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Las protestas en Hamburgo contra la cumbre del G20 ha puesto en evidencia el rechazo popular hacia este tipo de encuentros bilaterales que poco inciden en la construcción de un nuevo modelo económico y social.



Desde el año 2011 los miembros del G20 se reúnen anualmente con el objeto de discutir temas económicos, política internacional y de gobernanza global, sin embargo las resoluciones adoptadas por las 20 naciones más industrializadas del planeta no se han traducido en beneficios para los pueblos del mundo.

Las  decisiones surgidas de la Cumbre del G20 no son vinculantes, hecho que impide la imposición de las conclusiones, sino solo mostrar un rumbo o inducir un giro político.


El valor de la reunión radica en los encuentros informales bilaterales que tienen lugar al margen de la agenda oficial del encuentro.

Analistas han destacado que el G20 no va a salvar al mundo. Los problemas han mostrado la interdependencia económica entre los países miembros y esa integración requiere plataformas para actuar en común.

Los desafíos para casi todos son similares: aumentar la productividad y reducir el desempleo en sus  naciones.

Entre los puntos de la agenda del G20 es la discusión de los conflictos globales como la guerra en Siria o la situación de los refugiados, la realidad es que las deliberaciones no han aportado a la solución de los graves problemas que enfrenta el planeta.

Las recientes protestas en la ciudad de Hamburgo, Alemania han puesto en evidencia el creciente repudio y crítica por parte de organizaciones, movimientos sociales y ciudadanos organizados en contra de este tipo de cumbre.

Para analistas no existe una coherencia entre los propósitos y los hechos de los países del G20 que pregonan respeto a los derechos humanos y defensa de las libertades, de la justicia y la democracia, bienes que la humanidad quiere practicar y mejorar.

En opinión de especialistas más allá de si las decisiones del G20 son vinculantes o no, lo que se esconde es la falta de interés real por parte de las potencias de colaborar en la solución de los problemas de los países más pobres.

Ante los argumentos expuestos queda claro que las reuniones del G20 solo han servido para impulsar y promover acuerdos bilaterales y fijar posición sobre temas internacionales pero sin contribuir de forma positiva en la resolución de los conflictos y en la construcción de un nuevo modelo económico y social.

Gráfica pie de foto.-Movimientos sociales llaman a mantener la protesta contra la reunión del G20 Foto: Reuters


TeleSUR