Cultura
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Poeta, pintor, abogado y político colombiano.




Ave Fénix

¿Y por qué
no escapaste
cuando cayeron Jaime,
Leonardo,
Miller?

¿Cuando Teófilo partió en un viaje sin retorno
y Antequera entró en el aeropuerto
y Bernardo lanzó su última sonrisa?
Y cuando aquel desconocido (labriego, obrero, estudiante)
dijo: -Aquí luché, aquí muero.-
Y murió.

No hablamos de la cacería del tigre
ni de la flecha contra el águila
sino de un genocidio a la luz del día,
del racimo entregado al sacrificio,
de abuelos, nietos, hijos, madres
que en vano anhelaron tu regreso.

… Los árboles
transmiten sus semillas
en el aire.
Las lanzas de Bolívar,
las luciérnagas
de Policarpa
y el aullido
de los libertadores
resucitan con niebla
en la hondonada.

Tras la pared de fusilados
invencibles retoñan
los geranios
y deidades anónimas
bautizan callejuelas
del mercado.

¿Quizás el exilio
nos habría salvado?
¿Tal vez el asilo
preservaría a Jaime y a Leonardo
cuando el palacio
armó la mano del esbirro?

Dejemos al examen del futuro
el error de la lucha, si era bueno
acudir a la cita, si era mejor agazaparse, si el tejido
del tapete gigante debería
llevar un hilo de oro o de topacio
en lugar del cabello aniquilado.

Pero
no teorices
sin medir el esfuerzo, la titánica
labor que hace la ola en el océano
ni consigas el titulo con tesis
bien (mal) pagadas
sobre la tumba de los mártires.
Sube un rayo
de luz anunciadora,
una espuma veraz
del fondo oceánico
desde la sencillez
de Jaime
Pardo.


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