Educación
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(Extractos) Hace un par de semanas (3 de julio de 2019) Francia aprobó la llamada “ley antibofetadas”, que prohíbe castigar físicamente a los niños tanto en la escuela como en sus casas.



La noticia no me sorprendió; lo que sí me chocó fue la respuesta de los españoles a esta medida: los comentarios en las radios y en los digitales de los periódicos; el tono furibundo, la burla, la dignidad herida.

Salvo unas pocas excepciones, a la mayoría parecía que les habían mentado a la madre con esta ley, así de personalmente se lo tomaban.

Aunque, ahora que lo pienso, quizá fuera literal lo de la mención materna, porque muchos se referían a los guantazos que les habían atizado sus progenitores en la infancia y a lo "bien" que habían salido ellos (...)

 “¡Pero qué locura!”, “¡Sólo faltaba que se metieran a controlarnos también en nuestras casas!”, estas son las frases y el tono de muchas de las intervenciones.

¿Sólo faltaba que se metieran en las casas? No sé, a mí me parece que se meten poco, y no a controlar, sino a evitar los abusos.

Tengo la sensación de que el sacrosanto respeto que se ha tenido tradicionalmente en España por la institución de la familia ha creado muchos infiernos silenciosos en la clausura de lo doméstico.

De esa intimidad sellada está emergiendo ahora, gracias a décadas de atención política y social, el maltrato contra las mujeres, pero el ejercido contra los niños y los ancianos sigue aún por debajo de la línea de visibilidad.

En 2018, la Fundación ANAR presentó un estudio de la violencia contra los niños en España; tras analizar casi dos millones y medio de llamadas a sus teléfonos de ayuda, han descubierto que el maltrato infantil se ha cuadruplicado desde 2009, aumentando la frecuencia, la duración y la gravedad (…)

Según un informe de Unicef de 2014, el 80% de los niños del mundo entre 2 y 14 años padece “disciplina violenta”.

“Una bofetada normal de vez en cuando es mano de santo”, dicen. Ese es el problema: ¿quién define lo que es “normal” y lo que es “de cuando en cuando”?

¿Cómo se puede dejar algo tan proclive a infinidad de abusos al criterio de cualquiera, en la indefensión de los niños y la opacidad de los hogares? (…)

Numerosos estudios demuestran que pegar a los críos no sirve de nada; la última investigación (abril 2019), hecha por las Universidades de Míchigan y Texas con más de 160.000 niños, concluye que los azotes no sólo no funcionan, sino que además tienen efectos negativos: hay más probabilidades de que desafíen a los padres y de que tengan un mayor comportamiento antisocial, agresividad, problemas de salud mental y dificultades cognitivas.

La ciencia demuestra la inutilidad y el daño de los azotes, y por fortuna es una realidad cada día más evidente para todos.

Francia ha sido el país número 56 en sacar una ley contra los castigos corporales; de hecho, y quizá para sorpresa de muchos de esos comentaristas indignados, España tiene una ley semejante desde 2007.

Nuestra sociedad ha superado ya la penosa frase de “mi marido me pega lo normal”. Ahora a ver si superamos los bofetones.

Eso sí, prescindir de los castigos físicos no quiere decir dejar de educar a los niños, antes al contrario. Yo, que no tengo hijos, llevo teniendo perros 40 años.

Permítanme la licencia de hablar de ellos. A mi primer perro, ignorante de mí, le pegué para intentar enseñarlo. Fue un desastre toda la vida. Ahora mis peludos, a los que jamás he tocado, están incomparablemente más “civilizados” que aquel primer animal.

Pero, claro, he tenido que esforzarme mucho más en su instrucción. Esa es la cuestión: educar es un trabajo constante y una inversión de tiempo importante. De lo que se deduce que dar un bofetón es un fracaso personal de quien abofetea. Como yo fracasé con mi pobre primer perro (20 de julio de 2019).

Addendum:

Obviamente educar no es fácil, requiere constancia, paciencia, tiempo y una combinación de Amor y disciplina, en las dosis adecuadas. Se puede educar desde el Amor, y la autoridad sin gritos, ni insultos, ni palos.

Los golpes no educan, eso de “te pego por tu bien”, no es para que se eduquen los niños sino para descargar nuestra rabia y frustración.

También se piensa con frecuencia que se “educa” o se resuelven los problemas con gritos e insultos, como si la pareja o los hijos fuesen sordos…

Por el contrario, alguien con experiencia en un instituto de enseñanza media, con muchachas y muchachos adolescentes, asegura:

“Pude comprobar que si andaban revueltos por algún motivo, lo que más efecto tenía era el silencio; los miraba en silencio y enseguida llegaba la calma y les decía con voz tranquila: podemos empezar, ¿verdad?”

Para educar hay que dialogar, escuchar y reflexionar. No maltratar.

Nunca es una solución utilizar la violencia, y menos con alguien que se encuentra indefenso como una mujer o un niño.

La labor de Padres y Maestros debe ser de protectores y no ser los primeros en utilizar la violencia.

Niñas y niños maltratados física y psicológicamente dan como resultado adultos que dicen ser "normales" pero que ante cualquier frustración se muestran violentos, depresivos, iracundos, intolerantes, narcisistas y egocéntricos.

Es evidente que la burguesía no tiene claro que la prevención de la violencia social se basa en la Crianza Humanizada de los niños, y por ello funcionarias como Juliana Pungiluppi, directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), solo atinan a decir:

“La violencia contra niños, niñas y adolescentes es un fenómeno complejo y multicausal”.

Y reconoce que la situación “desbordó la capacidad del Estado para enfrentarla” es decir: el Estado fallido de Colombia solo sabe que no tiene capacidad para enfrentar el problema, y por ello su "solución" fácil es aprobar la ley, que seguramente pasará en el Congreso, sobre "cadena perpetua", pero que con el paso de los años demostrará su total ineficiencia.

Es necesario entender y desarrollar políticas públicas progresistas con enfoque multisectorial que nos permitan enseñar a los padres a criar dando Buen trato, y re-educar a los adultos en la importancia de respetar la infancia como un tiempo sagrado en la vida de todo ser humano.

Solo la prevención podrá contrarrestar la dramática pandemia de agresión y violencia en contra de los niños colombianos, que finalmente revierte sobre toda la sociedad.

Las agresiones físicas y psicológicas hacia los niños como “método educativo” solo evidencian el fracaso del “educador”, ya sea en el hogar o la escuela.  

Fuentes:
https://elpais.com/elpais/2019/07/16/eps/1563276645_711464.html?fbclid=IwAR206c2Y6SGl_lscHyHcdFS2eAPYCibW8pU_XB4mNzVx3SvtOIFtrACFGk4
https://www.pacocol.org/index.php/noticias/salud/4959-como-afecta-el-cerebro-el-maltrato-infantil-y-como-prevenirlo
https://pacocol.org/index.php/noticias/nacional/9170-s-o-s-ninos-colombianos-necesitan-asistencia-humanitaria