La apuesta de los últimos años por un modelo extractivista aumentó la fragilidad de la economía colombiana, agravada por la caída de los precios internacionales del petróleo y el cambio en el uso de energías. A esto se suman las inequidades entre actividades productivas del campo, el creciente proceso de potrerización, monocultivos y deforestación, además de la concentración de la tierra que ha estado siempre en el centro del conflicto interno.

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