El primer papa latinoamericano vuelve a pisar el subcontinente que lo vio nacer —aunque no ha incluido a su Argentina natal en ninguno de sus periplos— y esta vez su gira comenzó por Chile, una nación que reabrió todas sus heridas con la iglesia católica y sacó a relucir viejos conflictos mucho más vivos de lo que sus políticos quieren presentar. Pero este es un Papa singular, demasiado a la izquierda para unos, aunque la fe religiosa dice no conocer de ideologías. Por lo que, lejos de intimidarse, ha reconocido lo difícil de su viaje, ha cargado con los mea culpas y ha puesto en su agenda a un grupo marginado: los mapuches, a los que le habló en la ciudad de Temuco, en su tercer día de visita en el país franja de América del Sur.

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