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Los resultados electorales de las recientes votaciones, tanto parlamentarias como presidenciales en sus dos vueltas, mostraron otras tendencias en el campo político colombiano.



De lo acontecido se desprende que Colombia atraviesa por un profundo proceso de transformaciones políticas, que se inició con los diálogos y la firma de un acuerdo de paz con las Farc y persiste en los diálogos con el Eln, que han cuestionado los ejes centrales del ciclo estatal uribista de la seguridad democrática, para abrir una etapa de gran tensión, crisis estatal y reconfiguración política.

No obstante, o tal vez por eso mismo, regresó el uribismo al poder en condiciones diferentes a lo que fue su ejercicio de poder entre el 2002-2010, en donde la correlación de fuerzas en el seno del Estado era bastante favorable a la ultraderecha.

Este proceso está ligado a la emergencia de nuevos sujetos en el campo político, que irrumpieron desde la sociedad civil, como la Colombia Humana con sus más de 8 millones de votos, y la insurgencia armada organizada como el Farc; es decir, desde los márgenes de la política institucional, que posicionaron nuevas propuestas y universos simbólicos en el campo político, así como nuevas formas de articulación democrática ampliando sus límites y asignándoles un contenido distinto.

Uno de los rasgos característicos de la política es que se trata de una cuestión de sujetos y, en consecuencia, de la existencia de una pluralidad de sujetos.

No solo hay una pluralidad de sujetos en los decadentes partidos sino que se hace política en diferentes ámbitos de la vida social, en particular en el proceso de configuración de la sociedad civil y los ámbitos de vida pública que se organiza en ella de manera paralela a los que están organizados en el sistema de instituciones políticas del Estado.

Nunca en la historia de Colombia se había constituido un movimiento social y electoral de las características que ofrece la Colombia Humana y sus más de ocho millones de seguidores, que este 7 de agosto saldrán a las calles a defender la paz y la vida, como respuesta a los anuncios hechos por Duque de barrer los acuerdos, y tras la acción violenta parapolicial (Águilas negras) que extermina sin contemplación los líderes sociales y los reincorporados de la guerrilla.

Un movimiento de tal naturaleza, con las capacidades que presenta, más que una oposición anticipada lo que devela es la crisis de Estado, que es cuando el sistema político y simbólico dominante que permitía hablar de una tolerancia, o hasta acompañamiento moral de los dominados hacia las clases dominantes se quiebra parcialmente, dando lugar así a un bloque social políticamente disidente, irreductible por más que se use la violencia y se amenace con nuevas guerras, con capacidad de movilización y expansión territorial.

Como quiera que esa fuerza está en curso y gravitando en todo el campo político, caracterizarla en sus contenidos y sentidos es un desafío para el análisis político.

Obviamente no se trata de una aglomeración irracional y desvirolada como lo sugiere el bárbaro de Botero (ex-Fenalco), que será ministro de Defensa de Duque, pues para gente como él y su nuevo jefe, los movimientos sociales son pensados como turba marginal, descarriada y enferma. Imágenes hermanas del “delincuente”, el “loco”, el “bárbaro” y el desadaptado de los discursos del biopoder.

Desde esta perspectiva, las instituciones son pensadas como orden y bien, y la protesta y sus movimientos como un caos peligroso.

Tampoco es suficiente interpretar dichos movimientos como algo que se pueda encajar en la movilización de recursos (porque disponen de dinero), las oportunidades políticas (por la división de las élites), la enmarcación cognitiva (un discurso apropiado) o las teorías de síntesis como cierre de las tres anteriores.

Lo que se plantea con los movimientos sociales es una necesaria tarea de reconceptualización de la constitución de la potencia, la dinamicidad y la corporalidad de los mismos. Nuestro interés es pensar el movimiento social en tanto que fuga y potencia creativa desplegada sobre el plano de lo cotidiano con sus tácticas respectivas.

Movimiento social es multitud como convergencia de la diversidad y pluralidad. Es lo molecular que anida en la vida cotidiana enfrentado a lo molar que dispone desde Dios en la religión (para dividir entre creyentes y ateos), el Estado en el poder, la familia, el mercado o la empresa.

El movimiento es la suma sintética de los sujetos que representa y son representados por el movimiento.

Esperemos que el “protocolo” para los movimientos sociales que expida el saliente gobierno del señor Santos y la pulsión autoritaria para “regularlos” del nuevo ministro de Defensa no cierre con un golpe a la democracia asociada con la paz que prevé garantías y derechos para la protesta y la movilización colectiva.

Fuente:
https://www.las2orillas.co/multitudinario-7-de-agosto-por-la-paz-y-la-vida/