Educación
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(Extractos) Para Martí la educación era mucho más que dotar al ser humano de un conjunto de conocimientos, por ello la distinguía de la instrucción planteando que así como ésta se dirigía al pensamiento, aquélla influía sobre los sentimientos (…)



Educar a las personas para que fueran mejores ciudadanos y seres humanos, enseñándoles que la felicidad no se reducía al bienestar material, y que este último no consistía en la acumulación y utilización inútil e innecesaria de objetos fabricados por el hombre (…)

“El pueblo más feliz (sentenciaba) es el que tenga mejor educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento, y en la dirección de los sentimientos. Un pueblo instruido ama el trabajo y sabe sacar provecho de él. Un pueblo virtuoso vivirá más feliz y más rico que otro lleno de vicios, y se defenderá mejor de todo ataque”.

Entendió que la educación debía desarrollarse teniendo en cuenta las tradiciones culturales y morales de los Pueblos, por ello se opuso a la idea de copiar a la sociedad norteamericana (…)

Para el Héroe Nacional Cubano lo más importante no era tener, sino ser humano, y no es que se proyectara a favor de renunciar al bienestar material sino que lo veía sólo como un medio y no como el fin mismo de la vida del hombre (…)

¿En qué educar?

(…) Enseñar al hombre a:

1. Tener criterio o pensamiento propio. Entendía que la primera de las libertades era la de la mente, por eso una de las metas supremas de la educación debía ser la de enseñar a los hombres a pensar por si mismos.

“El profesor (ha de ser) un guía honrado, que enseña de buena fe lo que hay que ver, y explica su pro lo mismo que el de sus enemigos, para que se le fortalezca el carácter de hombre al alumno”.

2. Vivir por sí mismo, de forma independiente y con decoro. “El verdadero objeto de la enseñanza es preparar al hombre para que pueda vivir por sí decorosamente, sin perder la gracia y generosidad del espíritu, y sin poner en peligro con su egoísmo y servidumbre la dignidad y la fuerza de la patria” .

3. Investigar, relacionarse y hacer uso público de la palabra. “Edúquese en el hábito de la investigación, en el roce de los hombres y en el ejercicio constante de la palabra”.

¿Cómo educar? (…)

1. Las relaciones educando-educador deben basarse en el respeto. Martí era del criterio que el profesor debía ver a su discípulo como lo que era, un ser humano igual que él, al que debía ayudar a crecer.

Sin un trato respetuoso sería imposible ganarse el afecto del discípulo, esencial para que el mensaje del profesor pudiera influir sobre él (…) La educación era para Martí una obra de infinito Amor.

2. La enseñanza ha de ser integralmente activa, dando oportunidad al educando de participar (…)

3. Educar en estrecha unidad con la vida, con un sentido práctico fundado en la moral (…)

4. Procurar una doble continuidad en la educación: entre los contenidos y materias impartidos, y entre una etapa de la vida y otra, porque de acuerdo a su visión la educación debe durar toda la vida.

5. Ajustar la educación al tiempo histórico y al lugar donde se vive. “Es criminal el divorcio entre la educación que se recibe en una época, y la época”(…)

Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer de cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: “es preparar al hombre para la vida” .

6. Enseñar a través de la asimilación creadora del conocimiento. Para Martí, el verdadero conocimiento no era el que se lograba con la imitación o la repetición sino el que se adquiría creadoramente.

La palabra de orden para nuestras jóvenes repúblicas sería entonces, según él, crear y no copiar. La creación como expresión de independencia era la clave martiana para el desarrollo de una cultura americana auténtica y de formas de gobierno que la hicieran próspera y viable (…)

¿Para qué educar?

Martí enfatizaba en la necesidad de educar al hombre para la vida, para que pudiera ser más útil a la sociedad donde viviera y a sí mismo, entendiendo que el conocimiento y la buena conducta eran las mayores riquezas que el hombre podía tener. Este ideal estaba en la base de la formación del ciudadano a que aspiraba para las repúblicas latinoamericanas, en las que pensó debía fructificar el Amor (…)

Aspiraba a que se educara al hombre para que fuera un ciudadano responsable, lo que en su pensamiento significaba enseñarlo a hacer un ejercicio prudente y justo de su libertad. Vivió convencido de que no puede haber libertad real y efectiva sin conocimiento, y de que un Pueblo de hombres educados sería siempre un Pueblo de hombres libres; por ello insistió tanto en la necesidad de enseñar a los hombres cuáles eran sus derechos para que pudieran defenderlos mejor (…)

No se debe desligar la formación ciudadana de los derechos del hombre, porque si junto a los derechos ciudadanos no se enseñan los Derechos Humanos, la educación para el ejercicio de los primeros podría degenerar en una dirección chovinista y/o racista, de lo cual la historia dio viva prueba en el siglo pasado con la experiencia del fascismo.

Después de la Declaración Universal de los DDHH, los países firmantes fueron incorporando muchos de estos al ordenamiento jurídico interno donde adquirieron el carácter de derechos fundamentales al ser consagrados en sus cuerpos constitucionales (…)

Todo este plexo de Derechos contiene las libertades (o facultades) reconocidas al individuo, que tiene como contraparte un sistema de deberes correlativos, cuyo cumplimiento es de vital importancia para que se puedan ejercer los primeros sin lesionar a terceras personas. El primer límite que se puede oponer al ejercicio de un derecho para que no se torne abusivo o injusto, es el deber que contrae su titular de respetar el derecho de los demás.

 “Han de tenerse en igual sumo la conciencia del derecho propio y el respeto al derecho ajeno; y de éste se ha de tener un sentimiento más delicado y vivo que de aquél, porque de su abuso sólo puede venir debilidad, y del de aquél puede caerse al despotismo” (…)

El uso de los derechos inspira respeto, pero su abuso indigna (…)

En su pensamiento y acción política dio suficientes muestras de preocupación por el posible ejercicio abusivo del derecho a la libertad.

Baste recordar que su programa de emancipación revolucionaria se articulaba en torno a la idea de una guerra necesaria, llevada a cabo contra un sistema de dominación colonial y no contra un tipo de hombre (español); una guerra sin odios, a la que acudiría el pueblo cubano como última ratio para ejercer su derecho natural a ser libre e independiente.

El objeto de la contienda nunca sería la venganza, sino el logro de la independencia económica y política, para poder fundar una república con todos y para el bien de todos, solo posible en una nación libre y soberana.

Martí confirió gran importancia a la formación altruista del ciudadano (…) todo hombre verdaderamente moral debe practicar la solidaridad.

“No se tiene derecho al aislamiento, se tiene el deber de ser útil”, sentenciaba, porque consideró la indiferencia ante el mal ajeno como una manifestación grave de inmoralidad y una falta a la justicia que nos convoca al cumplimiento del deber, considerado por él algo sagrado a lo que no se podía faltar.

Estimaba que el hombre justo era el que exigía el respeto a sus derechos porque también estaba dispuesto a respetar los de los demás (…)

“Amamos a la libertad, porque en ella vemos la verdad. Moriremos por la libertad verdadera; no por la libertad que sirve de pretexto para mantener a unos hombres en el goce excesivo, y a otros en el dolor innecesario” (…)

Los Pueblos no se deben dejar engañar por sus gobernantes, y para impedirlo Martí consideraba que no había nada como la educación, en la que vio “el único medio de salvarse de la esclavitud” (…) “Ser culto es el único modo de ser libres”.

El Héroe cubano comprendió que en la base de todos los derechos está la Dignidad Humana, que nos informa que los hombres merecen respeto por la sola condición de ser tales, y que por ello deben ser fin y no solo medios (o tener precio), pues de lo contrario los degradaríamos a la condición de simples cosas (…)

La importancia que para Martí tuvo el reconocimiento de la dignidad se expresa en su convicción de que “ese respeto a la persona humana (…) hace grandes a los Pueblos que lo profesan y a los hombres que viven en ellos”, pues sin él “los Pueblos son caricaturas, y los hombres insectos” (…)

A modo de conclusiones (…)

1. Enseñar al individuo a conocer cuáles son sus derechos y deberes.

2. Educarlo en el cumplimiento del deber como primera garantía para el respeto a los derechos de los demás.

3. Prepararlo para que pueda defender sus derechos en caso de que estos no sean respetados.

4. Enseñarle a estimar y a respetar los valores en que se sustentan los derechos subjetivos, presididos por la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la solidaridad (...)

5. Formarlo para que sea un hombre justo, capaz de equilibrar el ejercicio de sus derechos con el cumplimiento de sus deberes; y para que sea responsable, y elija modalidades de actuación en las que esté presente siempre el otro, con sus derechos (…)

BIBLIOGRAFÍA
CRUZ, Mary, El hombre, Martí, Centro de Estudios Martiano, La Habana, 2007.

FRÓMETA FERNÁNDEZ, Ada Bertha y Alberto VELÁSQUEZ LÓPEZ, Filosofía de la Educación en José Martí, Editorial San López, Las Tunas, 2007.
MAÑACH, Jorge, Martí, El Apóstol, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2001.
MARTÍ, José, Ideario Pedagógico, Imprenta Nacional, Ministerio de Educación, La Habana, 1961, Obras Completas, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1991.
Epistolario, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1993.
Obras Escogidas en tres tomos, segunda reimpresión, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2002.
MARTÍNEZ, Mayra Beatriz, “La utopía moderna martiana de La América: Desestabilización, contaminación y resematización de un imaginario”, en SIC. Revista Literaria y Cultural, febrero-marzo de 2007, No 3, p. 6 y ss.

Fuente:
http://www.eumed.net/rev/cccss/07/jamg.htm