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La memoria histórica, es una memoria adolorida, es un espacio de disputa contra los victimarios, sus aliados y su odiosidad hacia el pueblo, contra quienes pretenden esconder las crueldades de la mayor tragedia social de nuestra historia.



Resumen de la presentación del libro “Allendismo y Derechos Humanos”

Buscar, rescatar y reivindicar la historia, el temple, la entrega y coherencia de nuestras compañeras y compañeros asesinados o insepultos, hechos desaparecer por su compromiso con el socialismo y hermanar a aquellos constructores de consciencia que lucharon, resistieron y que sobrevivieron con lealtad al compromiso social. Reivindicarlos, implica luchar contra el olvido y contra los genocidas, ya que el pasado reciente no ha transcurrido, muchos de los traumas personales y colectivos siguen presentes.

En esta lucha contra el olvido, la izquierda deber ser también promotora de las prácticas y los sentires transformadores. Salvador Allende, no es exclusivamente un mártir republicano por la democracia, un buen samaritano como lo difunden los social-liberales. Siempre fue y será, un estandarte de los objetivos socialistas y populares, por los cuales vivió y entregó su vida. Un defensor intransigente de los intereses nacionales y populares. Por esa razón, es que el pueblo lo honra en marchas, actos, velatones, publicaciones y actividades culturales. Allende y su legado, tienen presencia en el presente.

El triunfo popular de 1970, movilizó un enérgico ánimo de rebeldía, de sentimientos compartidos, con una ética de solidaridad humana, de entrega y desprendimientos personales. Había que construir, colectivamente, una primavera de esperanzas y de creatividad emancipadora. Fueron tiempos de pelo largo, los malones, las alpargatas, flacuras y barbas, patillas y boinas, el paltó, el montgomery, los bototos y las ojotas, manta e castilla, teléfono de disco, del tranvía y el trolley, los libros publicados por Quimantú, la militancia y el trabajo voluntario. Echar a andar, darle dignidad y protagonismo al pueblo, era nuestro ideario. Nuestros valores, la lucha por la verdad, la memoria y la justicia social. Los pobres y los niños estaban siendo vacunados y recibieron leche. Y no solo el cobre sería el sueldo de Chile. Vivíamos la alegría en las calles, entonando “El pueblo unido jamás será vencido” y el “…y que jué”.

El terrorismo de Estado, era inseparable de la violencia institucional y económica contra el pueblo. En la primera fase de represión, la dictadura no se preocupó de esconder los crímenes para traumatizar al país y lisiar el conocimiento. Su faena y su maldad fueron ideológicas. Fue para aniquilar dirigentes y militantes del movimiento popular. Nuestros caídos sembraron rebeldías, ideas justicieras y redentoras. Ellos, nunca realmente se han ido. Forman parte de un proyecto transformador. No sólo aspiraron a profundizar las derechos ciudadanos, sociales y políticos y que representan un gran progreso. Fueron, son y serán también parte a la emancipación, la redención social y a la auto-liberación humana.

Los sectores dominantes pueden aceptar que las vivencias de los caídos, permanezcan en la memoria, a cambio de que no se les recuerden sus ideas y la práctica social transformadora de la sociedad.

La memoria histórica, es una memoria adolorida, es un espacio de disputa contra los victimarios, sus aliados y su odiosidad hacia el pueblo, contra quienes pretenden esconder las crueldades de la mayor tragedia social de nuestra historia. Ellos pretenden promover inconsciencia social para anestesiarnos y tener un control en pensamientos y de las ideas críticas y liberadoras. Se trata de reivindicar el protagonismo histórico de los sujetos y las organizaciones populares, e impedir que las injusticias y las impunidades continúen. La memoria no es solo convicciones, es también sentimientos, para acallar lo oscuro. Pretenden, exculparse, despolitizar, encubrir, disfrazar y manipular, reinscribir y falsificar la memoria hacia atrás. Recortar la historia. Ejemplo, la derecha celebrando el triunfo del NO.

La lucha por los derechos humanos se alza contra la élite, que históricamente ha promovido e inspirado masacres, persecuciones y atropellos. Esa élite, que fue el cerebro criminal del terrorismo de Estado y de genocidios horrendos, otorgó poder a criminales y rufianes, para cometer tropelías como agentes del Estado, para construir una entidad monstruosa, encanallada, degradadora de la sociedad y con prácticas delincuenciales y sin control.

Para el Golpe contra-constitucional, existía un Poder Judicial que tuvo un odio visceral hacia el pueblo. Asumió la tiranía que ejecutaba una despiadada y sanguinaria represión. Practicaron la inmunidad con su poder infinito, hegemónico y total. Recuérdese el “No ha lugar” como respuesta a los Recursos de Amparo interpuesto por los familiares de los desaparecidos. No escucharon las súplicas legítimas de justicia. La gran mayoría de los magistrados, fueron obsecuentes de la dictadura castrense y de la clase dominante.

Según Jaime Castillo, quien representó a cientos apresados, afirmó “Los magistrados casi siempre, eran serviles y timoratos y tenían mucho rencor hacia la Unidad Popular”. La Corte Suprema rechazó todas, salvo diez, las peticiones de recursos de amparo, de más de 5.400 presentaciones. Incluso el Presidente de la Corte, en 1978 declaró “Los desaparecidos me tienen curco. No creo que existan”.

Los lugares de alaridos inenarrables de torturas, se transformaron en verdaderos “Avernos”. Se trataba de devastar a los secuestrados, de demoler los cuerpos y las convicciones, mutilar los afectos y de despojarlos de toda legalidad, para concluir en el aniquilamiento. En muchos casos se aplicó racismo, clasismo y machismo sistemático de Estado.

“No ubicables”, fue al principio, él término, “desaparecido o desaparecida”, surgió en febrero de 1974, agregándose posteriormente el de “Detenidos-Desaparecidos”. Él “Donde Están” y él “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, surgieron de la cotidianidad de las luchas de madres y padres, abuelas y abuelos, hermanas y hermanos, esposas y esposos y sus parejas con el grito, “Ahora y Siempre”. Después el “Y va a caer, Y va a caer”.

No se sabía lo que éramos. Nos catalogaban de prisioneros de guerra, prisioneros políticos, presos políticos, un número, delincuentes, personal de detenidos, terroristas, antisociales, maricones, maracas, culiás, guevones, asesinos, marxistas, subversivos, confinados y otros epítetos.

Es por todo esto, que debemos desarrollar el protagonismo de una izquierda histórica y a la vez emergente, una izquierda social y cultural, que tenga como objetivo básico, fracturar el statu quo del modelo neoliberalista, que abandone la pasividad y los sectarismos, para convertir a los sectores populares, en rebeldes contra las injusticias formateadas por los grandes consorcios financieros, cuyo objetivo es la mantención de sus privilegios y de la hegemonía del gran empresariado, amparada por los poderes fácticos, y los medios de comunicación privilegiados. Una izquierda no sólo denunciativa. Que reconstruya el alma colectiva, en pluralismo inspirado en un cuerpo de principios comunes, que traduzca en propuestas concretas las insatisfacciones y los anhelos del pueblo y se re-apropie de la calle. Que se una en la adversidad.

Los modernos encomenderos, han desarrollado el sistema de mercado al servicio de los aparatos ideológicos dominantes, para el control social del pueblo, además de deformar e intoxicar la información con burdos montajes contra el pueblo mapuche, callar acontecimientos, como nuestras pensiones vergonzosamente arrebatadas, nuestros alimentos manipulados con químicos, desprestigiar, silenciar y eclipsar lo social y lo reivindicativo, incluso criminalizar a los que protestan contra los abusos, para que nuestra existencia le pertenezca al mercado.

Por su parte, los gobiernos post-dictadura y la sociedad pos-genocida, acogieron con insuficiencias, los petitorios de las víctimas y de los esperanzados. Se han acumulado durante tres décadas, promesas incumplidas y de traicionero abandono. Se ha subvalorado a los torturados sobrevivientes., frente al dolor de los asesinados y detenidos desaparecidos, a los niños y niñas víctimas del terrorismo de Estado, que sufrieron brutales allanamientos en sus moradas. A la actual democracia le falta verdad.

La actual Constitución, fue construida sobre la sangre, las torturas, las delaciones y el odio de los golpistas contra el pueblo. La alienación, el desánimo y el contra-politicismo, le conviene a los que defienden el actual status quo. Los cómplices procuran falsificar y adulterar los hechos del pasado reciente, y los conversos procuran olvidarse y que nos olvidemos.

El negacionismo y la relativización de los hechos, derivan en que no cicatricen los dolores. Hay momentos que parte de la izquierda, ha promovido la desmovilización y la sujeción social. Ello, nos ha derivado en desgaste y reflujo movilizativo. Un pueblo con muchas esperanzas, ha cosechado muchas decepciones. En muchos lugares del planeta, los memoriales, museos, monumentos los promueven los vencedores. En Chile, la re-significación de los lugares de oprobio, han sido peticionados por las organizaciones de víctimas del terrorismo de Estado y las organizaciones e instituciones que cuentan con caídos en dictadura.

La Izquierda, el allendismo y los valores humanizantes, están presentes y son futuro. Están al interior de los partidos y organizaciones de izquierda. Los principios están domiciliados en la gente común, en el pueblo. Están mayoritariamente ausentes en los poderes estatales. Está presente en las marchas reivindicativas. Allí es, donde nuestro compañero Allende, siempre nos acompaña.