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Aunque los victimarios hubiesen querido enterrar con Bernardo Jaramillo y toda la generación de militantes y cuadros sociales y políticos sacrificados, las ideas transformadoras que representaban, la persistencia y vigencia de las mismas constituyen la principal derrota histórica de las oligarquías y el militarismo que orientó y ejecutó el genocidio contra la Unión Patriótica y el Partido Comunista.



Mientras los enemigos han querido borrar la memoria de estas generaciones heroicas o limitarla a un simple altar de fotografías inmóviles y rituales atrapados en el dolor del pasado, su vitalidad primaveral políticamente renace en cada resistencia y lucha popular que persiste o se ha sembrado durante las últimas tres décadas en campos y ciudades.

La diáspora que quisieron imponer naufragó. Nuevas generaciones de patriotas como lo advertía Jaime Pardo, son hoy la nueva fuerza roja, verde y amarilla que impulsa el proyecto histórico de una nueva sociedad y otra Colombia en paz y con justicia social.

30 años después, cualquier proyecto de cambio político avanzado en el país pasa ineludiblemente por la materialización de  las consignas de solución política, paz, apertura democrática y nuevo gobierno por las cuales han ofrendado su vida miles de compatriotas.

Un nuevo tiempo marca la historia nacional en el siglo XXI muy a pesar de los nubarrones. Otro país se esfuerza por nacer y dejar para siempre en el pasado la maldición de las guerras, los desplazamientos, las desapariciones.

La sola idea del cambio ha desatado una nueva ola de persecuciones y su principal grito es querer hacer trizas la conquista que representan los Acuerdos de Paz y su potencial transformador. La vida de la nación se define en esta contradicción entre pasado y futuro. Entre regeneración o modernización. Entre dictadura o democracia. Entre vida o muerte.

Dar cara a estas nuevas disputas es el deber de quienes hoy heredamos el legado de todas las  víctimas partidarias y populares. Sobre los hombros de sus valientes historias existe la responsabilidad de pensar y actuar con cabeza propia las nuevas circunstancias que impone la crisis capitalista contemporánea y las respuestas democráticas y revolucionarias más pertinentes.

La tarea pendiente hay que cumplirla. Unir al pueblo para derrotar la guerra y conquistar una nueva Colombia, que sí es posible.

(*) Secretario General de la Unión Patriótica (UP).

@Gabocolombia76

Addendum:

Bajo el título “Nuestro Bernardo” Óscar Sotelo Ortiz escribió para el Semanario Voz:

Aún conservo el libro de la Perestroika, cuya autoría es del último secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijail Gorvachov, publicado en español por la editorial Oveja Negra en el año 1987. Llegó a casa por allá en el año de 1994, cuando algún profesor de sociales se lo habría pedido a sus estudiantes de bachillerato para intentar explicar los intempestivos cambios del mundo en menos de un lustro.

Mi hermano, inquieto de conocimiento, lo compró; mientras yo, con menos de cinco años y sin entender nada de nada sobre lo que me apasionaría el resto de mi vida, leía por primera vez y de manera escueta las palabras socialismo, Lenin, Unión Soviética, reestructuración y revolución.

Cuento la anécdota para describir que mi generación nació con los televisores extasiados por el derrumbe del “socialismo real”. Años después entendí, que aquel librito negro de exhibición que reposaba sin pena ni gloria en nuestra biblioteca sería la partida de defunción del proyecto político inaugurado por la principal revolución de las clases populares en la historia.

En las idas y venidas de la propia vida, donde la influencia del cristianismo salesiano y el pensamiento camilista había formado un adolescente comprometido con las causas sociales, llegó para quedarse el proyecto de la Juventud y el Partido Comunista.

Ese aterrizaje abrupto en la política se daba por un sentimiento de conjurar radicalmente el espectro de la revolución social, proceso condenado a muerte una y mil veces por el victorioso mercado. Sin embargo, sería la heroica historia de los comunistas en Colombia, el detonante definitivo para elegir el camino de la militancia política.

Fue en ese proceso en el que un día cualquiera, encontré en una librería de Bogotá el texto “Entrevista con la Nueva Izquierda” publicado en 1989. La chilena Marta Harnecker, quien por ese entonces era acusada en la academia por sus manuales marxistas de los setentas, entrevistaba a Bernardo Jaramillo Ossa, el joven presidente nacional de la Unión Patriótica.

Compré el libro y me lo devoré en cuestión de días. Por supuesto, tuve que leer la entrevista que Harnecker le hizo en la misma coyuntura a Gilberto Vieira, secretario general del Partido Comunista Colombiano.

El hecho de no vivir aquella época convulsionada y encontrar un debate inconcluso en el movimiento revolucionario colombiano, incentivaba la discusión en el campus de la Universidad Nacional, espacio donde militaba.

Por aquel entonces, nuestra pequeña estructura partidaria enfrentaba el reto de sobrevivir al extremoizquierdismo bolivariano, que en su fetichismo del fusil nos condenaba a la vulgar socialdemocracia. Ellos eran muchos, nosotros pocos.

La entrevista de Bernardo se fue rotando. El mártir del que solo conocíamos su nombre, un par de intervenciones registradas en video y un poster imponente de la mejor campaña de comunicación en nuestra historia, se desnudaba con política ante nuestro impaciente afán de cualificación ante una coyuntura de incertidumbres. Vivíamos la última etapa del gobierno Uribe y la posibilidad de un proceso de paz que detuviera la guerra, estaba lejana.

Bernardo en aquel material dibujaba lo que queríamos y deseábamos para el momento. La importancia decidida por apostarle a la solución política al conflicto social y armado, la necesidad de renovar la política y ampliar el rango de maniobra del Partido Comunista, el papel de la Unión Patriótica en un proyecto de convergencia más allá de la estructuras partidarias, la importancia de leer a Gramsci, y un largo etcétera de reflexiones, serían fundamentales para entender que el momento no era de extremismos maximalistas, sino de flexibilidad en los actos y radicalidad en los principios. Incluso, Bernardo citando a Jaime Batemán, orientaba a construir un Socialismo a la colombiana, propuesta que abrazamos con entusiasmo.

En lo personal, creo que acercarme a la corta vida de Bernardo sembró un compromiso con una particular zona del país, que ni siquiera sabía que existía: el Urabá.

El exitoso y bohemio paso de Bernardo por las tierras urabenses, donde asesoró sindicatos bananeros, construyó Partido y aceleró la acción política en un contexto agudo de la lucha de clases, incentivaron una poderosa inquietud que he intentado honrar recuperando la memoria del territorio y estimulando la reconstrucción del Partido Comunista de Urabá.

La historia nos dio la razón, no sé si a Bernardo, al Partido o a la Juventud Comunista (JUCO) de la Universidad Nacional que con estilo asumía su condena de ser “rosaditos”; pero nos dio la razón.

Hoy esos cambios deseados por el joven presidente de la UP se han impuesto a la luz de los acontecimientos: La conquista de un Acuerdo de paz cuyo contenido es transformador, la realidad de un Partido Comunista renovado en su política que se sintoniza con la realidad social o el presente de la Unión Patriótica, que trabaja todos los días por una verdadera convergencia para ser gobierno, son algunos de los aspectos del triunfo de un pensamiento joven que vivió lo suficiente para estremecer nuestra política.

Como hijo de una particular época, Bernardo era un convencido “perestroiko”, como lo fue el mismo Vieira o Carlos Lozano Guillén. Probablemente yo también lo hubiese sido.

Pero a diferencia del best seller de Gorvachov, que como tratado político terminó siendo una divertida pieza de literatura, el pensamiento del “perestroiko” Bernardo Jaramillo Ossa se mantiene vigente no solo en los candentes y necesarios debates internos sino especialmente en la política que exige consecuencia a la hora de construir el cambio político.

A treinta años de su asesinato, la historia reivindica a nuestro Bernardo como lo que fue: un comunista diferente, rebelde hasta en su propia estructura.

Fuentes:
https://semanariovoz.com/la-tarea-pendiente/
https://semanariovoz.com/nuestro-bernardo/