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El 26 de abril se cumplió el cincuentenario del fallecimiento de María Cano, conocida como la Flor del Trabajo, por su reconocida militancia sindical y de izquierda, y porque en su condición de mujer en una sociedad patriarcal y conservadora, rompió toda atadura confesional y discriminatoria, para reivindicar los derechos de las mujeres y de los proletarios a vivir en una sociedad más justa y no dominada por el capital.



María de los Ángeles Cano Márquez, como era su nombre, nació en Medellín, el 23 de marzo de 1886, año en que comenzó a regir la casi centenaria Constitución Política vigente hasta 1991. Y murió, también en Medellín, el 26 de abril de 1967.

La vida política y social de María Cano, fue breve pero fértil. Se inició en la segunda década del siglo pasado, cuando abrazó las ideas del socialismo y se vinculó al Partido Socialista Revolucionario (PSR), antecedente del Partido Comunista de Colombia (hoy Partido Comunista Colombiano) y el que estuvo afiliado a la III Internacional Comunista. También participó en la fundación de la Confederación Obrera Nacional (CON).

Firmeza revolucionaria

En compañía de Tomás Uribe Márquez, su primo, Ignacio Torres Giraldo, quien fue su compañero, ambos fundadores del Partido Comunista de Colombia en 1930 y de otros dirigentes del PSR, recorrió el país, organizando a las masas de trabajadores y promoviendo las ideas del socialismo y de la lucha por el poder. María Cano descolló por su oratoria y su firmeza revolucionaria.

Era de una familia de liberales radicales, del mismo tronco de los Cano de El Espectador. De capas medias no empobrecidas, pero acogió como suya la clase proletaria y la lucha revolucionaria. Trabajó por la libertad de los presos políticos y sobre todo levantó con fuerza los derechos de los trabajadores.

Mujer extraordinaria

Aunque algunos historiadores la señalan como fundadora del PCC, en 1930, ella no participó en el acto de fundación del 17 de julio de dicho año y nunca se afilió al partido. No dio ese paso que dieron tantos miembros del PSR como lo recomendó el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Estableció polémicas con dirigentes del PSR y del Partido Comunista, no exentas de tratamiento sectario y discriminatorio. Tal vez, afectada por esas discusiones en las mismas filas de la izquierda, decidió marginarse de toda actividad política y social desde antes de la mitad del siglo pasado. Unió su vida a la de Ignacio Torres Giraldo, quien fuera Secretario General del Partido Comunista de Colombia e historiador. Sin duda hubiera podido dar mucho más. Una mujer extraordinaria, valiosa, inteligente y capaz, que aportó bastante a la causa de la clase obrera y de la organización revolucionaria.

Gilberto Vieira escribió en sus memorias, aun inéditas, la impresión que le dejó la primera vez que la vio en Manizales, en una manifestación pública:

“En su quinta gira nacional, en 1927, llegó María Cano a Manizales. Con amigos y condiscípulos fuimos a escuchar a la famosa tribuna popular, en una concentración ante la plaza de mercado. Comenzó a hablar Torres Giraldo y el alcalde lo interrumpió para prohibirle seguir su discurso, y ordenó disparar al aire para disolver la multitud. Pero María Cano contuvo la desbandada y habló. Poco oímos lo que dijo –entonces no había altoparlantes- pero es claro que explicó la consigna de los tres ochos (8 horas de trabajo, 8 horas de sueño y 8 horas de ocio) y arengó expresamente a los soldados”.

En pocas pero concretas palabras, Vieira definió a María Cano como una mujer valerosa y consecuente que no se dejó amedrentar de la represión oficial y se subió a la tarima a expresar la opinión del pueblo. María Cano dejó un valioso legado para las masas de trabajadores y para los militantes revolucionarios, pero sobre todo abrió el camino para que las mujeres demostraran que están en capacidad de aportar, inclusive más que los hombres, a la causa de la emancipación popular.


Gráfica pie de foto.-María Cano, la Flor del Trabajo. Retrato al oleo de Calarcá.

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