nicho de mercado, en el que convergen los grandes capitalistas y los nuevos ricos (entre los cuales sobresalen las figuras del deporte y la farándula), porque están seguros de que obtendrán dos cosas fundamentales para ellos: uno, ganancias extraordinarias y, dos, lavar su imagen y aparecer ante los ojos del mundo como seres compasivos y dadivosos.

Esto último, aunque no es lo más importante y no puede sustituir la lógica del lucro, sirve para ocultar las raíces de su riqueza que, como decía Honórate de Balzac, proviene de algún crimen (“Detrás de toda fortuna existe un crimen”), pero también para justificar los lujosos y confort del que disfrutan, como forma de decir que es muy merecido lo que tienen y lo han logrado con su propio esfuerzo y por sus méritos.

El filantropicapitalismo no oculta cuál es su finalidad principal: obtener ganancias, y por eso sus “teóricos” señalan que se le podría definir como una “inversión social”, donde la palabra fundamental es la de inversión (lo social una disculpa para la galería), entendiéndola como un negocio para producir y acumular capital.

En ese nicho particular resulta que los pobres se convierten en un mercado para que los ricos aumenten aún más sus ganancias, sin solucionar ni uno solo de los problemas que originan la pobreza, pero eso sí convirtiendo la caridad en un objeto para mostrarse y presentarse como monjitas de la caridad.

Por ello, ¡frente a Bill Gates y compañía sor Teresa de Calcuta quedó en pañales!

No obstante la aparente uniformidad que tendría el filantropicapitalismo, en estas semanas ha quedado patente cierta diferencia, entre los que se pueden denominar como los filantropicapitalistas de primera clase y los de segunda clase, que finalmente tiene que ver con la cantidad de riqueza y el verdadero poder de cada una de los dos tipos de filontropicapitalistas.

La diferencia esencial es que los primeros, los verdaderos dueños del mundo, han incrementado sus ganancias al calor del Covid-19, mientras que los segundos han sido tocados por la parálisis del deporte y el espectáculo farandulero, pese a lo cual aprovechan la coyuntura para ostentar de sus lujos, los que alternan con las fotos para la propaganda de su pretendido desprendimiento y bondad.

Filantropicapitalistas de primera clase.

En el mundo entero e internamente dentro de cada país es evidente la desigualdad existente entre una minoría de híper-ricos y cientos de millones de seres humanos desprovistos de lo mínimo indispensable para vivir dignamente.

Esa realidad estructural se ha acentuado en las últimas semanas, como lo evidencia un reciente estudio hecho en los EEUU en donde se informa que, en el lapso transcurrido entre el 18 de marzo al 10 de abril, el mismo periodo en que 22 millones de personas perdieron su empleo en ese país, la riqueza de los multimillonarios, exactamente 607, aumento en un 10%, esto es en 282.000 millones de dólares.

Y en un lapso de 100 días, contados desde el 1 de enero de este año, la riqueza del capitalista Jeft Bezos, dueño de Amazon, aumentó en 25.000 millones de dólares, lo que es superior al producto interno bruto de un país como Honduras (23.900 millones de dólares en 2018) (1).

Es decir que un solo capitalista acumuló en tres meses una suma similar a la que durante un año se produce en un país de casi 10 millones de habitantes.

Algo completamente obsceno, como lo comenta el informe señalado: "El incremento de la riqueza de Bezos no tiene precedentes en la historia financiera moderna y varía enormemente de un día para otro (…)".

¿Esto ha sido producto del azar, de la mano invisible del mercado, de la divina providencia, del esfuerzo personal, de la meritocracia o del pensamiento positivo?

Eso es lo que dice la propaganda difundida por el mismo Bezos, que propagan sus propios medios de desinformación, entre los que se cuenta The Washington Post. La realidad es un poco más prosaica, como lo dice el citado estudio:

“El cierre de cientos de miles de pequeñas empresas está dando a Amazon la oportunidad de aumentar su cuota de mercado, fortalecer su lugar en la cadena de suministro y ganar más poder de precios sobre los consumidores".

Y como para reforzar que, tras esas nuevas y extraordinarias ganancias se esconde la explotación de los trabajadores, la fuente real de la ganancia, el documento citado indica que "a pesar del dominio del comercio electrónico de Amazon, Bezos ha sido incapaz de proteger a la mano de obra de sus empresas de la covid-19: trabajadores de diez almacenes diferentes dieron positivo a finales de marzo" (2).

Esto mismo ya se ha denunciado antes, porque lo más cínico del filantropismo de Bezos radica en que, como lo precisó el escritor James Bloodworth, “los trabajadores de los almacenes de Amazon duermen afuera en tiendas de campaña, porque no pueden permitirse el lujo de alquilar viviendas con los salarios que les paga la empresa" (3).

El aumento de la riqueza de Bezos en los últimos tres meses se origina en el incremento de la explotación de los trabajadores que deben llevar las mercancías casa a casa, debido a que las compras por internet han crecido en un 90% en EEUU y Canadá, y un 82% en Europa, expansión que ha obligado a Bezos a contratar unos 175 mil nuevos trabajadores en diversos lugares del mundo.

Jeff Bezos, como cualquier capitalista de nuestro tiempo, tiene que posar de filántropo y lo viene haciendo desde hace algunos años, cuando “donó” 2000 millones de dólares en 2018 para financiar escuelas para niños o antes de que comenzara la pandemia, en enero de este año, cuando “donó” otros 10 mil millones para crear una fundación para enfrentar el cambio climático.

Esas “donaciones” ya muestran el carácter hipócrita de la filantropía, puesto que Amazon contribuye a recalentar aún más el planeta con la utilización de combustibles fósiles en sus medios de transporte y por los gases que produce la acumulación en la nube de los datos de sus clientes.

Pero el filantropicapitalista más sonado de nuestros días es Bill Gates, cuya fundación se ha dedicado desde hace algunos años al mercado de la salud, para fortalecer al sector privado, incluyendo el debilitamiento de la OMS y de los Estados.

Además, para completar, existe una sospechosa coincidencia, que no puede dejar de ser mencionada, y es que en octubre de 2019 (la fecha es ilustrativa), la fundación de Bill Gates organizó, junto con el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud y el Foro Económico Mundial, el “Evento 201” en Nueva York para analizar el impacto de una probable pandemia y lo que debería hacerse para enfrentarla. Y justo unas semanas después (semanas y no años) se desencadena la pandemia del Covid-19, una coincidencia por lo demás llamativa (4).

Como no puede hablarse de que Bill Gates sea un profeta, puede sospecharse que el anuncio era un adelanto de lo que vendría, y más rápido de lo imaginado.

Con estos antecedentes, se entiende por qué Bill Gates estaba preparado para beneficiarse con la pandemia, que le cayó como anillo al dedo para hacer prosperar sus negocios encubiertos de filantropía, ahora con un carácter más sádico, puesto que se hace a costa de la propia vida de la población más desvalida del planeta.

Eso, además de todo, es un indicativo de la verdadera sensibilidad social de los filántropos capitalistas, puesto que como decía Quevedo, lo que les interesa es llenar su faltriquera.

Adicionalmente, Bill Gates tiene ante sí una oportunidad soñada, como es la de impulsar las soluciones tecnológicas a los problemas del mundo, en dos terrenos privilegiados como potenciales fuentes de negocios y ganancias: la salud y la educación.

Eso se sustenta en la implacable lógica de que los beneficios que a él le ha producido la globalización productiva y financiera, así como la generalización de la tecnología informática, tiene que ser la solución para los problemas del mundo, entre ellos la pobreza y la desigualdad, que sería producto de ineficiencias individuales, algo así como falta de pensamiento positivo.

Es bueno recordar que este ricachón emergió como filántropo en la década de 1990, luego que el propio gobierno de los EEUU develara los procedimientos ilegales que utilizaba Microsoft para destruir a sus competidores, basándose en el principio tan caro a Bill Gates y propio del capitalismo de “aplastar a cualquier rival”.

En otros términos, la idea de la Fundación llegó en el momento en que era necesario maquillar las prácticas delictivas de tipo corporativo y nada mejor que presentarse como un bondadoso filántropo.

Que la filantropía es un próspero negocio lo prueba el incremento de la fortuna personal de Gates la que ha aumentado después de la creación de su Fundación, hasta convertirlo durante varios años en el individuo más adinerado del mundo y que hoy ocupa el segundo lugar, según la clasificación de Forbes, con una fortuna personal de 98 mil millones de dólares.

Ahora bien, su actuación en esta coyuntura del Covid-19 ha estado directamente ligada al objetivo de obtener ganancias con la búsqueda de una vacuna, para lo cual se ha aliado como expresión de su poder corporativo con las altas esferas del gobierno de Donald Trump, aunque de dientes para afuera haya criticado la desastrosa gestión de ese gobierno.

Mientras tanto, las acciones de Microsoft en la bolsa se han elevado cerca de un 10%, a lo que debe agregársele el extraordinario negocio que representa el aumento en la venta de computadores y de aplicaciones informáticas en todo el mundo como resultado del coronavirus, y el impulso del teletrabajo y la educación virtual, lo cual ha sido una especie de bendición divina, para inflar el abultado bolsillo de Bill Gates, como el mismo lo ha confesado:

“Las empresas tecnológicas de alguna manera se benefician de la aceleración de un movimiento hacia enfoques digitales, a pesar de que en los próximos años tendrán muchos clientes a los que ayudarán, otorgando licencias gratuitas, donde las cosas no serán tan fuertes” (5).

Como quien dice el Covid-19 es una gran oportunidad que no se puede desaprovechar para aumentar los negocios de Microsoft, del que Bill Gates sigue siendo accionista.

Un hecho característico de esos filantropicapitalistas radica en que ellos están al frente de la campaña para no pagar impuestos, algo que han logrado con creces en las últimas décadas. Además, sus “donaciones” representan solamente el ridículo 0.00001 por ciento de sus fortunas, y eso sin contar que esas mismas inversiones filantrópicas les generan ganancias adicionales.

El filantropicapitalismo en tiempos de coronavirus se ha extendido como una incontenible plaga en los más diversos lugares del mundo y los ricachones locales no han quedado al margen, como lo evidencian los casos de Carlos Slim en México o Amancio Ortega en España.

El virus de filantropía ha llegado a Colombia y, por supuesto, sus primeros contagiados son los capitalistas más ricos del país. En su orden, Luis Carlos Sarmiento Angulo, dueño del Grupo Aval, quien aparece en la lista Forbes de los más ricos del mundo en el puesto 153, fue el primero en “donar” 20 millones de dólares (unos 80 mil millones de pesos) para enfrentar el Covid-19 y al poco tiempo lo siguió Alejandro Santodomingo, quien anunció la donación de 25 millones de dólares (unos 100 mil millones de pesos).

Las cifras, para los incautos, pueden parecer impresionantes, pero son ridículas si se tienen en cuenta que el aporte del primero es solo el 0.21% de su patrimonio, que según la Revista Forbes de abril de 2020 es de 9.4 mil millones de dólares.

Pero eso no es lo peor, porque este supermillonario que es dueño del 60% del ahorro de los colombianos es premiado con exenciones tributarias permanentes, cuya suma para esos superricos, al frente de los cuales se encuentra el susodicho capitalista, supera la cifra de 70 billones de pesos anuales.

Y para completar existe una norma que señala que, por las donaciones, los empresarios van a estar exentos en un 25% en el pago del impuesto sobre la renta, equivalente al monto donado. A eso, habría que agregarle las ganancias extraordinarias obtenidas en los primeros meses de 2020 y los beneficios adicionales que les están proporcionando el gobierno de Iván Duque.

Aún más, el grupo de Sarmiento Angulo está implicado en una red interminable de delitos, que siempre quedan en la impunidad, entre ellos corrupción, tráfico de influencias, extraños “suicidios” con cianuro de personas que sabían más de la cuenta de los negociados de Odebrecht y masacres laborales, como la caída del Puente de Chirajara, a comienzos de 2018 en la que murieron once humildes trabajadores.

En estas condiciones, la supuesta donación del hombre más rico de este país nos sale muy costosa a la mayor parte de los colombianos.

Filantropicapitalistas de segunda clase.

Durante esta pandemia del Covid-19 ha emergido un filantropicapitalismo que podemos denominar de segunda clase que antes era de bajo perfil, porque sus portavoces son recién llegados al club de los ricos y sus fortunas, aunque comparadas con los ingresos de los mortales comunes y corrientes son enormes, no son gran cosa si se contrastan con las fortunas de los personajes de primera clase.

Entre los filantropicapitalistas de segunda clase se encuentran ciertos deportistas, sobre todo futbolistas, y personajes de la farándula.

Es necesario mencionar ejemplos particulares, para desnudar la falacia de este filantropicapitalismo de segundo orden, pese a que por momentos tenga más impacto mediático, difundido principalmente por la prensa deportiva y la prensa rosa o del corazón, que en estos momentos han visto limitado su radio de acción por la parálisis de las actividades banales sobre las que han creado un mundo de mentiras y frivolidades.

En primer lugar, a nivel de la propaganda esta filantropía de segunda clase tiene tanta prensa como el de la primera clase, dado el carácter esencialmente mediático de estos nuevos capitalistas. Por ello, la prensa, incluyendo aquella que se supone es algo alternativa no hace ningún reparo ni crítica a lo que se esconde detrás de las “donaciones” de los futbolistas y de los y las cantantes.

Porque, justamente, en segundo lugar, estos personajes, igual que los del primer grupo, tienen las mismas prácticas y comportamiento delincuencial (de nuevos delincuentes de “cuello blanco”) en cuanto a la evasión de impuestos, delitos fiscales, guardar sus dineros en guaridas financieras de diversos lugares del mundo y gozar de una cínica impunidad.

En tercer lugar, la ostentación y el lujo incluso son más acentuados en estos personajes que, por aquello de ser advenedizos en el reducido mundo de los millonarios, necesitan exhibir y mostrar sus caprichos de nuevos niños y niñas mimados por el capital, que tan bien acoge a los que se rinden a sus pies y se convierten en sus incondicionales difusores ideológicos y culturales.

Mencionemos algunos de esos personajes, a manera de ilustración.

Futbolistas: Empecemos por Leonel Messi, el cotizado futbolista del Barcelona, que fue noticia reciente porque donó medio millón de dólares a los hospitales de Argentina. A primera vista una espectacular acción de filantropía, la cual junto con aceptar la rebaja de sueldos del 70% del Club Barcelona, son exaltadas como muestra de los nobles sentimientos del futbolista. Incluso, L’Equipe llegó al extremo de comparar a Messi con el Che Guevara, bajo el título “Lionel Messi, el che del Barca”.

Eso no solo es fantasear en el aire sino desfigurar la realidad, porque lo único que tiene en común los dos es haber nacido en Argentina, en la ciudad de Rosario. De resto nada, porque Messi, a diferencia de Maradona, nunca ha tenido una postura política clara ante nada, ni en ninguna parte.

El Che Guevara fue anticapitalista, Messi es procapitalista hasta los tuétanos o, como diría Gabriel García Márquez, es un capitalista químicamente puro, sin una sola célula anticapitalista.

Lo que más interesa resaltar, aunque les duela a los fanáticos del fútbol y al grueso de los seguidores del Barcelona, es que Messi ha estado involucrado en sonados casos de evasión tributaria en España, por un monto de 4.2 millones de euros, por los cuales fue condenado a 21 meses de cárcel, que evadió a cambio de la cancelación de una abultada suma de dinero.

Además, en los Papeles de Panamá, donde aparecen registrados un gran número de los que esconden su dinero en cloacas fiscales, se encuentra el nombre de Messi quien, al otro día de la apertura de la investigación en su contra por delitos fiscales en España, abrió una de sus cuentas clandestinas en una empresa ficticia con sede en Panamá.

Para darse cuenta del entorno mafioso con que se mueven estos negocios, debe decirse que estas inversiones se basan en el secreto, el anonimato y, a menudo, usando nombres ficticios o alias y con directores fantasmas. Para ser más concretos, Lionel Messi, con el apoyo del asesor financiero Fonseca Mossack creó una empresa de correos, con el nombre de Mega Star Enterprise, y desde 2007 ocultaba ingresos relacionados con sus derechos de imagen.

Este no es un comportamiento excepcional, se ha convertido en permanente, como lo indica la denuncia de Federico Rettori, extrabajador de la fundación de Messi, quien señala que esta se ha usado para desviar dinero hacia proyectos sociales con la finalidad de "encubrir fines de carácter mercantil" (6).

La fundación Messi fue creada en 2007 en Barcelona, supuestamente para ayudar a los niños del mundo en situación de riesgo, la misma que dejó de presentar cuentas durante seis años, que es un imperativo legal en esta clase de organizaciones. Adicionalmente, el jugador firmó convenios con Qatar, de los que dejo de tributar los impuestos correspondientes.

Y en Argentina se han abierto investigaciones por el delito de blanquear capitales. Las sospechas llevaron al juez encargado del caso, Gustavo Meirovich, a levantar el secreto bancario relativo a propiedades y cuentas de ambos, su fundación y la empresa Limecu, para despejar sospechas sobre si lavó dinero negro que escapó al control de la hacienda pública.

En síntesis, comparado con la evasión, con otros negocios poco santos y con su patrimonio, estimado en unos 400 millones de euros, el millón de dólares que donó en Argentina no es nada, pues equivale a menos del 1% del mismo.

Otro dato es indicativo del verdadero alcance de esta entrega filantrópica: el sueldo de Messi a comienzos de 2020 estaba tasado en 8.3 millones de euros mensuales, algo así como dos millones por semana.

Así las cosas, su “grandiosa donación” corresponde a su sueldo de dos días, que obtiene por la “extraordinaria labor social” de darle patadas a un balón de fútbol.

El caso de Messi es solamente uno entre la pléyade de figuras que al mismo tiempo son evasoras de impuestos, delincuentes fiscales para ser más precisos y menos eufemísticos, tanto del fútbol como de otros deportes.

Junto a Messi se encuentran Cristiano Ronaldo, el chileno Alexis Sánchez, el brasileño Neymar y muchos más, entre ellos los colombianos James Rodríguez y Radamel Falcao García, quienes han sido condenados por evadir el pago de impuestos en España.

Por ejemplo, James Rodríguez defraudó al fisco español en 6.35 millones de euros en el año 2014, suma que con intereses ascendió cuatro años después a 11,65 millones de euros. Pero el caso que queremos destacar es el de Falcao García, porque ha posado de filántropo en estos tiempos de Covid-19.

Este fue condenado por fraude fiscal, el que negó durante mucho tiempo, hasta que estaba al borde de la cárcel, a la que finalmente fue condenado a una pena de 16 meses, que evadió pagando una multa de nueve millones de euros.

Este mismo futbolista, cuya carrera va cuesta abajo, ahora también se presenta como filántropo, al donar 155 mercados a familias pobres de la ciudad de Santa Marta. Una cifra ofensiva, por decir lo menos, y ridícula frente al monto de los delitos fiscales que cometió y por los que fue condenado a cárcel que, por supuesto, como los delincuentes de cuello blanco nunca pagó.

Lo que dona es una miseria frente a lo desfalcado y a su patrimonio, que llega a la cifra de unos 70 millones de dólares, con ganancias de 23 millones de dólares al año, y con un salario mensual en 2019 de 750 mil euros.

En pesos colombianos, sus ingresos equivalen a las siguientes estrambóticas cifras, según lo ha calculado el portal Tusalario.org: por año, $ 3.183.829.415,00; por semana, $ 734.729.865,00; y, por día, $ 146.945.973,007.

Estas cifras son inverosímiles para un médico en Colombia y en cualquier lugar del mundo, puesto que el ingreso mensual de un galeno en Francia es entre 4000 y 7000 euros, y mencionamos este país porque el salario de Falcao García en 2019 se cotizaba en la Liga Francesa de Fútbol y ascendía, repetimos, a 750 mil euros, unas 110 veces más.

Un verdadero oprobio para cualquier trabajador del mundo y sobre todo de aquellos que son esenciales para que funcione la sociedad. (7)

Lo llamativo es que el individuo que tiene esos jugosos ingresos es el mismo que evade al fisco, dejando de pagar millones de euros y, para dárselas de filántropo, regala unos cuantos mercados. Por eso es conmovedoramente estúpido el comentario de una periodista deportiva quien ha dicho que 2019 “ha sido un año duro para el futbolista, pero al menos tiene sus millones de dólares para compensar el dolor” (8).

¡Sí, un dolor semejante al que padecen los millones de seres humanos empobrecidos, cuya miseria se incrementa en estos días por el Covid-19!

¿Será que por ser evasor de impuestos y de cárcel es que algunos comentaristas y fanáticos del fútbol le tienen el mote de “Falcao el Hambriento”?

Estrellas de la farándula:

Si por el lado del fútbol llueve filantropía barata, por el lado de las “estrellas” del espectáculo no escampa y, como es obvio, la pandemia de Covid-19 ha sido aprovechada como una coyuntura de posicionamiento mediático para exhibir ese pretendido desprendimiento de las figuras del espectáculo. Mencionemos dos casos.

Empecemos por Madonna, “la reina del pop”, cuya fortuna de 570 millones de dólares la ubica en el puesto 39 entre las personas más adineradas del mundo. Esta cantante, luego de confesar que tuvo Covid-19, anunció con bombos y platillos la donación de un millón de dólares, léase bien, porque parece de ciencia ficción, a Bill Gates para buscar una vacuna contra la pandemia.

Como quien dice una transferencia interna entre filantropicapitalistas, en este caso de los de segunda clase a los de primera, para que todo quede en familia, es decir, en manos de los dueños del mundo.

Madonna ya tenía antecedentes como filántropa, en la que se recuerda un hecho bochornoso que sucedió en 2006, cuando adoptó un niño africano y para ello organizó un show mediático que hizo coincidir con el lanzamiento de un nuevo disco, para aumentar sus ventas. Fue clara la relación de una cosa con la otra, del gesto oportunista de la adopción de un niño pobre y la difusión de un producto comercial.

Como lo dijo un comentarista en ese entonces lo que hizo Madonna fue entregar “dinero a cucharadas”: “No me cuela el publicitado rasgo misionero de Madonna. No puedo creer que sea sincero y desinteresado el gesto de una señora que utiliza la boca hambrienta de un niño para meter a cucharadas el dinero en su cuenta del banco. (…) Cuando se alía con la publicidad y con los negocios, la bondad se parece una barbaridad a la corrupción de menores” (9).

Para darse cuenta, de la magnitud de la donación de Madonna con relación a sus ganancias, vale decir que el millón de dólares que le entregó a Bill Gates es inferior al millón y medio de dólares que el criminal Estado de Israel le pagó por actuar unos diez minutos en eurovisión 2018, cuando a cambio de dos canciones le canceló 1.5 millones de dólares.

De ese tamaño es la filantropía de Madonna, es decir un filantropicapitalismo muy barato que, por si faltara, le transfiere el dinero al campeón mundial de la filantropía capitalista. ¡Es decir, se juntan el hambre y las ganas de comer!

Y el otro caso, con el que queremos terminar el análisis del filantropicapitalismo de segunda clase, es el de Shakira.

En enero de este año, en España se ratificó el fraude fiscal de Shakira por 14.5 millones de euros solo entre 2014 y 2020, y se confirmó la acusación por seis delitos fiscales, puesto que sus triquiñuelas apuntaban a ocultar sus verdaderos ingresos, con un entramado de sociedades ficticias en cloacas fiscales de varios lugares del mundo.

Como cualquier consabido lumpencapitalista (bancos, multinacionales, empresas), Shakira empleo el llamado “método Amazon” para evadir impuestos en Luxemburgo. Esto quiere decir que el volumen de dinero que movía era suficiente para solicitar la denominada “tax ruling”, que está reservado a grandes empresas, como Amazon, Facebook, Pesi…, con la finalidad de pagar una mínima tributación y permitir que un 94% de las rentas se transfirieran a cuentas situadas en cloacas fiscales.

Como cualquier delincuente consumado, Shakira para desviar dinero fuera de España realizó maniobras ficticias en las que “su patrimonio dependía de Carpe Diem (Islas Caimán), Fire Dragon (Panamá), Fire Rabbit (Madrid), Coquito LLC (Estados Unidos), Chocolate Factory (Islas Vírgenes)... Todas estas sociedades carecieron de medios materiales y personales para realizar actividad alguna", según la Fiscalía de España, la cual subraya que su "único objetivo era ocultar a la Hacienda pública las rentas y el patrimonio", porque "la única relación que la querellada tuvo con las Islas Vírgenes Británicas, Islas Caimán, Malta, Panamá y Luxemburgo fue el domicilio de las sociedades" (10).

En pocas palabras, eran sociedades de pacotilla para eludir el pago de impuestos y otras responsabilidades fiscales. Un típico procedimiento de los trúhanes de los bajos fondos, que ha sido descubierto en los Papeles de Panamá, en donde figura Shakira.

De tal manera, que sus incursiones filantrópicas en el terreno de la educación para tapar sus delitos fiscales desde hace casi quince años, ahora se complementan con la coyuntura del Covid19, cuando con gran ruido mediático se anuncia que ha donado a la ciudad de Barranquilla, donde nació, la “fabulosa” cantidad de 50 mil tapabocas y 10 respiradores.

Una miseria humillante, por decir lo menos, si se compara con su evasión fiscal de 14,5 millones de euros, uno de sus numerosos delitos fiscales, con su patrimonio personal avaluado en 300 millones de dólares, con sus ingresos diarios de 130 mil euros, con sus ganancias de 4 millones de euros al mes y de 48 millones al año.

Lo que donó Shakira es una miseria no solo frente a lo que recibe diariamente, sino a la evasión de impuestos y otros delitos fiscales que ha llevado a cabo de manera continuada durante varios años.

Como para darse cuenta de la magnitud de su donación, hay que decir que al tiempo que se exalta su filantropía, la misma Shakira exhibe impúdicamente a través de sus redes sociales sus casas de lujo en Barcelona y en Miami, esta última avaluada en doce millones de dólares.

Como quien dice, su “generosa donación” en Barranquilla debe equivaler al costo de una de las paredes de sus mansiones de nueva millonaria.

Nada que envidiarle a la “pobre viejecita” de nuestro poeta Rafael Pombo, cuyos versos decían: Érase una viejecita/sin nadita que comer/ sino carnes, frutas, dulces,/ tortas, huevos, pan y pez. (…) Y esta vieja no tenía/ni un ranchito en qué vivir/ fuera de una casa grande/con su huerta y su jardín”.

La mansión de una filantropicapitalista de segunda clase, la “pobre viejecita” Shakira en Miami. Aquí viven con lujo y confort los que evaden impuestos y donan una miseria de lo robado al fisco.

Pues Shakira es la pobre viejecita de nuestros días, la evasora de impuestos y la que se mueve en las cloacas fiscales con más soltura que su derrière en los escenarios musicales, y la misma que de manera simultánea ostenta obscenamente sus riquezas y se fotografía con los niños pobres del mundo.

Como lo dijo un anónimo lector de una página web al comentar una noticia de los fraudes fiscales de Shakira: “En breve la veremos en algún reportaje televisivo visitando a los niños desfavorecidos del Congo, fruto de la correspondiente campaña de blanqueamiento. Por un lado muestra su cara más solidaria (eso sí, cobrando) y por otro muestra su cara más dura, la del fraude y el engaño”.

Para completar, y demostrar que la desgracia de las mayorías se convierte en una oportunidad de negocios para los capitalistas, Shakira, que tiene una línea de perfumes que también le ha servido para evadir impuestos, anunció con una gran dosis de oportunismo que en épocas de pandemia esas empresas se dedicaban a producir gel antibacterial.

Una clara muestra del filantropicapitalismo: convertir el dolor en una fuente de negocio y adaptarse al mercado para traficar con las necesidades de los pobres y a eso es a lo que llaman “reingeniería”, como ejemplo de que la filantropía se adecua a todo, con tal de rentar.

En conclusión, la epidemia de coronavirus se ha convertido para futbolistas y cantantes de fama en una gran oportunidad para reconvertirse en filántropos, con lo cual tapan y ocultan sus delitos. De delincuentes pasan a filántropos.

Debían haber pagado cárcel, a la cual además han sido condenados, pero por aquello que la justicia es para los pobres, andan orondos por el mundo ostentando de su filantropía y de su riqueza.

Habría que referirse a la utilidad social de estos personajes en tiempos de coronavirus, al comparar sus astronómicos salarios e ingresos, con los que ganan los médicos, enfermeros y asistentes sanitarios, muchos de los cuales han muerto y otros centenares se han contagiado. Aviones privados, coches de alta gama o relojes de lujo son algunos de los caprichos que, a menudo, se pueden observar en los deportistas y cantantes más populares del mundo.

El cinismo adquiere dosis de obscenidad, porque mientras se las dan de filántropos con donaciones miserables (si se comparan con sus ingresos y con los impuestos que han evadido en diversos países) al mismo tiempo dan a conocer los lujos con los que afrontan el confinamiento.

A manera de conclusión: El Covid-19 como una oportunidad dorada para el filantropicapitalismo.

Bill Gates, el campeón mundial del filantropicapitalismo, declaró hace algunos años: “Usamos los fondos de la Fundación para establecer un sistema que pusiera las fuerzas del mercado a trabajar para los pobres” (11), lo cual ya es una mentira, porque para él de lo que se trata es justamente de lo contrario: de poner a los pobres a trabajar para las fuerzas del capital.

La intrusión en el campo de la filantropía por los empresarios capitalistas de nuestro tiempo se hace con la finalidad de que se mantenga el nivel de sus negocios y ganancias, y por eso se requiere incentivar un cambio positivo de las comunidades para que acepten como natural al capitalismo y conciban a los capitalistas como seres benefactores que solo buscan el bien de los otros, maximizando su propio bienestar.

Es la teoría del goteo, tan cara al neoliberalismo, aplicada en el presente y llevada al terreno para empezar a regar unas góticas de riqueza a los pobres, para que acepten al capitalismo como un horizonte insuperable.

Pero eso no se hace desde la perspectiva de perder las inversiones, como podía pensarse que hacían los filántropos del siglo XIX, sino que ahora lo filantrópico es un nuevo nicho de mercado, donde se generan ganancias, como en cualquier negocio.

La filantropía capitalista nada tiene que ver con la solidaridad ni con la compasión, sentimientos que son ajenos a la lógica del capital, porque mientras la solidaridad es horizontal y reconoce a los sujetos como protagonistas de la superación de sus problemas mediante la acción activa y la lucha consciente contra quienes los oprimen y explotan, la filantropía es una impostura vertical, de arriba hacia abajo, desde los que se consideran a sí mismos como superiores y piensan que la desigualdad es algo natural y ellos son privilegiados porque así lo ha dictado el Dios Mercado.

Dicha creencia se fortalece en tiempos como los actuales, atravesados por el Covid-19, cuando los filantropicapitalistas de las dos clases señaladas han visto una oportunidad dorada de enriquecerse a costa del dolor ajeno, el de los pobres, mientras presumen de ser personajes bondadosos, cuyas enormes riquezas son fruto de su esfuerzo personal y de su sacrificio, algo así como las robinsonadas del siglo XVIII, pero ahora llevadas al terreno del expolio de los pobres a partir de convertir en una mercancía rentable la propia pobreza.

Gráfica.-Los empleados de Amazon duermen en tiendas de campaña cerca de un almacén escocés

Bogotá, mayo 18 de 2020

Notas:

(1). Ejemplo tomado de Juan Torres López, Los multimillonarios, la pandemia y nosotros, los payasos. Disponible en: https://rebelion.org/los-multimillonarios-la-pandemia-y-nosotros-los-payasos/
(2). Chut Collins et al., Billionaire bonanza 2020: wealth windfalls, tumbling taxes, and pandemic profiteers, Institute for Policy Studies. Disponible en: https://ips-dc.org/billionaire-bonanza-2020/
(3)https://radiodiezdemarzo.com/la-hipocresia-de-jeff-bezos-es-la-filantropia-de-los-ultimillonariosuna-farsa/
(4)https://www.infobae.com/america/mundo/2020/03/16/quienes-hicieron-el-mapa-de-johnshopkins-ya-habian-hecho-un-simulacro-en-octubre-pasado/
(5). https://www.larepublica.co/globoeconomia/la-fundacion-del-multimillonario-bill-gates-secentrara-exclusivamente-en-el-coronavirus-2998100
(6). https://www.eldiario.es/sociedad/extrabajador-denuncia-Fundacion-Messi_0_906410069.html
(7) https://tusalario.org/colombia/tusalario/salarios-de-los-famosos/radamel-falcao
8 . Cristina González, Leonel Messi es https://es.mediamass.net/famosos/lionel-messi/mejorsueldo.html
(9)https://www.laopiniondezamora.es/opinion/1686/dinero-cucharadas/174170.html
(10). https://www.elconfidencial.com/espana/2019-02-27/shakira-hacienda-paraisos-fiscales-querellafiscalia_1850142/
(11). Fondo Monetario Internacional, Finanzas & Desarrollo (Editorial), diciembre de 2012.

Fuente:
https://rebelion.org/wp-content/uploads/2020/05/CORONAVIRUS-Y-FILANTROPICAPITALISMO-REBELION-copia.pdf