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“Nosotros amamos la vida cuando encontramos un camino hacia ella”
Mahmud Darwish

Este Viernes Santo 30 de marzo de 2018, en el que con gran recogimiento la cristiandad de todo el orbe conmemora el cruel martirio, crucifixión y muerte de Jesucristo  por parte de los judíos, el estado de Israel, el mismo  que se reivindica como “hogar nacional judío”, estado dominado por el sionismo, ideología que cooptó dicha cultura y religión, cometió otra de las horrendas masacres que desde hace sesenta años comete con absoluta impunidad: asesinó a 17 palestinos e hirió a mil quinientos.



Y cuál fue la razón de ese crimen? Que los palestinos como todos los años, celebraban “El día de la tierra Palestina”, conmemoración además de la siempre presente  Nakba o Catástrofe, que  recuerda y fija en las generaciones posteriores el despojo de su tierra y la masacre de sus antepasados por las hordas sionistas, la marcha del 30 de marzo de 1976 cuando siete jóvenes fueron asesinados en una protesta por la criminal ocupación y demandaban el derecho a vivir pacíficamente en su suelo y en su patria.

Y este 30 de marzo miles de palestinos renovaban la promesa de volver a su tierra. Inerme marchaba la multitud dentro de su propia tierra, sin la menor posibilidad de pasar al territorio que las tropas sionistas tienen demarcado y fortificado como infranqueable para ellos, y sin que significaran el menor peligro para los israelíes que  sedientos de sangre y aperchada con letales armas de guerra, la vigilaba.

Artista Mohamed Abu Amur con su obra hecha en la arena.
Según el mismo comunicado de la entidad sionista que contra el derecho internacional se constituyó como el “Estado de Israel”, sus francotiradores dispararon a la distancia contra   los jóvenes que enarbolando banderas animaban la marcha. Al igual que contra el periodista Ahmed Muammar que con su cámara la registraba. Y contra el solitario  Mohamed Abu Amr, que lejos de la multitud, satisfecho contemplaba en la playa su  escultura recién esculpida con la promesa del retorno. Como la arena cubierta por el mar, se deshizo su vida.

Periodista Ahmed Muammar asesinado mientras registraba la marcha.
Y causa un arrobamiento estremecedor contemplar  esa cámara lenta del  adolescente Abdelfatá Al Nabi, dando tumbos tras el neumático que empujaba, con la ebriedad de la muerte ya encima, luchando contra la gravedad que lo llamaba, negándose a caer. “Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo!” cantó a uno que así cayó luchando contra el fascismo en la guerra civil española el inmenso César Vallejo.

Y también dispararon contra otros 14 muchachos que con sus brazos como pinceles, como el gran Amauta, parecían escribir en el aire “Qué vivan los compañeros!” cada que a su lado, uno caía. Asesinados por la espalda desde muy lejos. Diez y siete muertos  por lo pronto. Y después, fuego graneado de fusilería, artillería, drones y  hasta aviación. Como en una guerra convencional. Mil quinientos heridos. Pocos en realidad frente a los dos mil quinientos muertos y diez mil heridos de los bombardeos de 2014 contra los hogares, hospitales y escuelas de Gaza. Hitler redivivo.

Y qué dice el mundo frente a esta atrocidad de Viernes Santo cuando al cristiandad conmemora similar crueldad pero frente a un solo hombre? Este día la Iglesia Católica arrinconada por los escándalos de pedofilia y por las sindicaciones judías  de que un Papa era nazi y partidario de Hitler, cambió su liturgia y ya no condena como fue parte del ritual eclesiástico durante mil años “a los judíos que mataron a Cristo”, sino que hoy ora por ellos y les pide perdón. Y además guarda silencio frente a los espantables crímenes del Estado que dice representarlos. Cómo lo guardó ayer. Miles de Sermones de las Siete Palabras en todo el mundo, que junto con el relato de la Pasión de Cristo  son el momento culminante  de las solemnidades de este día, y que se han convertido en la  tribuna donde la Iglesia hace la esperada denuncia de las perversidades que aquejan al mundo planetario, nacional y local según la jerarquía de quien pronuncia esas Siete Palabras,  silenciaron este crimen que por tantas razones era fatal asociarlo con el del Cristo que se memoraba. Como un acto de solidaridad con los genocidas de los coterráneos y sucesores de su Cristo.
 
El más avezado de los artistas no habría podido realizar una representación más dramáticamente fiel de la Pietá el emblemático ícono de la cristiandad, que  en la masacre de este Viernes Santo, el cuadro de un hombre recibiendo el cuerpo de su hijo, como un Cristo desenclavado de la Cruz. Precisamente el ritual del desenclavamiento de Jesucristo que conmemoraba la fe cristiana.

Y que dice el resto del mundo? La hipócrita ONU, expresión la máxima  de la falsía y amoralidad esencial de los poderes políticos, económicos y militares que han construido y mantienen un orden mundial   irremisiblemente inmoral,   pidió “moderación” a Israel. Nada que se parezca a un repudio, a una condena, siquiera a una amonestación por la masacre. No. Sólo moderación. Es decir, que maten palestinos, que mutilen palestinos sí, pero no tan masivamente para que el escándalo no le haga mal.

¿Y qué dice la Unión Europea, su Comisión de Derechos Humanos –la misma que protegió e impidió enviar a Colombia al mercenario terrorista Jair Klein  para que pagara sus crímenes, porque aquí podría ser torturado? Nada. Y el risible Premio Nobel de Paz el presidente colombiano Juan Manuel Santos de cuyas manos tintas en sangre tanto saben sus miles de víctimas? Nada. Y qué el presidente de los Estados Unidos? Que estuvo bien hecho.

Y qué el fariseo y sospechoso Papa Francisco para quien la conmemoración del martirio y sacrificio de Cristo “cuestiona duramente nuestra indolencia frente al sufrimiento de los hombres de hoy”? Nada, salvo algo tan cínico y avieso  como que “los palestinos deben sentarse a negociar con los israelíes sus diferencias”. Y claro, que le preocupa mucho la situación de derechos humanos del pueblo venezolano.

¿Y qué  la  prensa mundial toda? Como originada en una sola y única sala de redacción, vergonzosa muestra de su condición de rehén del poder político del sionismo y de su incidencia sobre la apetecible caudalosa pauta factor determinante de la línea moral del periodismo,  nos cuenta y como cosa muy marginal, que en el curso de enfrentamientos entre palestinos e israelíes, hubo tantos palestinos muertos y tantos heridos. Se cuida sí de decir, que en esos enfrentamientos -como también calificaron los dos meses de  bombardeos sobre Gaza en el 2014-, no hubo un solo israelí muerto o herido.

Y cuando alguien osa reprochar a los sionistas y a su entidad política Israel por esos espantosos crímenes, otra vez que el holocausto, que el antisemitismo, que Hitler y que el nazismo. Y otro libro, otra película, otro documental  sobre ello, como si hubiera sido ayer, como si fuera una realidad de hoy y no un hecho del milenio pasado ya vengado y con suficiente sangre. Y en nombre de ello, los que interesada y engañosamente se  victimizan, son hoy  autores impunes del Holocausto palestino, campaña de exterminio de todo un pueblo – Genocidio se llama eso en el derecho internacional-, demasiado parecida en sus pautas, justificaciones y ferocidad, a la que intentó Hitler contra los judíos el pasado milenio. Con la diferencia patente que esta distó mucho de exterminarlos, mientras que el Holocausto de hoy sí tiene al punto de borrar de la faz de la tierra al pueblo y la cultura palestina. Tal la ferocidad con la que abiertamente se ejecuta esa campaña. 
 
El mundo es terriblemente perverso e hipócrita. Crímenes contra la humanidad como los que a diario –literalmente; es decir, cada día-  desde hace sesenta años comete Israel contra la población palestina,  con la complicidad de los poderes regentes del mundo, sólo dan  una desoladora certeza de la degradada condición del género humano. Y la más desconsolada  visión de su presente y su futuro.” ¡Vergüenza de la humanidad!! gritó alguien indignado por una red social, grito seguido por muchos  miles en todo el mundo. Futuro que  será, sépase bien, como lo ha venido siendo siempre: de guerra y opresión, de destrucción y despojo del fuerte sobre el débil. Sin reparar en el costo que ello comporte, ni las cimas de degradación que eso le signifique a la Humanidad. Todo, maquillado con palabrería fútil, organismos “humanitarios” astutos y ligados con el interés del verdugo, derecho internacional al servicio de la violencia que ejerce el más fuerte,  mentirosas instancias de “solución de conflictos”, y solemnes juramentos cada vez más  falsos de que  esas instancias y ese derecho están para garantizar la paz, la vida y la integridad de “todos los miembros de la gran familia humana”.

No obstante lo afirmado, nos resistimos a resignamos a que nuestro porvenir esté signado por esa devastadora sentencia que preside la entrada de uno de los círculos del infierno de Dante. Y soñamos con que a la manera de la que dice la historia se leía en el frontispicio del oráculo de Delfos, otra nos conminara a hallar la fórmula para que por fin, esta especie no se avergüence de sí misma.
 
Por una Palestina libre apoya BDS!!!
Alianza de  Medios por la Paz
@Koskita