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Internacional
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El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, está ofreciendo cinco millones de dólares a quien dé información conducente a la captura de Maikel Moreno, presidente del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela. ¿Infringió alguna ley norteamericana este magistrado para que Pompeo la emprenda así contra él? De seguro que no. Maikel Moreno nunca ha tenido nada que ver con tales leyes, ni oportunidad para infringirlas. Su pecado consiste en ser cabeza de uno de los cinco poderes institucionales de Venezuela.



Pero, entonces, ¿cómo justifica Pompeo tanta saña contra su cuasitocayo y, en general, contra la dirigencia venezolana, si nunca han estado bajo la jurisdicción del código penal de su país? Dice el gringo, como quien responde, que Moreno, “Secuaz de Maduro, usó su posición de autoridad para ganancia personal” y “aceptó sobornos para influenciar en sentencias de casos criminales en Venezuela”. ¿Es eso de su incumbencia? Claro que no. ¿Le consta? Pues tampoco. Nunca ha tenido en sus manos expediente alguno con alguna prueba, ni a él le importa no tenerlas. Lo que sí le importa es que Moreno pertenezca a la cúpula del poder contra el cual no han podido 21 años de agresiones, ni podrán 21 más mientras siga firme la convicción de los venezolanos de que por fuera de las naguas de los gringos se respira mejor y se ven mejor las posibilidades de construir un país del tamaño de toda la felicidad que quieran.

Secuaz de Trump, Mike Pompeo usa, él sí, su posición de autoridad para ganancia personal; o lo que es igual, para ganancia de los poderosos conglomerados económicos de los que es socio, y a los cuales les cayó mal desde un principio que se pretendiera levantar en su “patio trasero” un modelo de auténtica democracia, de verdadero poder popular, como les está cayendo mal el que los venezolanos sigan perseverando en ese objetivo, no importa que las agresiones impuestas desde Washington los obliguen a desacelerar el avance y a trasladar millonarios recursos a la defensa del proceso, eso sí, sin renunciar a sus propósitos revolucionarios.

Maikel Moreno es solo uno entre las muchas víctimas de sentencias proferidas, no por la rama judicial… ¡por la rama ejecutiva!, lo cual es un despropósito mayúsculo por venir de un Estado que se vanagloria, falsamente, de ser un dechado de virtudes democráticas -con elecciones fraudulentas incluidas-, y se cree autorizado para exigirles a todos los países que se gobiernen según sus postulados, entre los cuales está una fementida separación de poderes, de la cual esta suplantación del aparato judicial es solo un ejemplo.

A ese Estado perverso es al que Duque le rinde pleitesía