Economía
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En el capitalismo día a día es más notoria la desigual distribución de las riquezas. El informe anual de Oxfam mostró en enero pasado esta situación en forma comparativa:



El 1% (por ciento) más rico de la población mundial acaparó el 82% de la riqueza generada en el año 2019, mientras que el 50% más pobre (3.700 millones de personas) no se benefició lo más mínimo de dicho crecimiento.

Dicho de otra forma la gran burguesía, el 1% de los ricos en el mundo acumulan el doble de las riquezas que poseen 6.900 millones de personas.

Oxfam criticó las perversas políticas de Trump (EEUU) y Bolsonaro (Brasil) en favor de la desigualdad.

La ONG alerta: 22 hombres ya concentran más dinero que todas las mujeres de África. Un impuesto de solo el 0.5% sobre su riqueza generaría 117 millones de empleos en áreas sociales.

La economía capitalista posibilita que los más ricos sigan acumulando enormes fortunas, mientras cientos de millones de personas luchan cada día para sobrevivir con salarios de pobreza.

Desde el año 2010, la riqueza de esta élite económica explotadora ha crecido en promedio un 13% al año, es decir seis veces más rápido que los salarios de las personas trabajadoras que apenas han aumentado un promedio anual del 2%.

Entre marzo de 2016 y marzo de 2017 se produjo el mayor aumento de la historia en el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares, con un nuevo multimillonario cada dos días.

La riqueza de los milmillonarios latinoamericanos creció en 155 mil millones de dólares el último año, dicha cantidad de riqueza sería suficiente para acabar casi 2 veces con toda la pobreza monetaria por un año en la región.  

En América Latina y el Caribe el 10% más rico de la población concentra el 68% de la riqueza total, mientras el 50% más pobre sólo accede al 3.5% de la riqueza total.

El 16% de los trabajadores asalariados y el 28% de los trabajadores por cuenta propia se encuentran en situación de pobreza.

Las ganancias de accionistas y altos directivos se incrementan, a expensas de las condiciones laborales y salarios de los trabajadores, para lo cual los políticos al servicio de las grandes empresas formulan políticas públicas que a diario desmoronan los derechos de los trabajadores, buscando en todo momento minimizar los costos de producción, para maximizar los beneficios de la burguesía parásita (los accionistas de las empresas).

Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, ha señalado: "El boom de los milmillonarios no es signo de una economía próspera, sino un síntoma del fracaso del sistema económico. Se explota a las personas que fabrican nuestras ropas, ensamblan nuestros teléfonos y cultivan los alimentos que consumimos para garantizar un suministro constante de productos baratos, así como engrosar los beneficios de las empresas y sus adinerados inversionistas".

Las mujeres trabajadoras son quienes se encuentran en la base de la pirámide económica. En todo el mundo, las mujeres ganan menos que los hombres y están sobrerrepresentadas en los empleos peor remunerados y más precarios. De igual forma, nueve de cada 10 milmillonarios son hombres.

Subraya Byanyima que “es difícil encontrar un líder político o un líder empresarial que no exprese públicamente su preocupación por la desigualdad” pero… “Resulta aún más difícil encontrar alguno que haga algo al respecto. Es más, muchos están tomando de forma activa medidas que empeoran la situación, reduciendo los impuestos (a los ricos dueños de grandes empresas) y socavando los derechos laborales”.

Por cuanto la sociedad capitalista es machista, la desigualdad se acentúa más entre las mujeres. Oxfam destaca que las mujeres y las niñas del mundo contribuyen con 12.500 millones de horas de trabajo de cuidados no remunerados (trabajo doméstico). Las labores de estas mujeres y niñas representan un beneficio para la economía internacional de alrededor 10.8 billones de dólares, es decir, tres veces más que lo que aporta la industria tecnológica global.

En América Latina ocupan cerca de una jornada laboral semanal en la realización de trabajo doméstico. Sus labores no reciben pago alguno y representan más del doble de tiempo que los hombres destinan a esa misma actividad.

Es decir, el trabajo de “cuidados” o doméstico recae de manera "desproporcionada" en las mujeres y niñas. Según su nivel de pobreza estas tareas se acentúan y dividen entre las realizadas dentro y fuera de sus propios hogares, con actividades como cocinar, lavar, coser, limpiar y buscar agua y leña, en zonas rurales.

Este trabajo, aunque contribuye al desarrollo de la economía en todo el mundo, no es remunerado ni aparece en cifras oficiales. Oxfam señala que es ''prácticamente invisible y está profundamente infravalorado''.

Ello obliga a las mujeres a tener una menor preparación académica que estanca su crecimiento personal y sus posibilidades laborales.

A nivel mundial, las mujeres y niñas realizan más de tres cuartas partes del trabajo doméstico sin recibir un sueldo. ''Si este trabajo se remunerase aplicando el salario mínimo, esto representaría una contribución a la economía global de al menos 10,8 billones de dólares anuales, una cifra que triplica el tamaño de la industria mundial de la tecnología'', indica el informe.

“El trabajo de cuidados no remunerado o mal remunerado perpetúa las desigualdades económicas y de género. Esto alimenta un sistema económico sexista que acumula enormes cantidades de riqueza y poder en manos de una élite rica, cuyos beneficios se deben en parte a la explotación del trabajo de mujeres y niñas y a la vulneración sistemática de sus derechos”, indica Oxfam.

Hay hechos inauditos e inaceptables: Las mujeres que trabajan en la industria avícola de los EEUU, se ven obligadas a usar pañales porque no tienen descansos para ir al baño, y muchas mujeres que trabajan en hoteles de Canadá, son víctimas de acoso sexual y obligadas a mantenerlo en secreto por miedo a perder su empleo.

Los funcionarios de Oxfam evidencian su inocencia y desconocimiento de lo que significa el capitalismo salvaje y la división de la sociedad en clases, y por ello “hace un llamamiento a los Gobiernos para que garanticen que nuestras economías funcionen para todas las personas y no solo para una afortunada minoría: Limitando los dividendos de los accionistas y altos directivos, y garantizando que todos los trabajadores y trabajadoras reciban un salario digno que les permita disfrutar de una calidad de vida digna” y agrega que se debe acabar:

“con la brecha salarial entre hombres y mujeres, y protegiendo los derechos de las mujeres trabajadoras”

“Garantizando que los más ricos pagan los impuestos que les corresponden aplicando impuestos más elevados y combatiendo la evasión y elusión fiscal, así como incrementando el gasto en servicios públicos como la salud y la educación”

Es decir pide todo lo contrario de lo que fue aprobado por los representantes de la burguesía y los terratenientes en el Congreso Colombiano al finalizar el 2019 con la aprobación de la llamada “ley de financiamiento” que disminuyó los impuestos a la oligarquía.

Oxfam estima que un impuesto global del 1,5% a las fortunas de los milmillonarios permitiría escolarizar a todos los niños y niñas, el “pequeño problema” es que los multimillonarios no están dispuestos para que ello suceda, y muy por el contrario continúan en camino de llevar a cabo las reformas laboral y pensional, afectando la situación económica de los trabajadores del campo, la clase obrera e incluso la clase media.

En el sistema capitalista la acumulación de riquezas crece en forma exponencial e ininterrumpida por su búsqueda insaciable de ganancias

Y para obtener más y más ganancias los capitalistas se ven en la “necesidad” de explotar intensivamente a los trabajadores y expoliar el medio ambiente.
Para obtener ganancias el capital rebasa las fronteras nacionales y se expande por el mundo en búsqueda de fuentes de materias primas baratas, trabajo barato y nuevos mercados de inversión y consumo.

La producción de mercancías obliga a su consumo, para poder obtener ganancias por parte de los capitalistas. Esto conduce a impulsar el consumo, creando necesidades artificiales e innecesarias, como puede verse al examinar gran parte de las mercancías que se generan en el capitalismo, muchas de las cuales son inherentemente nocivas.

El capitalismo estructura una jerarquía de valores que exaltan la competencia, el individualismo, el egoísmo, la codicia, la sed de ganancias, el consumismo, la explotación de otros seres humanos, como propias de la “naturaleza humana”. Esos valores son inculcados desde la cuna, en la escuela, y por los medios de comunicación, buscan “legitimar” al capitalismo, para que sea visto como “el orden natural de las cosas”, y “un sistema eterno e insustituible”.

En el capitalismo la desigualdad económica y la injusticia social cada día aumentan y llegará a estar totalmente fuera de control.

Por ello es necesario concluir que el capitalismo es no solo inhumano y antiético, sino insustentable a corto plazo.

Fuente
https://www.oxfam.org/es/notas-prensa/el-1-mas-rico-de-la-poblacion-mundial-acaparo-el-82-de-la-riqueza-generada-el-ano