Economía
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La globalización neoliberal tiene como principal interés internacional la obtención de ganancias económicas. Al igual que el capital es dinero invertido para obtenerlo incrementado, el modelo neoliberal realiza esta operación gracias al elevado nivel de expansión de las relaciones de producción capitalistas a escala internacional.



No debemos perder de vista que un catalizador de este proceso fue el derrumbe del Campo Socialista en 1990 que llevó al mundo a un solo polo económico encabezado por Estados Unidos como máximo representante del sistema capitalista actual (imperialismo).

En América Latina el resultado de la aplicación de políticas neoliberales a partir de la crisis de los paradigmas de los años 80 y su inserción en el desigual intercambio económico, ha profundizado la precaria situación económica de los países pobres.

Las economías nacionales son parte indivisible de la mega economía capitalista. Es por ello que cada una de sus proyecciones económicas ha de estar ligada al mercado internacional y las proyecciones gubernamentales al respecto serán cada vez más dependientes.

Teniendo en cuenta los estudios económicos más recientes pudiéramos describir este fenómeno como una nueva forma de la acumulación de capital a escala mundial que tiene como base el desarrollo económico.

Entre los principales medios para implementar esta política, podemos citar en primer lugar el fenómeno de la privatización.

La privatización de las principales industrias arrastra consigo un proceso destructivo donde inciden además los intereses de rapiña del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial como fijos acreedores. El Estado comienza por privatizar la industria ligera para no tener que gastar en ella parte del presupuesto y dentro de diez años tiene que pagar entonces intereses de una deuda contraída con el nuevo propietario. Cuando se privatizan los bancos centrales y nacionales, los pueblos además de pagar una deuda externa, que ya sabemos impagable, tienen una deuda interna con instituciones privatizadas. Muchas de estas instituciones privadas pertenecen a empresas extranjeras con lo que se consolida el fenómeno de la transnacionalización. 

La fuerte competencia económica que tiene lugar en la actualidad ha hecho que los países adopten políticas económicas que prioricen el equilibrio de los grandes agregados macroeconómicos, lo cual ha implicado severos ajustes en las economías, con un creciente deterioro de la situación social a escala mundial.

Producto de las desigualdades derivadas del actual sistema económico los países del tercer mundo se sumergen en la pobreza porque sobre ellos se aplican políticas neoliberales y monopolistas. En ello incide de modo devastador la fuga de capitales y los elevados intereses de la deuda externa.

En la primera década del siglo XXI la realidad habla por sí sola: el 20 por ciento de los habitantes del planeta están prácticamente excluidos  de la gran explosión de consumo, las 3 personas más ricas del mundo tiene activos que superan el Producto Interno Bruto de los 48 países más pobres del planeta,  los 225 habitantes más ricos del mundo tienen una riqueza combinada superior a un billón de dólares, igual al ingreso anual del 47% más pobre de la población mundial (2 500 millones de habitantes) y los activos de las 84 personas más ricas superan el PIB de China, el país más poblado.

Ante esta situación se ha pretendido dirigir el flujo de capitales hacia los países emergentes, con la “intención de atenuar sus deudas externas” y “en aras de su desarrollo”. Sin embargo, muchas son las evidencias que niegan en la práctica estos fines. Por ejemplo, no existe una globalización completa en los intercambios económicos ni en los flujos financieros; los fondos se redistribuyen en el centro del sistema y nunca en su periferia, concentrados y discriminados sin criterios técnicos; la internacionalización masiva de los capitales se refleja cada día más en el desempleo mundial, las huelgas obreras y finalmente en una absoluta falta de cohesión social.

El robo de cerebros promovido por los países desarrollados atenta a favor de este fenómeno de transculturación. Esto incide en las sociedades, las transforma, las vuelve consumistas, con los males sociales que ya conocemos: la corrupción, el juego, la prostitución y otros males que traen las sociedades capitalistas.

Y en segundo lugar, a modo de resumen, veamos que entre las consecuencias del modelo neoliberal tenemos la apertura sin límites fronterizos a las mercancías, capitales y flujos financieros, fenómeno que deja desprotegidas a las pequeñas y medianas empresas. Se fomenta un crecimiento económico y no el desarrollo social de la humanidad. Se eliminan programas igualitaristas y las organizaciones que puedan proteger a la clase proletaria. Se trata de convencer a los países pobres que “las medidas de ajuste producirán un crecimiento que en el futuro elevará los niveles de ingreso y resolverá la situación de los desfavorecidos”, sin embargo no se da espacio al Sector Social de la economía ni se tiene en cuenta que la deuda eterna impide la inversión social. Se pone la actividad política en función de la actividad económica y es por eso que a la par que se desarrolla un “libre comercio”, se impiden controles sociales que garanticen la hegemonía de un mercado realmente libre.

Se privatizan las empresas bajo el falso concepto de que el Estado no es capaz de dirigir la economía en su conjunto y con ello se pretende despojar al Estado de responsabilidades en pos del bienestar social. Ante esta situación, ¿qué opciones viables hay para el desarrollo de América Latina?

Ante el fenómeno anteriormente descrito aparece una alternativa económica de desarrollo, algo que algunos han llamado Economía  Solidaria, Social o del Trabajo. El nombre es lo de menos, lo importante es que este proyecto está sustentado por la solidaridad, la cooperación y la democracia como forma de vida y de convivencia humana. Así mismo se establece la supremacía del trabajo sobre el capital con lo que se rescata el trabajo para que no siga siendo explotado de modo denigrante.

La categoría de trabajo se ve como la base fundamental de la organización de la empresa, la producción y la economía, con lo cual se sustituye el trabajo asalariado como institución capitalista y la causa principal de la injusta distribución de la riqueza, o la marginalidad y la pobreza. La propiedad social sobre los medios de producción garantiza la eliminación de la explotación del hombre por el hombre (en este aspecto queremos señalar que en este basamento teórico no se hace referencia a cómo la lucha de clases ha sido durante años un catalizador para el desarrollo de las Fuerzas de trabajo y las relaciones sociales de producción, por lo que pensamos deberían incluir en la teoría cómo se implementará una competencia ajena a la explotación que estimule el desarrollo).

Y por último, el proceso de autogestión garantizará una relativa independencia económica de factores externos al intercambio comercial. Todo este planteamiento se materializa en empresas cooperativas, organismos de integración y entidades auxiliares; fondos de empleados, cajas de compensación familiar, empresas de trabajo familiar, todas las empresas, empresas comunitarias, asociaciones de propiedad, fundaciones, y la propia gestión de los trabajadores que tributan al desarrollo del individuo, la comunidad y la sociedad.

Así es como surgen las cooperativas, que algunos califican como “un invento de la sociedad socialista”. Desde 1844 cuando irrumpen las cooperativas modernas en Rochadle, se fijan los principios de la cooperación, sobre los cuales se ha venido  trabajando para mejorar su formulación y para presentar las líneas de trabajo que permitan a las cooperativas poner en práctica sus valores y pensar en su perfeccionamiento.

Dentro de rasgos que definirán a las cooperativas están la autoayuda, equidad y solidaridad, pero pone como limitante el hecho de proponerse la obtención de superganancias. Si bien coincidimos con ello, creemos necesario implementar estructuras que permitan el aumento de la producción sin obviar sus principios básicos de cooperación.

Sería incorrecto pensar que las cooperativas son empresas económicas sin una elevada finalidad social, como es iluso pretender que tenga un propósito exclusivo social, descuidando el aspecto económico. El éxito está en lograr una empresa económica con elevada finalidad social.

El cooperativismo en la actualidad atenúa considerablemente las grandes diferencias que hoy existen en el mundo, pero sin lugar a dudas enfrenta una serie de obstáculos que debe vencer. Por ejemplo, en muchos territorios sudamericanos se ha perdido la esencia de las cooperativas. El cooperativismo financiero cuantitativamente es fuerte y cualitativamente es débil, el cooperativismo agrario y el de los servicios es muy débil (sobre el agrario se puede profundizar en las consecuencias del monocultivo en Latinoamérica abordado por Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina), falta una fuerte estructura para establecer el cooperativismo, la relación entre cooperativas y organizaciones estatales no es muy buena y la falta de integración no sólo entre cooperativas nacionales, sino entre entidades internacionales de la región.

Para erradicar tales obstáculos el camino emprendido por el cooperativismo contempla como principios: la autonomía e independencia, administración democrática y la participación democrática de los socios, la adhesión voluntaria y abierta, la cooperación entre cooperativas, la educación, formación e información y el interés por la comunidad.

El gobierno no puede entonces trazarse estrategias de desarrollo y seguirá bajando los salarios y degradando las condiciones de trabajo con el fin de obtener importantes inversiones (esto es lo que antes veíamos pero en un marco mucho más pequeño, cuando el capitalista no podía seguir obteniendo la misma plusvalía y el capital emigraba a otra rama de la economía).

Es por ello que el cooperativismo enfrenta contra el modelo neoliberal una lucha a muerte, pues persiguen fines totalmente antagónicos. Su inserción en el mundo contemporáneo ya muestra sus resultados. Por ejemplo, las cooperativas han logrado una participación masiva de la población en el terreno económico y social y su intensificación podría ayudar a ofrecer empleo a los más de 160 millones de desempleados del mundo.   

Las cooperativas han invadido el mundo en formas agrícolas, artesanales, de producción, de consumo, financieras, telecomunicaciones, electricidad, agua, pesquería,  tecnología de la información, seguros, etc.

El cooperativismo ha tenido un fuerte desarrollo en más de un siglo latinoamericano, pero producto de los problemas antes mencionados y sin el apoyo de muchos gobiernos, algunas cooperativas han fracasado. Los países de la región que más han desarrollado este movimiento son: Argentina, Brasil, México, Colombia, Costa Rica, Perú, Chile, Ecuador y Bolivia.

Dentro de los países con más desarrollo cooperativo existen sectores de gran relevancia como el sector agrícola (excepto en Bolivia) y el sector de los créditos (excepto en Chile y México). Después de ellos sobresalen el sector de consumo (3 países), compañías de seguro (2 países), transporte (2), vivienda (2), electrificación (Bolivia) y salud (en Brasil).

Gracias a este proceder se ha llevado a cabo la prestación de servicios, la producción y comercialización a las clases sociales más pobres de estos países.

Precisamente por su carácter integrador y humanizador del cooperativismo y que contribuye a erradicar las diferencias entre potencias y explotados, podemos considerar el cooperativismo como uno de los movimientos  socioeconómicos más grande de nuestra historia.

Si fuésemos a sintetizar algunos elementos que afectan el cooperativismo tendríamos la falta de estrategias y planificación para el desarrollo económico–social de una región determinada, la carencia de recursos humanos preparados, la falta de liderazgo acompañado de problemas burocráticos en las diferentes estructuras, deficientes esquemas de relaciones con el estado, la falta de sistemas educativos y la falta de identidad cooperativa.

Además insistimos que la distribución de las ganancias tendrá como premisa la igualdad entre los asociados y la comunidad (aquí está implícito el grado de compromiso que debe tener la administración de la cooperativa, pues aunque tiene como base la economía y la obtención de ganancias, su finalidad es el aspecto social). 

Por Reisel Romero Reyes Anisley Torres Santesteban

Contexto Latinoamericano