Rodeado de un grupo de soldados agazapados en una trinchera improvisada en la costa del pacífico asiático, mientras seguían atenta nota las observaciones del Coronel, éste se explayaba con notoria soberbia  y displicencia a vociferar de los placeres que le producían los efectos de la guerra, que dicho sea de paso, su Ejército imponía al pueblo vietnamita de forma arbitraria. Mientras, los aviones sembraban de Napalm y bombas los arrozales.

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