“Me duele que trabajar de buena fe para una comunidad, y que uno no se preste para malas cosas que quieren los demás, me lleven a la muerte”, dijo Deyanira Ballestas, poco antes de abandonar el municipio de San Pablo, tras recibir amenazas de muerte por su trabajo como docente en esta población del sur de Bolívar, un caso ampliamente difundido por las redes sociales y medios de comunicación.

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