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Con el título un país que oscila entre el genocidio político y el ecocidio "La Pluma.net" publicó el artículo del profesor Vega, cuya cuarta parte publicamos a continuación:



“Estamos presenciando un arboricidio, un animalicidio. Se fue la ideología, entró el capital. Hay un frenesí por tierras baratas. Estamos destruyendo con tanta desfachatez, soltura y fiereza que ni siquiera aprovechamos la madera. Simplemente vamos quemando todo”.

José Yunis, “Lo que está pasando en la Amazonía es ilegal, inmoral, e irracional”, El Espectador, marzo 2 de 2018 [1].

En Colombia está en marcha un ecocidio, concentrado en nuestro territorio selvático del sur, tras la desmovilización de las Farc.

En forma paradójica la guerra preservó los ecosistemas y riquezas naturales en gran parte de nuestro territorio, al impedir que grandes zonas fueran incorporadas al capitalismo criollo y transnacional durante cinco décadas y permanecieron cerradas a los ciclos extractivistas, como lo recordó un colono que habita en los terrenos del Parque Nacional Natural Tinigua:

“Hoy tenemos reglas claras: ya no dejamos colonizar y está prohibido talar más de 10 hectáreas anuales”.

Con frescura reconocía que las FARC habían ideado un mecanismo para proteger los recursos naturales. Desde que ese grupo guerrillero había entrado en la región había implantado un riguroso mecanismo para evitar la sobreexplotación del bosque. Todos los campesinos debían obedecerlos. Incumplirlos significaba multas y, en ocasiones, la expulsión del territorio [2].

En la época en que las Farc ocupaban estos territorios eran pocos los claros de selva que se observaban desde el aire, claros que indican donde se ha tumbado monte. En ese momento, 3 millones 800 mil hectáreas de cuatro parques naturales (Tinigua, Picachos, Sierra de La Macarena y Sumapaz) eran prácticamente vírgenes, correspondiendo a un área tan grande como la de Suiza.

En un lapso de dos años las cosas han cambiado negativamente: se han incrementado los claros en la selva, puesto que con la salida de las Farc, el terreno quedó libre para que ganaderos, terratenientes, explotadores de madera, multinacionales del suelo y del subsuelo emprendieran la nueva conquista, como si estuviéramos en el siglo XVI.

En efecto, desde que se firmó el Acuerdo de Paz con las FARC en noviembre de 2016, en Colombia cada vez hay más rastros de la pérdida de estos bosques.

Paradójicamente, a la par que las tropas abandonaban las selvas para iniciar un proceso de reintegración a la vida civil, los rugidos de las motosierras y los incendios se multiplicaron en la Amazonía. […]

El 70% de la deforestación se concentra en la Amazonía y, desde la salida de las milicias, aumentó 44%. Los municipios donde más bosques se destruyen son también municipios donde la guerrilla se refugió por muchas décadas: San Vicente del Caguán y Cartagena del Chairá, en Caquetá; La Macarena, en Meta; Puerto Guzmán y Puerto Asís, en Putumayo, y San José del Guaviare, en Guaviare [3].

La destrucción de la selva entre 2017 y 2018 ha sido aterradora, hasta el punto que el llamado “cinturón verde”, una franja que en teoría goza de protección que está ubicada entre el Parque Nacional Natural Chiribiquete y la Serranía de La Macarena perdió 90 mil hectáreas.

Registros satelitales, recogidos por Rodrigo Botero, Director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) indican que en 2017 la actividad ganadera deforestó un millón y medio de hectáreas de bosque primario [4].

Para despejar la selva se recurre al método ecocida de incendiar de manera indiscriminada, para lo cual los interesados desembolsan hasta 1000 dólares para pagar a sus pirómanos a sueldo [una especie de sicarios (asesinos) de la naturaleza] que se encargan de hacer arder la selva.

Ese costo no lo puede asumir un campesino o un colono, sólo lo puede hacer alguien que cuenta con reservas de dinero, como terratenientes, ganaderos, traficantes de cocaína, empresas madereras, multinacionales extractivistas, bancos, poderosos grupos económicos (Aval, Santodomingo, Ardilla Lulle)…

En los primeros meses de 2018 se presentaron más de 9000 incendios forestales en la región amazónica colombiana, un verdadero arboricidio, impulsado por las manos criminales del capital y sus socios, interesados en apropiarse de las tierras quemadas, para construir carreteras e iniciar sus proyectos “productivos”, en realidad destructivos.

En la Amazonía, de selva a potrero por obra del fuego ecocida.

El 2018 nos deja la impronta de las llamas que han consumido miles de hectáreas en el sur del país, destruyendo todo lo que encuentran a su paso, arboles, animales, ecosistemas, culturas ancestrales…

En el Guaviare fueron arrasadas 20 mil hectáreas, en la Sierra de la Macarena 100 hectáreas y cada hora se queman unas 15 hectáreas en territorio amazónico, para un total diario de 400 hectáreas. La destrucción de la zona de transición que se encuentra entre los Andes y la Amazonía, afecta la regulación hídrica, lo cual arrasa con la diversidad biológica que caracteriza a esta zona del país.

Estas quemas y la deforestación consecuente ponen en peligro la existencia de la extraordinaria biodiversidad de la Amazonía, calculándose que unas 4.300 especies animales pueden desaparecer en la próxima década, entre ellos jaguares, dantas, tigrillos, monos, águilas, ranas, serpientes, peces, aves, insectos y plantas ancestrales. Un solo ejemplo es indicativo:

El churuco, primate que habita en las altas copas de los árboles de los Andes y Amazonia, también necesita de espacio para subsistir. Por lo cual, al igual que monos nocturnos y araña y titís pigmeo de Caquetá, sufrirían con la intensificación de la deforestación.

El churuco, al igual que la danta, es una especie “reforestadora”, es decir, una especie que transita por grandes extensiones de bosque llevando y trayendo en su aparato digestivo un sinfín de semillas que va dejando a su paso. Solo un churuco alberga semillas de hasta más de 200 especies distintas de flora [5].

Las aves de la región amazónica, cuya extraordinaria variedad es admirada en el mundo, se ven afectadas en forma directa por la deforestación y los incendios, pues según el Instituto Humboldt: “Loros y tucanes […] prefieren sitios altos para anidar o huecos de las palmas y árboles.

Al talar sus hogares muchos de ellos morirán en el momento del corte. La deforestación rompe con la conectividad de los ecosistemas, disminuye la abundancia de especies y elimina las copas de los árboles donde habitan las aves” [6].

El ecocidio no sólo afecta a plantas y animales sino en forma directa a las comunidades indígenas, habitantes milenarias de la selva, que se ven arrinconadas y acosadas por los “nuevos conquistadores”, que reviven, en cabeza del Estado colombiano, los proyectos extractivistas que recuerdan la tenebrosa época del caucho, con su cortejo de destrucción y muerte. Al fin y al cabo el ecocidio también es etnocidio, que significa, dicho en forma simple: el asesinato de las culturas aborígenes.

Para completar el cuadro del ecocidio, la destrucción de la Amazonía contribuye a calentar aún más el planeta, terreno en que los resultados del 2018 son igualmente catastróficos, con el aumento de los gases de efecto invernadero, que han sobrepasado las peores estimaciones, al alcanzar cifras superiores a las 400 partes por millón (ppm).

Notas:
[1]. https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/lo-que-esta-pasando-en-amazonia-es-ilegal-inmoral-e-irracional-articulo-742210
[2]. Sergio Silva Numa y Helena Calle, “Colombia le dice adiós a sus selvas”, El Espectador, septiembre 30 de 2018. Disponible en: https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/colombia-le-dice-adios-sus-selvas-articulo-815320.
[3]. Ibíd.
[4]. Sergio Silva Numa y Helena Calle, “Colombia le dice adiós a sus selvas”, loc. cit.
[5]. Más de 4.300 especies peligran por la deforestación, diciembre 21 de 2018. Disponible en: https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/mas-de-4300-especies-amazonicas-peligran-por-la-deforestacion/42447
[6]. Ibíd.
(*) Miembro de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas. Historiador, Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia.

Imagen de las talas masivas que se están presentando en la localidad de La Novia, una vasta selva al oriente de San Vicente del Caguán, en el Caquetá. Foto: Semana

Fuentes:
http://www.lapluma.net/2018/12/26/balance-de-2018-en-colombia-un-pais-que-oscila-entre-el-genocidio-politico-y-el-ecocidio/
https://www.rebelion.org/noticia.php?id=250826