Educación
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En Colombia, en tiempos de no presencialidad escolar por el confinamiento, el gobierno publicita la educación virtual como una gran panacea impulsada por el Ministerio de Educación, invisibilizando las grandes dificultades que han tenido que afrontar maestras(os), estudiantes y acudientes; producto, principalmente, del entorno de desigualdad económica y social en el que vive la mayoría del Pueblo colombiano y la enorme brecha digital que se hace evidente en lo cotidiano de este tiempo adverso que vivimos a nivel global.



Es fácil para el gobierno decretar la educación virtual, sin asumir que no ha invertido lo suficiente para mejorar la conectividad en las escuelas urbanas y la formación en el uso de estas herramientas; ni extendido esta posibilidad a los hogares de las y los estudiantes. Y, mucho menos, en proveer esto a las escuelas rurales.

Brecha entendida como lo plantea Serrano y Martínez (2003) “la separación que existe entre las personas (comunidades, estados, países), que utilizan las tecnologías de la información y comunicación como parte rutinaria de su vida diaria y aquellas que no tienen acceso a las mismas y que, aunque las tengan no saben cómo utilizarlas”.

Desde el Ministerio de Educación, de forma cínica y politiquera, se intenta mostrar la eficiencia de este gobierno para mejorar su imagen,pero sin enfrentar la complejidad de la situación, lo que implica inversión económica, formación docente y transformación pedagógica.

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son herramientas que pueden potenciar la educación y difusión del conocimiento en tiempo virtual, desde la perspectiva de la tecnología al servicio de la pedagogía y no del seguimiento y control, como se pretende desde algunas Secretarías.

O desde la idea de “reemplazar” la escuela presencial y, de paso, racionalizar recursos; obviando la importancia de esta en la construcción de relaciones sociales y comunitarias.

La situación que vive hoy el planeta, ha develado los efectos de la voracidad del capital, unos más evidentes, porque tienen efecto directo en la larga lista de muertes, que más por el efecto del covid 19 responden a: la privatización y desmantelamiento de la salud; la informalidad y falta de oportunidades laborales; el hambre, el desplazamiento y la indigencia; y otros menos visibles, como la falta de inversión en educación que, definitivamente, no estaba preparada para afrontar una eventualidad como la actual.

Producto de esta situación, se puede afirmar que en Colombia las y los docentes estamos trabajando en medio de una brecha digital por:

- Acceso a los equipos tecnológicos y a la infraestructura, a las conexiones banda ancha e ilimitadas. Se realiza el trabajo desde la voluntad y esfuerzo de los maestros(as) y el uso de sus propios recursos digitales.

- Uso. Las personas pueden saber acceder a las redes sociales, pero, en muchos casos, no saben cómo aprovechar estas y otras herramientas para procesos de formación y/o aprendizaje, pues su uso ha tenido un propósito más comercial enfocado a potenciar la interacción social virtual y la comunicación, generalmente vacía o influenciadora comercial y políticamente.

Persisten las barreras en estudiantes con discapacidad y necesidades especiales para acceder a internet en igualdad de condiciones, acentuándose la discriminación y la exclusión digital.

No se tienen plataformas, dispositivos y programas que les permitan tener un computador portátil personalizado para realizar las distintas rutinas y guías de trabajo en función de sus necesidades educativas.

- Situación económica. Con un mísero salario o sin él, los hogares colombianos, principalmente los de menores estratos económicos, en su mayoría, no cuentan con herramientas tecnológicas tanto de equipos, programas y rapidez de la conexión. Por el alto costo muchos hogares no tienen computador y/o no cuentan con acceso a internet, lo que repercutirá en la continuidad de su desarrollo escolar durante la contingencia. Con mayor complejidad en territorios rurales o de comunidades étnicas.

- Carencia de servicios. En varios territorios hay hogares sin servicio de electricidad y telefonía, redes indispensables para mantenerse comunicado(a).

- Infraestructura. No existe la infraestructura, redes necesarias para ofrecer a la población una conexión gratuita.

- Generacional. En los hogares están presentes las desigualdades en torno al uso de las herramientas tecnológicas. Así como en algunas comunidades hay nativos digitales, es decir personas que nacieron y crecieron durante esta era digital, en otras hay analfabetas digitales, con dificultades para utilizar todos estos artilugios.

- Pedagógica. En gran parte de los colegios la formación y uso de las TICs se reduce a la clase de informática y a la enseñanza del manejo de programas básicos. No hay suficientes equipos o conectividad para que se convierta en una herramienta cotidiana que propicie la investigación y ruptura de los muros del aula.

Todos estos elementos permiten concluir que la educación colombiana no está articulada a la llamada “sociedad de la información”, y que la principal razón es la desigualdad económica y social, convirtiéndose en una desventaja en el proceso educativo de niñas, niños y jóvenes, pues quienes tienen menos oportunidades y están en medio de la brecha digital no pueden acceder a la llamada educación virtual para responder al trabajo orientado por los y las docentes.

Muchos/as estudiantes para "cumplir" consumen los datos del celular de sus padres, se turnan el uso del computador o móvil, cuando tienen un plan, otros van donde una vecina o un familiar, exponiéndose al contagio.

A esto se suma la situación de emergencia social que están sufriendo muchas familias con dificultades para adquirir alimento y pagar servicios “públicos” ya que no se les garantiza el mínimo vital, relegando, lógicamente, la continuidad escolar a un segundo plano.

La educación virtual desde las barreras económicas y sociales, termina siendo excluyente y discriminatoria.

Consideramos importante, mientras se transforma esta realidad, destacar el papel del magisterio en esta contingencia, que a pesar de todas las dificultades ha procurado, en su gran mayoría, mantener el contacto con sus estudiantes, dar continuidad a la escuela buscando diversos recursos pedagógicos y de comunicación; y vincular a las familias, que hoy vuelven a adquirir un papel relevante en el proceso educativo.

Esto no ha sido nada fácil para ninguno(a), precisamente, por todas las cosas que se han evidenciado en este documento.

Pero también, hacer un llamado, en el marco del pensamiento crítico, a reflexionar sobre lo que implica el trabajo no presencial o “virtual” al que nos hemos visto abocados: lo pensamos para cumplir o para llevar a las y los estudiantes a investigar y construir conocimiento; reconocer y reflexionar sobre su entorno y lo que vive; incentivar la creatividad y la solidaridad; indagar sobre sus preocupaciones, dificultades y dudas como seres humanos; la necesidad del contacto con el otro(a) y las relaciones con sus pares.

A comprender las prioridades de las familias, el impacto de lo que se vive, las limitaciones del confinamiento, del acompañamiento pedagógico, los tiempos y espacios donde hoy se realiza este trabajo propuesto.

A repensar la evaluación: el qué se evalúa, para qué y cómo. En fin, a entender que no se trata de replicar la escuela presencial, sino a pensarse propuestas pertinentes, interesantes y muy humanas.

Desde lo planteado, consideramos necesario invitar al magisterio colombiano a, como lo ha hecho siempre, hacerle frente a esta situación con propuestas que impliquen:

1. Develar la desigualdad en que trabajamos cotidianamente y en la cual viven las comunidades.

2. Trabajar desde la interdisciplinariedad, lo que implica un trabajo en equipo y una mirada compleja del conocimiento.

3. Ligar este trabajo a la realidad de los territorios y condiciones de las y los estudiantes, además a la situación particular del confinamiento.

Referencia:
Serrano y Martínez. La Brecha Digital: Mitos y Realidades (2003: 8) publicado en:
http://www.labrechadigital.org/labrecha/LaBrechaDigital_MitosyRealidades.pdf

“Porque amamos la vida con intensidad, seguimos luchando para vivirla con dignidad”