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Consciente de los grandes problemas de violencia y equidad del país, con una criminalidad ascendente, crea en el año de 1994 la Comisión Colombiana de Juristas que tantas batallas ha librado en defensa de los DD. HH de los colombianos, y que es de las pocas organizaciones no gubernamentales que tiene “estatus consultivo” de las Naciones Unidas – ONU, estatus que comparte con el Comité Permanente de Defensa de los DD.HH. (CPDH).


   
Conserva la amabilidad que le conocí desde hace años, cuando la vida nos puso en la misma orilla de defender y luchar por los Derechos Humanos. No ha perdido la sonrisa, a pesar de cargar sobre sus hombros la responsabilidad de llevar a la cárcel a los autores de los crímenes que sacudieron a la nación, contra gente buena y de esperanza, como Jaime Garzón, amigo común que todavía lloramos y el de Mario Calderón y Elsa Alvarado que fue tan duro que rompió la fortaleza emocional de los jesuitas.

Yo quería saber algo más de su niñez, que es la etapa donde se consolidan los verdaderos valores que guían nuestras vidas. Me contó, que así no lo creyéramos era caleño y que vivió en esta ciudad hasta los 12 años. Sus padres antioqueños raizales le transmitieron esa inclaudicabilidad en sus principios que le ha permitido librar los enfrentamientos más duros de su vida como el que mantuvo con el expresidente Uribe a quien llamó varias veces mentiroso, en las propias oficinas del Palacio de Nariño. Su madre, de Sonsón, Antioquia, es descendiente de una cuna que mucho aportó a la colonización antioqueña. Por esas razones y sinrazones de la vida sus padres terminaron casándose en la tradicional iglesia de la Bordadita en Bogotá. De Cali recuerda la posición antirojaspinillista de sus padres y sus amigos y de su participación en la manifestación celebrando la caída del dictador Rojas Pinilla en la mañana del 10 de mayo de 1957.

Es en Cali, a la edad de 6 años cuando comienza a aflorar su marcado sentimiento social, junto con otros niños de su misma edad y acompañado de su madre, quien pintaba hermosos cuadros bucólicos, organizan en sus vacaciones una escuelita rural para ayudar a enseñar a niños pobres, campesinos, que no tenían acceso a la educación. Ya más adelante y con el incremento de su sensibilidad social lo invitan a conocer el Seminario Menor de los jesuitas en el Poblado, de Medellín. A la edad de 12 años ingresa al seminario donde permanece varios años impregnándose de la filosofía social del cristianismo y de la necesidad urgente de la justicia social. Es la época en que conoce a su maestro y amigo Francisco de Roux, fraternalmente Pacho, con quien aborda temas sociales que acuciaban sus tempranas reflexiones de compromiso cristiano en el amor. Sin embargo, decide abandonar el Seminario porque no se considera capaz de asumir el duro compromiso del celibato.

Los nuevos vientos lo traen hasta Bogotá donde continúa sus estudios de bachillerato en el colegio San Bartolomé de la Merced y luego Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Javeriana. Allí conoce y alterna con otros jóvenes que van a despuntar más tarde en el firmamento político colombiano. De ellos recuerda a Noemí Sanín, al expresidente Ernesto Samper Pizano, a Juan Manuel Turbay, Carlos Vicente de Roux y Rafael Colmenares, dirigente ambientalista, fallecido recientemente. Guarda especial admiración y cariño por sus compañeros de banca universitaria, Carlos Pizarro LeónGómez y su hermano Eduardo Pizarro, con quienes compartieron sueños y esperanzas. Es una época de definiciones. Con Pacho de Roux se vinculan a las parroquias de Los Laches, al trabajo popular y social en barrios como Meissen, que también recibían la presencia social y cotidiana de los herederos del sacerdote Camilo Torres Restrepo, que se aglutinaban en el Movimiento Golconda y donde sobresalían los emblemáticos sacerdotes Luis Currea y René García.

Las viejas estructuras académicas de la Universidad Javeriana no resisten el despertar social de las nuevas generaciones y en un acto de persecución académica ordenan el cierre de la facultad de Sociología, acusándola de ser un “nido de comunistas”. La Universidad y la sociedad se movilizan para impedir el atropello. Surge un fuerte movimiento que respalda el nacimiento de una nueva Universidad que se caracterice por ser más humanista, solidaria y menos mercantilista. A la protesta estudiantil se vinculan dirigentes como Noemí Sanín, Mauricio Gómez, Tita Garcés quienes hablan en la Plaza de Bolívar. Se realiza por primera vez en la U. Javeriana un “cese de actividades” respaldado por las facultades de Medicina, Filosofía y Psicología.

Las directivas reaccionan con criterios persecutorios y expulsan a Carlos y Eduardo Pizarro LeónGómez, Carlos Vicente de Roux, Camilo Arciniegas y Gustavo Gallón. Cerradas las puertas de la U. Javeriana recurren a la solidaridad del emblemático maestro Fernando Hinestroza quien los recibe en la Universidad Externado de Colombia donde termina graduado en Derecho y Ciencias políticas. Un doctorado en Sociología y Ciencias Políticas en Francia completan su exigente plan de formación humanista. Es la época en que escribe su famoso ensayo “Estado de Sitio en Colombia” que le permite conocer nuestras duras y crudas realidades sociales y políticas.

Se desempeña como profesor de la Universidad de los Andes con marcada solvencia académica y adelanta investigaciones sociales que lo acercan a profesores universitarios de la talla de Daniel Pecaut y Álvaro Camacho Guisado. En marzo de 1979 se convoca el Primer Foro de los DD.HH. Allí aparece su nombre al lado de defensores de la causa popular como el excanciller y su primer presidente Alfredo Vásquez Carrizosa, El asesinado Ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, Humberto Pérez de la Rosa, General Joaquín Matallana, Luis Carlos Galán, Apolinar Díaz Callejas, Gelasio Cardona, entre otros importantes intelectuales. En esta época se vincula al trabajo con el CINEP y dirige la publicación de la revista “100 días”, de la cual es su fundador.

La Comisión Andina de Juristas con sede en Lima se interesa por sus trabajos y por sus investigaciones acerca del “Estado de excepción” y en 1988 le ofrece la dirección de la misma que asume y cumple con excelentes estándares de rendimiento. Consciente de los grandes problemas de violencia y equidad del país, con una criminalidad ascendente, da un paso al frente y crea en el año de 1994 la Comisión Colombiana de Juristas que tantas batallas ha librado en defensa de los DD. HH de los colombianos, y que es de las pocas organizaciones no gubernamentales que tiene “estatus consultivo” de las Naciones Unidas – ONU estatus que comparte con el Comité Permanente de Defensa de los DD.HH. (CPDH).

El tiempo avanza en nuestra conversación y la imagen de Jaime Garzón me invade en las alas de recuerdo. ¿Le pregunto al rompe “quienes asesinaron a Jaime, a Mario Calderón, a Elsa Alvarado, a su padre?”. Un rictus de dolor atraviesa su rostro, y responde: “Fueron los mismos”…Nos quedamos en silencio y yo no logro articular más preguntas.

Me levanto para despedirme y le hago una pregunta final: ¿Qué espera de la Comisión de la Verdad, en medio de tanta resistencia a la Paz? Responde: “Bajo la conducción sabia de Pacho de Roux, la comisión va a estimular nuevos y esperanzadores entendimientos”.

No resisto la tentación de decirle, y cuál es su mensaje a la sociedad. Respondió: “Persistencia en la decisión de enfrentar sin descanso las dificultades en la construcción de un país mejor, y… No cantar victoria, el camino es largo y difícil”.

Alonso Ojeda Awad
Exembajador de Colombia en Europa