DDHH
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En las últimas semanas hemos sido testigos de sublevaciones que se han desarrollado en diferentes países del continente.



Hemos visto, cómo el movimiento indígena en Ecuador logró revertir las medidas económicas regresivas para la sociedad, y como poco a poco los gobiernos ante las exigencias de las y los ciudadanos han tenido que ceder, en países como Puerto Rico, Panamá, Honduras, Argentina, Haití y Chile, donde se ha levantado la voz de protesta ante la injusticia e inequidad social generada por parte de gobiernos totalitaristas.

Las medidas económicas impuestas e implementadas a los ciudadanos han sido rechazadas de forma radical, como respuesta a la implementación dura y pura de los modelos económicos propios del capitalismo salvaje y el neoliberalismo, que han incrementado la pobreza y la miseria, ocasionado también precarización laboral y una fisura política y social a tal magnitud, que hoy se habla de una nueva era de la esclavización.

Un claro ejemplo de ello es lo que sucede en Honduras, donde los empleados de una fábrica obligan a sus trabajadores a utilizar pañal, para optimizar el tiempo de producción (1).

También se exige respeto por los Derechos Humanos (DDHH) fundamentales.

La voracidad del capitalismo salvaje y el neoliberalismo están terminado con todo a su paso, sin importar los perjuicios irreversibles que ocasionan a los ecosistemas, el medio ambiente, la vida y los derechos fundamentales, por ello, se ha corrompido el sistema democrático en su esencia, es decir, se mantiene su estructura, pero por medio de la corrupción, los intereses de las clases dominantes logran tener el control absoluto de las ramas del poder, sin la autonomía que debería existir entre las diferentes ramas. Un claro ejemplo, es lo sucedido con el caso Odebrecht (2), y los cientos de casos de lavado de activos fruto del negocio del narcotráfico.

Por los insospechados lujos y privilegios que “ofrece” la corrupción y el narcotráfico, los descompuestos mandatarios no permiten que el Pueblo y los ciudadanos que se ven afectados por sus políticas demoledoras se expresen y exijan mejores condiciones que les permitan tener una mejor calidad de vida y superar la inequidad.

A las exigencias del Pueblo estas “democracias” las reprimen automáticamente dándole un trato de extremo peligro, tildándolas con calificativos como “terroristas o vándalos” sin escuchar ni lograr por la vía del diálogo negociaciones y concertaciones que permitan superar las crisis.

Los gobiernos “democráticos” han utilizado el diálogo como última instancia. Muestra de ello es la cantidad de sangre derramada a manos de la fuerza policial y armada de países como Ecuador y Chile, donde se apreció la brutalidad y el salvajismo con la que se ha “controlado” la legítima protesta social.

Han sido arrestadas y asesinadas un alto número de personas, y son múltiples los casos de torturas y violaciones que se han cometido por parte de la policía y la fuerza pública a personas que han salido a las calles a expresar su descontento.

El trato ruin, cruel e inhumano no tiene ninguna clase de justificación por parte de “gobiernos democráticos” estos hechos se han cometido bajo el ojo omnipotente de los organismos internacionales, que después de centenares de heridos, asesinados, torturados, desaparecidos y violentados sexualmente emiten pronunciamientos tibios ante estos crímenes, sin reprochar y mucho menos juzgar a los mandatarios que han perpetrado tan atroces delitos.

Colombia no es la excepción, debido a que ha tenido un proceso de resistencia permanente que le ha generado en los últimos tres años más de setecientos líderes y lideresas asesinados, un número similar de amenazas y agresiones, sin contar las masacres que se han perpetrado en lo que va corrido de este año, es decir, desde que el sr. Presidente Iván Duque asumió el cargo.

Razón por la cual no se puede cometer la ligereza de comparar los procesos y dinámicas sociales y organizativas de los países.

Si bien es cierto que en América Latina se enfrentan y viven las mismas violaciones de DDHH por medio de estrategias similares, también es cierto que sus historias y contextos no son idénticos.

Pese a está realidad, son más las cosas que unen a los Pueblos que las cosas que los separan, una de ellas es el idioma que comparten, lo que ha permitido apoyar, denunciar y compartir a nivel global todos los actos injustificables perpetrados en las últimas semanas.

América latina, no para, no se cansa y su corazón palpita con más fuerza ante la injusticia e inequidad. Ese corazón no dejará de latir.

Notas:
(1)  https://www.youtube.com/watch?v=rH00oeGajFE
(2)Lo que debe saber del escándalo de corrupción de Odebrecht. https://www.semana.com/nacion/articulo/odebrecht-escandalo-de-corrupcion/513209