Mujer
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(Extractos) Muchas gracias por estar aquí acompañándonos todos y todas las que queremos y admiramos a mi madre (...)



Los que no le conocieron personalmente seguramente habrán escuchado que fue una escritora prolífica, con más de 80 libros; tantos que nunca me fue posible leer todo lo que producía cada año.

Pero pocos saben que ella no quería que se le identificara como escritora o teórica marxista o analista sobre América Latina.

El título del que más se sentía orgullosa es de educadora o pedagoga popular. Y es que era cuando estaba con las personas de barrio, centros de trabajo, u organizaciones sociales y populares, era cuando más cómoda y realizada se sentía.

Pienso que mi madre se tomó bien en serio la idea de Marx de que los filósofos (lo que hoy en día incluiría a todos los intelectuales) no solo deben estudiar el mundo, sino también actuar para transformarlo.

Por ese motivo, ella casi siempre escribió para las grandes mayorías populares, con un lenguaje accesible y que por tanto tenía que ser sencillo.

Algunos intelectuales le catalogaron de simplista o esquemática, porque no entendieron cuál era el objetivo de sus escritos. Pero creo que muchos reconocen el rigor intelectual de sus escritos, su conocimiento profundo de los clásicos del Marxismo, y su análisis verdaderamente crítico y comprometido (...)

Ella se sentía igual a cualquier persona, y hacía que los demás se sintieran cómodos hablando con ella. Por eso fue tan buena entrevistando a tantas personas con las más diversas responsabilidades en gobiernos y organizaciones progresistas en Nuestra América.

Eventos como este que nos reúne hoy nos muestran los valores y la ética de la derecha. Ellos celebran la muerte.

Nosotros celebramos la Vida, y nos conmovemos con la muerte de cualquier ser humano, sin mirar color de la piel, orientación sexual, creencias o ideologías.

Los extremistas de la derecha (y los del centro sin darse cuenta) parten de la presunción que ellos, generalmente el hombre blanco y de dinero o con ansias de enriquecerse son mejores que los demás, y que las vidas de los "otros" no valen.

Por eso Marta Harnecker ha sido una verdadera revolucionaria, porque se sentía y se relacionaba con cualquier persona como iguales, fuera una trabajadora doméstica, obrero, campesino, indígena, empresario o presidente.

Hay otros que han pretendido ser de izquierda (pero que a nadie engañan), y han usado este evento tan duro para nuestra familia y muchas personas que le querían, para intentar validar teorías cuyo único propósito es desmovilizar y desarticular a la izquierda latinoamericana.

Sin duda perdimos todos a una observadora crítica, pensadora aguda, no dogmática, ilustrada por los marxistas clásicos y los más recientes.

Pero lo que más lamento es que perdimos a una mujer incansable, crítica e indoblegable, dedicada a que las organizaciones de izquierda de Latinoamérica y el mundo fueran más efectivas en sus empeños por convocar, guiar y conquistar el poder, para transformarlo, y ponerlo al servicio de los sectores más marginalizados históricamente.

Perdimos a una defensora de la importancia del protagonismo de las personas en la transformación social, como única forma de transformarse también a sí mismos en las mujeres y hombres nuevos, capaces de superar las mezquindades del capitalismo.

Pobres los que celebran su desaparición física: no saben que las ideas justas cobran más vida cuando sus defensores pasan a la eternidad.

Sus ideas han sido sembradas en las generaciones que le siguen, quienes recogeremos el batón y seguiremos en esta carrera que es realmente una lucha por un mundo mejor para las grandes mayorías y por tanto, realmente para todas y todos.

¡Marta Harnecker, PRESENTE!

La Habana, 19 de julio de 2019

Fuente:
https://www.rebelion.org/noticia.php?id=259452