(Extractos) Aguantando la emoción, Um Mohammad al Adas recuerda que cuando Aisha Al Lulu perdió las fuerzas para sollozar y llamar a gritos a su madre, las lágrimas seguían rodando silenciosamente por su rostro. “Estaba tan triste de verse sola que mientras estuvo consciente nunca dejó de llorar y reclamar a su familia”.

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