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Los rohinyás son alrededor de un millón de personas, concentradas como grupo étnico en el norte del estado de Rakáin, en Myanmar (Birmania), cerca de la frontera con Bangladesh, desde el siglo XII, pero a diferencia del 90% de los birmanos, que profesan el budismo, los rohinyás son musulmanes.



La premio Nobel de la Paz paquistaní Malala Yousafzai ha denunciado el “silencio mortal” de  Aung San Suu Kyi, la también premio nobel de la Paz Birmana, quien se desempeña como ministra de relaciones Exteriores y consejera de Estado, y se ha negado a pronunciarse sobre la masacre de la minoría musulmana:

“Hoy, hemos visto imágenes de niños que fueron asesinados por las fuerzas de seguridad birmanas. Estos niños no atacaron a nadie, pero sus casas fueron destruidas. Si Myanmar, donde viven desde hace varias generaciones, no es tu casa, entonces ¿qué es?”.

Llamó a todos los países, a seguir el ejemplo de Bangladesh y proporcionar alimentos, refugio y acceso a la educación a las familias Rohingya, que intentan escapar de la violencia y el terror.

Human Rights Watch ha acusado a las fuerzas Birmanas de violar y cometer abusos sexuales contra mujeres y niñas Rohingya, durante sus operaciones a finales de 2016, pero el gobierno continúa en "un estado de negación" respecto a las "atrocidades" que está llevando a cabo su Ejército.

Al igual que el Pueblo Palestino, esta es una de las comunidades que más ha sufrido a lo largo de la historia. Los miles que han logrado huir de la violencia ahora viven en condiciones miserables en Bangladesh. Entre ellos, hay miles de niños inocentes que ni siquiera tienen la oportunidad de ir a una escuela digna.

El conflicto entre musulmanes y budistas se remonta en Birmania a 1942, durante la segunda guerra mundial imperialista, cuando los rohinyás, apoyados por los británicos, se enfrentaron a los budistas locales, respaldados por Japón.

Los rohinyás son objeto de persecución en Birmania: las autoridades del país no los reconocen como ciudadanos, ni como uno de los 135 grupos étnicos oficiales del país, sino “inmigrantes bengalíes”, los confinan en guetos y se hacen de la “vista gorda” ante las matanzas.

De manera previsible, eso ha generado una potente insurgencia y llevado a la formación de grupos radicales musulmanes. Las autoridades responden con masivas contraofensivas militares, condenadas por organizaciones de Derechos Humanos como crueles e indiscriminadas.

La situación se volvió a agravar a finales del mes pasado, cuando insurgentes del “Ejército de Salvación Rohinyá de Arakán” (ESRA) realizaron múltiples ataques contra puestos de Policía y una base militar, a lo que las fuerzas militares replicaron con una nueva campaña de represión brutal.

Como resultado, tan sólo durante la semana pasada, cerca de 400 personas fueron asesinadas, y alrededor de 73.000 rohinyás huyeron al vecino Bangladesh, según Vivian Tan, portavoz regional del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

El ESRA publicó un comunicado en marzo de 2017, en el que señaló su obligación a “defender, salvar y proteger a la comunidad Rohingya”, y prometió que cumpliría esta misión “con nuestras mejores capacidades ya que tenemos el derecho legítimo, bajo el derecho internacional, a defendernos en el marco del principio de la autodefensa”.

Es tachado de ser una organización “terrorista” por el Gobierno. En su declaración agregó que “no se asocia a ningún grupo terrorista en ninguna parte del mundo”, y que “no comete ningún tipo de terrorismo contra ninguna población civil, independientemente de su origen religioso y étnico”.

“Declaramos de manera alta y clara que nuestros ataques defensivos solo se dirigen al régimen opresivo birmano, conforme a las normas y principios internacionales, hasta que se cumplan nuestras demandas”.

Se ha levantado una ola de indignación entre la comunidad musulmana de todo el mundo:

En Moscú, Grozny, capital de la república rusa de Chechenia, Yakarta, capital de Indonesia, y en la capital de Malasia, Kuala Lumpur, se han realizado protestas contra la persecución de los musulmanes en Birmania.

El secretario general de la ONU, António Guterres, dijo estar "profundamente preocupado”, por la situación. Pero como siempre, la ONU no toma acciones serias contra el etnocidio en Birmania, al igual que no lo hace con el genocidio del Pueblo Palestino.

El analista internacional Galeb Musa Hamad en una entrevista con HispanTV planteó que “deben retirarle el Nobel a Suu Kyi” por su complicidad en los crímenes.

Debemos considerar con seriedad hacer esta misma solicitud con el flamante premio Nobel que también guarda un silencio mortal ante el asesinato de desmovilizados de las Farc, y líderes sociales en Colombia.

Gráfica pie de foto.- Una mujer de la etnia rohingya parece implorar ayuda mientras espera sentada en un barco a la deriva hallado en aguas de Tailandia, en el mar de Andaman.

Video:
La minoría Rohingya sufre discriminación por ‘una ley no escrita’
https://www.youtube.com/watch?v=poqFLl6XR1A&has_verified=1

Fuentes:
https://actualidad.rt.com/actualidad/249029-violencia-birmania-rohinyas-musulmanes-conflicto
http://www.hispantv.com/noticias/asia-y-oceania/332501/rohingya-genocidio-birmania-myanmar-musulmanes
http://www.hispantv.com/noticias/asia-y-oceania/352476/rohingyas-myanmar-masacre-musulmanes-rakhine
http://www.hispantv.com/noticias/asia-y-oceania/352476/rohingyas-myanmar-masacre-musulmanes-rakhine
http://www.hispantv.com/noticias/asia-y-oceania/352232/myanmar-rohingyas-guterres-nobel-suu-kyi