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Los opositores venezolanos aprovechan cualquier ocasión para derramar contra el Gobierno las peores críticas que pueden ocurrírseles. Ahora que el país se está preparando para unos comicios electorales que elegirán Presidente, dicen no haberse sentido rodeados nunca de las condiciones necesarias para llevar al triunfo a las mayorías que dicen representar.



En primer lugar, no son los representantes de ningunas mayorías. Al contrario, son los herederos de aquellos adecos y copeyanos que, cuando disfrutaban del poder, obligaron al pueblo a protestar muchas veces por la solución de sus ingentes problemas, casi todos extremadamente críticos. Esas protestas siempre fueron reprimidas violentamente, llegándose al extremo de degenerar una de ellas en el célebre Caracazo, una masacre que dejó cerca de dos mil muertos.

Tampoco pueden llamarse representantes de las mayorías si, en las últimas 22 elecciones, ellas solo los han socorrido con tres triunfos. Lo de destacar es que tales triunfos fueron reconocidos por un Consejo Nacional Electoral del cual han hecho parte casi todos los mismos miembros que hoy lo conforman, y al que han calificado de fraudulento siempre que la suerte de las urnas no los ha favorecido.

Pero lo que más pone en entredicho su condición de representantes de las mayorías es la naturaleza de los intereses que defienden: los de las oligarquías, que hoy desean retomar el poder político para continuar dándole curso a sus ansias de enriquecimiento, no importa que deriven en mayor empobrecimiento de la población.

Esos supuestos representantes de las mayorías se niegan a participar en los comicios presidenciales del próximo 20 de mayo, pese a que en su programación se tuvieron en cuenta todas las observaciones y requerimientos que le formularon al Gobierno, los cuales quedaron contemplados en los acuerdos de República Dominicana, que se negaron a firmar.

Por fortuna hay opositores convencidos de que no pueden seguir por ese camino, so pena de propiciarle al imperio la ocasión de intervenir militarmente al país, como lo quieren quienes están más a su derecha. Tales opositores decidieron acoger y aprovechar los acuerdos para romper con las posiciones extremas, y postularon para las elecciones presidenciales a Henri Falcón, presidente del partido Avanzada Progresista, aunque constituyéndose en veedores del cumplimiento de dichos acuerdos. Son veedores innecesarios en un sistema electoral de tanta transparencia e imparcialidad como el venezolano, pero que para el Gobierno representan un dique de contención a buena parte de sus malintencionados críticos.

Ojalá esta decisión contribuya a bajar la tensión existente y a que la oposición se decida a transitar por los caminos de la democracia, que son los que la Revolución Bolivariana ha venido propiciando desde cuando llegó al Ejecutivo.