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El Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas ONU, aprobó el pasado 10 de julio, que una Misión de este organismo multilateral se ocupe de vigilar con gran atención el cumplimiento de los Acuerdos Generales de La Habana, para la paz  en Colombia firmados en Bogotá por el presidente  Juan Manuel Santos Calderón, y  Rodrigo Londoño Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Ejército del Pueblo (FARC-EP) el pasado 25 de noviembre del 2016.



Luego de cumplimentar exitosamente   la Comisión de la ONU, que garantizó ordenadamente, la entrega de las armas de unos 7 mil guerrilleros, miembros   de dicha organización insurgente, armas que serán fundidas,  según  el compromiso de las partes en conflicto y con ese material  levantar un monumento por la paz en Colombia.

Quedó en firme la segunda Misión Política de las Naciones Unidas que verificará la reincorporación de los excombatientes en lo económico, lo social y lo político. Además, que velará por la seguridad en los territorios.

El embajador británico ante la ONU Matthe Rycroft  presentó ante el Consejo de Seguridad la resolución que fue aprobada por unanimidad y fija el inicio de esta segunda etapa para el mes de septiembre,  el diplomático expresó  que “la etapa más dura está por delante” y agrego que una paz duradera y sostenible depende de la exitosa reincorporación de los excombatientes a la vida civil”.

Tiene razón el embajador británico,  ciertamente está etapa de reincorporación de los insurgentes de las FARC-EP, no solo es  y será muy “dura”  algunas de las razones que el lector debe conocer, es que hay sectores y personeros  en el Estado colombiano que no contribuyen a cumplir lo acordado, un ejemplo de ello es el incumplimiento de la ley de amnistía, por la que están en huelga de hambre más de 1600 presos y presas  pertenecientes a las filas de la guerrilla, y que el Poder Judicial debe agilizar la libertad de los prisioneros, y no la ejecutan por supuestos  trámites burocráticos .

Tampoco el Gobierno ha cumplido con eliminar el paramilitarismo, muy por el contrario niega la existencia de estas bandas, organización que ha estado al servicio de los grandes  ganaderos, latifundistas y a la mafia narcotraficante.  Podría decirse que ese fenómeno ha crecido y se ha fortalecido al ocupar militarmente los territorios donde operaba la guerrilla de las FARC-EP.

Por último la oposición a la paz que lidera el ex presidente  y actual senador Álvaro Uribe Vélez, apoyados por  ciertos e importantes  medios de prensa, para nada contribuyen a lograr el escenario adecuado para garantizar que la paz pueda consolidarse y ser duradera, por el contrario tratan de rociar combustible para que se incendie la pradera.

Solo un fuerte movimiento social y de masas, en unión con los sectores políticos comprometidos con la paz en Colombia, exigiendo que se cumplan los Acuerdos de La Habana, firmados entre el Gobierno y la insurgencia, podrán hacer viable y exitosa  la segunda misión de las ONU.

Lo que nadie puede soslayar es que la aprobación de esta segunda Misión de la ONU aprobada por el Consejo de Seguridad unánimemente, es un reto para el Gobierno, que no puede desentenderse de lo acordado e incumplir, porque no solo el gobierno sino el Estado podría pagar un alto costo político, no solo nacionalmente, también internacionalmente ya que podría considerarse un Estado Fallido.


(*)  Periodista, politólogo y Analista internacional.