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(Extractos) Hace 20 años, el domingo 6 de diciembre de 1998, Hugo Chávez Frías logró, de la mano del Movimiento V República (MVR) una contundente victoria sobre los partidos tradicionales unidos (...) sucediendo al conservador Rafael Caldera en la presidencia de Venezuela.



Tenía 44 años, y un discurso social agitado y amenazante que según la prensa hegemónica espantaba a los inversionistas, ejecutivos locales y elite política. Prometió transformar por completo el sistema político y legal de Venezuela, así como "revisar" las inversiones extranjeras.

Su figura se hizo popular desde el golpe de estado que coprotagonizó en 1992 (contra el corrupto gobierno de Carlos Andrés Pérez), sobre todo por los escasos segundos de televisión cuando fue apresado cuando admitió la derrota, “por ahora”. Pasó dos años en prisión, y en 1994 fue perdonado por el presidente Rafael Caldera.

Cuando Chávez fue nombrado candidato presidencial por el Movimiento V República (MVR), a mediados de 1997, no alcanzaba ni el 10 por ciento de la intención de voto, pero tras recorrer ciudades y pueblos del país, esta situación cambió radicalmente. ¡Con Chávez manda el Pueblo! fue la consigna y sus encuentros eran cada vez más concurridos.

Boinas rojas y el tricolor nacional resaltaban siempre en el río de gente, donde los niños se “disfrazaban” de Chávez con sus camisas verdes y boina roja.

De manera acelerada, el nacido en los Llanos (Sabaneta de Barinas) aumentó su popularidad de manera sostenida (…)

Chávez ganó las elecciones con una ventaja de un millón 60 mil 524 votos, causándole una derrota histórica al bipartidismo adeco-copeyano, que mantuvo al país sumido en la miseria por más de cuatro décadas, dilapidando sus gobiernos los grandes recursos provenientes del petróleo.

Las elecciones presidenciales de 1998 fueron el comienzo de una Revolución en el que el Pueblo venezolano llegó al poder y Venezuela comenzó a transitar un camino de participación popular, inclusión y justicia social. Empezó a escribirse, como lo dijo Chávez en algún momento, "una historia imborrable".

El 2 de febrero 1999, Chávez asumió la presidencia de Venezuela con un juramento que marcó el inicio de un profundo proceso de cambios: "Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi Pueblo, que sobre esta moribunda Constitución (la de 1961) impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos. ¡Lo Juro!" (…)

En la campaña electoral del candidato Chávez y en su propuesta electoral: “Una Revolución Democrática para transformar a Venezuela” (1998), fue un ferviente crítico del “capitalismo salvaje” y de su expresión concreta, el “neoliberalismo” (…)

Venezuela y quizá América Latina, la región más desigual del mundo, no son los mismos después de Hugo Chávez, que arrojó sobre el pensamiento latinoamericano la percepción de que las urgentes transformaciones estructurales, ya no solo eran necesarias e imprescindibles, sino también perfectamente posibles (…)

Fueron 14 años que transformaron Venezuela pero también Nuestramérica. Simboliza la emergencia del pensamiento regional emancipatorio del cambio de época, con críticas anticapitalistas de cuño marxista, con una concepción humanista, que rescató la idea de socialismo como horizonte utópico.

Fue quien tuvo en claro la necesidad de transformar nuestras grandes mayorías (los invisibilizados por las elites y los medios hegemónicos) en sujetos de política (y no mero objetos de ella) y se atrevió a lo que muchos consideraban (o creíamos) imposibles, como enfrentarse al imperialismo, o romper con las buenas costumbres de la democracia formal y liberal, institucional y declamativa, entendiendo que había que empoderar a los pobres, dándoles acceso a la educación, vivienda, salud, para todos.

Chávez comprendió que había que pasar de la etapa de más de 500 años de resistencia a una etapa de construcción de naciones soberanas, de una verdadera democracia participativa, de construcción de poder popular, mediante una revolución por medios pacíficos, avanzando hacia la integración y unidad de nuestros pueblos (y no de nuestro comercio), mediante la complementación, la cooperación y la solidaridad, lejos de los dictados del Consenso de Washington (…)

En su propuesta de ruptura con el capitalismo hegemónico, aparece un modelo humanista con bases marxistas y esto responde a la pretensión y necesidad de construcción de un modelo ideológico propio, de verse con ojos venezolanos y latinoamericanos (…)

Desde hace más de una década, en América Latina transitamos un nuevo momento histórico, el de la búsqueda de los caminos para superar el neoliberalismo. Venezuela, de la mano de Hugo Chávez, fue vanguardia y creó condiciones y estimuló que otros se animaran (…)

En octubre de 1999, el presidente brasileño Luiz Inacio Lula de Silva señalaba que “Chávez es un mal ejemplo: defiende algunas ´antigüedades´ como la soberanía nacional, el bienestar del Pueblo, el combate efectivo de la corrupción, propone nuevas relaciones entre el mercado y el Estado. Quiere rupturas democráticas (…) Es un verdadero revolucionario, pensador profundo, sincero, valiente e incansable trabajador”.

En 1999, cuando asumió el gobierno, el país “ostentaba” un 62% de pobreza y 24% de pobreza crítica, vergonzosos indicadores de deserción escolar, muerte al nacer, mortalidad maternal, desnutrición generalizada. Y, pese a tropiezos y retrasos en aspectos tales como las cooperativas y las comunas, Venezuela logró resultados espectaculares: alcanzó anticipadamente seis de las ocho Metas del Milenio, cuyo cumplimiento fijó la ONU para el año 2015. Venezuela ostentó con Chávez el menor Índice de Gini (de desigualdad) de la América Latina capitalista.

En menos de una década, Venezuela erradicó la pobreza extrema; logró que estudien el 95% de los niños en edad para la educación primaria; avanzó más de 70% en la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer; combatió eficazmente el paludismo, el sida y otras enfermedades, y garantizó la sostenibilidad del medio ambiente (incluso vetó una ley que permitiría privatizar ríos, lagos y lagunas).

Con la Misión Barrio Adentro y otras iniciativas garantizó la atención médica en las vastas zonas desposeídas y marginalizadas durante décadas, un sistema de pensiones que cubre a todos los ancianos y garantizó a éstos el transporte público gratuito. Se trataba de empoderar a los pobres, incluirlos por primera vez en la historia en el acceso a la nutrición, la salud, la educación, convirtiendo a los ciudadanos en sujetos (y no meros objetos) de políticas, capaz de elegir su propio destino.

“Extraño dictador este Hugo Chávez. Masoquista y suicida creó una Constitución que permite que el pueblo lo eche, y se arriesgó a que eso ocurriera en un referéndum revocatorio que Venezuela realizó por primera vez en la historia universal. No hubo castigo. Y resultó la octava elección que Chávez ganó en cinco años”, señalaba el escritor uruguayo Eduardo Galeano, en agosto de 2004.

Desde abril de 2002 la oligarquía vernácula y Estados Unidos insisten permanentemente en un golpe (primero de Estado, luego suave, siempre mediático) para arrebatar al país su principal industria, Petróleos de Venezuela, que aplicaba directamente sus recursos para un gasto social de cerca del 64% del egreso público (…)

Sin dudas, la actual guerra económica planificada y ejecutada por la oligarquía mercantil y financiera (y sus patrocinantes del exterior) para derrocar la Revolución Bolivariana y apoderarse de totalidad de la renta petrolera es, sencillamente, una nueva fase de la lucha de clases en Venezuela.

Quizá como lo intentara tres décadas antes Salvador Allende en Chile, Chávez apostó por la vía pacífica al Socialismo, y ese camino fue continuamente bombardeado desde la derecha vernácula, latinoamericana y globalizada con intentos de golpes, desestabilización y sabotaje económico, violencia, permanente terrorismo mediático y magnicidio.

Chávez derrumbó al menos tres mitos, el del fin de la historia y de las ideologías (en nuestra región la historia recién empieza), la incompatibilidad de los militares con la democracia, y el sesentista de que a las masas no les interesa el Socialismo. La constitución socialista de 1999 fue aprobada en referendo por el 72% de los ciudadanos, poniendo en marcha esa democracia participativa, con “apenas” 17 consultas electorales en menos de tres lustros.

Señalaba Chávez que la base para construir una sociedad socialista está conformada por los colectivos sociales, el Poder Popular, los cuales deben ser capaces de participar protagónica y conscientemente en la construcción de dicha sociedad y (en consecuencia) en las luchas para derrotar la pobreza, la desigualdad y la injusticia social, el individualismo y el egoísmo que son los antivalores sobre los cuales se sustenta el sistema capitalista y el despotismo neoliberal (...)

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana, ante las propuestas antiimperialistas y anticapitalistas impulsadas por Chávez, dio un vuelco histórico para respaldar el proceso, tras el sentimiento de responsabilidad por los hechos funestos del Caracazo del 27 y 28 de febrero de 1989, durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez.

El gobierno bolivariano, además, diversificó la compra de armamentos para evadir el bloqueo de EEUU, y creó una reserva que puede aportar un millón de efectivos (...)

Fue la Venezuela bolivariana la que potenció el paso del mundo unipolar a uno multipolar: repotenció la Organización de Países Exportadores de Petróleo y puso a valer, nuevamente, el precio de los hidrocarburos; coadyuvó al proceso de Paz de Colombia y denunció los tratados que subordinaban la soberanía nacional a organismos como el Ciadi, la Organización Mundial de Comercio y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (...)

(*) Aram Aharonian: Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la )

Fuente:
https://www.rebelion.org/noticia.php?id=249784