DDHH
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En el último año, hemos tenido que vivir en carne propia las y los colombianos el incremento de la precarización laboral, la constante zozobra por serios problemas de inseguridad, causados por la desigualdad, la falta de oportunidades y la pululación de cuanto cartel mexicano y grupos sucesores del paramilitarismo, que controlan a su antojo las zonas en las que hacen presencia, cometiendo toda clase de delitos y atentando contra las comunidades, sin ser detenidos ni investigados por las autoridades competentes.



Recuerdo muy bien, que las organizaciones defensoras de Derechos Humanos (DDHH) desde el año 2016 comenzaron a denunciar férreamente, las diferentes inquietudes y preocupaciones que se identificaban en los territorios, respecto a riesgos inminentes que podían atentar contra la seguridad y tranquilidad de las comunidades; es así, que sin tomar las medidas de prevención convenientes por parte del Estado, se inició la primera oleada del segundo ciclo de violencia generada en contra de los líderes y lideresas sociales a nivel nacional.

Esta situación en el último año no ha mejorado para nada, por el contrario, en los últimos cuatro años ha ido escalando y tomando más fuerza la crisis humanitaria que enfrenta el país, tan es así, que diversos sectores de la sociedad civil y algunos medios de comunicación han realizado campañas y pronunciamientos, exigiendo al Estado Colombiano se proteja la vida de las y los líderes sociales.

Como consecuencia de esta evidente hecatombe (debido a que los cuerpos sin vida de los compañeros y compañeras asesinadas, no se pueden ocultar) se originaron en los últimos tres años, por parte de los organismos internacionales como ONU y la Comisión interamericana de DDHH, múltiples pronunciamientos y recomendaciones a Colombia, para que se brinden la protección adecuada a las comunidades más afectadas, así como la debida protección a los líderes y lideresas.

Por ello, el recién nombrado gobierno del presidente Duque “y en su extrema generosidad” accedió a extender la invitación para que se realizará una visita oficial por parte del relator de DDHH de Naciones Unidas Michael Forst, la cual efectivamente se llevó a cabo en el mes de noviembre del año 2018.

En esa oportunidad, el señor relator se tomó el trabajo de visitar la Colombia profunda, la Colombia auténtica que muestra la cara de las fallas estructurales de la desigualdad y la miseria humana a la que están sometidos millones de colombianos gracias a los tentáculos de la codicia y corrupción de la clase hegemónica.

Pero así mismo, el señor relator pudo verificar con sus propios ojos la precaria situación y el alto riesgo al que están expuestos los líderes y las lideresas, quienes se encuentran en los territorios trabajando arduamente para mejorar la calidad de vida de sus comunidades, exigiendo cosas mínimas y vitales como agua potable, mejorar las circunstancias y la atención en salud, educación, trabajar por una verdadera reforma agraria integral que permita una seguridad alimentaria, y erradicar la violencia a causa de los hostigamiento cometidos por parte de los grupos armados que hacen presencia, así como la implementación de los Acuerdos de Paz.

No es cierto, que el señor relator Michael Forst haya solo teniendo en cuenta los informes de las organizaciones de la sociedad civil, es que vuelvo y repito el señor relator se tomó el trabajo de caminar por las trochas y caminos de las zonas más alejadas del país y conocer de primera mano la situación de los líderes y lideresas, así como la crisis humanitaria causada por la reiterada y sistemática violación a los DDHH en las zonas rurales, especialmente las desamparadas por el Estado Colombiano.

Es preciso mencionar que, en el marco de la visita oficial, el señor relator tuvo la oportunidad de reunirse con diferentes entidades del gobierno y con el mismo señor presidente Duque, sin embargo, las cifras e informes presentados por las entidades no convencieron al relator, gracias a que él tuvo la oportunidad de hacer sus propios análisis de contexto y contrastar la información rendida por el Estado Colombiano vs. La visita a los territorios, y es que definitivamente las inspecciones en terreno enriquecen y hablar con la gente fortalece.

Considero muy humildemente, que los pronunciamientos hechos por el gobierno del presidente Duque en los últimos dos días, han sido verdaderos señalamientos que evidencian que el informe elaborado por el señor relator ha levantado una gigante ampolla, este informe refleja la cruda realidad, la cual es odiosa y repugnante.

Resulta abominable tener que ver esta realidad plasmada en un informe de tan altas calidades y cualidades.

Recomiendo de manera muy respetuosa que en vez de dar tan grotescas respuestas y atacar el informe, el señor presidente Duque, empiece a trabajar por mejor la calidad de vida y garantizar los DDHH y fundamentales de las comunidades y proteger efectivamente la Vida e integridad física de quienes día a día no escatiman esfuerzos por exigir el respeto y restablecimiento de los DDHH.

Lamentablemente una vez más Colombia se raja en Derechos Humanos y no lo digo yo, lo dice el señor relator Michael Forst.

Foto: Juan B. Díaz. El Tiempo