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El 9 de agosto conmemoramos en el cementerio central un año más del fallecimiento de Manuel Cepeda Vargas, fundador del periódico Voz, militante del Partido Comunista Colombiano y unificador con su trabajo político de la Unión Patriótica y el nuevo partido de la Fuerza Revolucionaria del Común.



La cita fue a medio día en medio de la lluvia. Las intervenciones presididas por Caliche, dieron lugar a escuchar a Aída Avella, quien habló como si Manuel estuviera presente contándonos cómo habían sido sus vidas en el Concejo de Bogotá, y como hoy asumen las labores en el Senado de la República.

La intervención de Jaime Caycedo, proyectó el trabajo de unidad en la familia comunista, que ha sido la orientación desde el XXII Congreso de 2017, en relación al legado que dejó en el esmero por estudiar y realizar un trabajo en todo el territorio colombiano, y en conjunto con su compañera Yira Castro, las relaciones internacionales que construyeron en Praga.

En la vocería de la FARC, hablaron los hoy congresistas, Sergio Marín y Carlos Lozada, discursos del reconocerse a sí mismos, en labores políticas legales luego de haber pasado años de trabajo clandestino, enviando saludo de fraternidad a los camaradas presentes.

La cita que convocan mujeres del PC anualmente, contó con un trio de músicos que interpretaron canciones colombianas, con el ánimo de saldar ante la tumba de nuestros caídos los desaires de los que siguen vivos.

Es posible la Unidad en los homenajes, en los actos políticos que integran las raíces políticas de nuestro andar en la historia de Colombia.

Sigue siendo complejo que se logre la unidad de un solo Partido, entre el PCC, la UP y la FARC. Las contradicciones propias de nuestros militantes y de las direcciones, no son precisamente en la coherencia de nuestros ideales, soñamos un país distinto, aunque no entendemos cómo acontecen hechos que logran acumular odios que han durado generaciones completas.

Con el hilo rojo de las internacionales se han formado grandes debates en relación a las formas del desarrollo de las fuerzas productivas en cada territorio, y de qué manera el concierto de las naciones ha organizado los niveles de acumulación en los intercambios comerciales que les ha permitido una cierta forma de concentración de riqueza en las capitales y un olvido de la distribución de las ganancias en la extensión del territorio.

Los compañeros que han estado en el exilio bien conocen el funcionamiento de la estratosfera y la forma como los han ido incorporando en escenarios laborales, académicos o políticos.

Esto cuesta traducirlo en las bases que se quedaron en los pueblos resistiéndose a la expulsión de sus lugares de vida y manteniendo una conciencia en reciprocidad con las luchas históricas del campesinado colombiano.

Entonces, ¿cuáles son las dificultades de la unidad? una pregunta a la fecha de otro aniversario, la partida de Jacobo Arenas, militante comunista y brazo político de la entonces guerrilla de las FARC-EP, creador de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, que logró el más grande avance por unificar criterios de la lucha revolucionaria en Colombia, junto a todas las fuerzas alzadas en armas durante la década de los años ochenta.

Este bastión que fue diluido por las diferencias de sus voceros, y en lo estratégico, la ruptura de unos con los diálogos de paz (ELN-FARC-EP) y la continuidad de los otros (M-19, EPL, Quintín Lame) de seguir en las conversaciones.

Pasados 28 años de la entrega de armas de los que siguieron el camino del diálogo político, se suma el Acuerdo de la Habana a señalar que es necesario construir desde la participación política legal los cuadros que están haciendo esfuerzos por conocer el funcionamiento del sistema que queremos transformar.

Cambiar el modelo de Estado y el modelo económico sigue siendo una tarea no resuelta. El proceso de diálogo con el Ejército de Liberación Nacional, y ahora, el actual gobierno de Iván Duque, deberá dar pautas en relación a la participación de los pueblos en la extensión del territorio colombiano.

Fueron cuatro años de procesos de paz en la isla cubana, con varias vueltas al mundo por parte de los plenipotenciarios, aterrizar de nuevo a las realidades propias de este país les sigue costando, no aconteció una revolución, no se hizo una reforma agraria, no se logró empleo para el pueblo colombiano, no se incidió en mejoramientos del sistema de salud o educación pública.

Algunos que trabajaron con el proceso de paz, pudieron acomodarse o hasta enriquecerse, sin embargo, el problema de los 50 millones que vivimos en este país no se ha solucionado.

En el día de Jacobo que sea la memoria la que nos convoque, habrá una tarea de la juventud comunista, la juventud patriótica y la juventud rebelde, por asumir que ha acontecido en las mayorías, a diferencia de lo que ocurre en los directorios políticos de nuestros partidos.

De qué forma hemos creado nuestras fuentes de ingresos, por qué dependemos de la contratación del Estado en nuestras filas partidarias, cuáles son las estrategias de financiación del trabajo político y cuáles las de la vida real de nuestros militantes, en un país que ha cerrado todas las puertas a los trabajadores.

Con la honestidad, nos costará olvidar a Gilberto Vieira y su mejor manera de seguir volviendo a nuestros ojos, en la lectura de la entrevista que le hiciera Martha Harnecker (1), ¿cambiaron las condiciones estructurales para negar que en Colombia el legítimo derecho de rebelión lleve a “la combinación de todas las formas de lucha”?

(1) HARNECKER, Martha (1988) Colombia: Combinación de Todas las Formas de Lucha. Bogotá: Ediciones Sudamérica

(*) Doctoranda en Ciencias Sociales (UBA) – Estudios en el Doctorado en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (UNAL) – Partido Comunista Colombiano