Salud
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En diciembre de 2019 se habían detectado en Estados Unidos 2.506 casos de una extraña neumonía, con un saldo de 54 muertes, cuya causa se atribuyó al uso de cigarrillos electrónicos.



Cuando comenzaron a surgir los primeros casos del coronavirus COVID-19, los medios de comunicación no dudaron en indicar que el brote se había originado en el mercado de animales de Hunan, ubicado en la ciudad china de Wuhan.

La interrogante de dónde, cuándo, cómo y por qué comenzó el virus que ataca en la actualidad al menos a 155 países no ha podido ser respondida con certeza.

Sin embargo, nuevas investigaciones realizadas por científicos chinos y japoneses revelan que el virus  no se  originó en la nación asiática, sino en Estados Unidos, a miles de kilómetros de Wuhan.

Asimismo, dejan claro que el brote no provino del consumo de serpientes ni murciélagos, tal y como se apresuraron a reportar, sin pruebas, los principales medios de comunicación del mundo.

El estudio publicado en ChinaXiv, un sitio para publicaciones de investigadores y científicos, revela que el COVID-19, se introdujo en el mercado de Wuhan y luego se extendió rápidamente, producto de la gran afluencia de público del mundo entero que frecuenta este lugar.

El informe plantea que el paciente cero transmitió el virus a los trabajadores o vendedores del mercado, que siempre está abarrotado de público, lo que facilitó la rápida transmisión del virus a los compradores, provocando una propagación más amplia a principios de diciembre de 2019.

“Este hallazgo fue resultado del análisis de los datos del genoma, las fuentes de infección y la ruta de propagación de las variaciones del nuevo coronavirus recolectado en China”, reseñó The Global Times.

Las autoridades médicas y agencias de inteligencia chinas realizaron una búsqueda rápida y amplia del origen del virus, recolectando cerca de 100 muestras del genoma en 12 países diferentes de cuatro continentes, identificando todas las variedades y mutaciones.

En la investigación, determinaron que el brote del virus había comenzado mucho antes, probablemente en noviembre. La exhaustiva búsqueda explicaría por qué ha existido tanta dificultad para localizar e identificar al ‘paciente cero’.

En forma independiente, los investigadores chinos y los japoneses llegaron a la misma conclusión: el virus no comenzó en China,  se introdujo allí desde el exterior.

«Aunque el COVID-19 se descubrió por primera vez en China, esto no significa que se originó en China. Puede haberse originado en otro lugar, en otro país», indicó el pasado 27 de enero el principal especialista chino en el sistema respiratorio, Zhong Nanshan.

A mediados de febrero, la cadena de televisión japonesa Asahi afirmó que el coronavirus se originó en EEUU, donde algunas, o muchas, de las 14.000 muertes atribuidas a la influenza pueden haber sido resultado del coronavirus.

La estación sugirió que el Gobierno norteamericano, incluso, pudo no haber comprendido la rapidez con que se había propagado el virus dentro de su territorio.

Para realizar esas afirmaciones Asahi presentó documentos científicos e informes que dejaron claro que la población no estaba al tanto de la causa de las muertes, porque EEUU no realizó la prueba o no dio a conocer los resultados.

La revelación de que el brote de COVID-19 pudo haber ocurrido primero en EEUU (…)

En octubre de 2019 se celebraron los Juegos Mundiales Militares en Wuhan, y se considera ampliamente probable que el virus puede haberse transmitido en ese momento, de una fuente extranjera.

«Quizás delegados estadounidenses llevaron el coronavirus a Wuhan, luego se produjo una mutación en el virus, lo que lo hizo más mortal y contagioso, y causó un brote generalizado este año», reportó en esa oportunidad el diario People’s Daily.

Posteriormente, el 27 de febrero, Taiwán presentó en un noticiero una serie de  diagramas de flujo en los que se sugirió que el coronavirus se originó en EEUU.

La ubicación geográfica con la mayor diversidad de cepas de virus debe ser la fuente original y EEUU tiene las cinco cepas conocidas del virus.

En el programa se recordó que, en diciembre de 2019 se habían detectado en EEUU 2.506 casos de una extraña neumonía, con un saldo de 54 muertes, cuya causa se atribuyó al uso de cigarrillos electrónicos.

Un destacado virólogo y farmacólogo taiwanés también ofreció detalles sobre los diversos haplotipos (variedades del virus) y la manera en se relacionan entre sí, dejando claro que uno debió haber llegado antes que otro y que un tipo deriva de otro.

Aclaró que el tipo que infecta a Taiwán existe solo en Australia y EEII, y ya que Taiwán no cuenta con masivas visitas de australianos, el virus podría haber venido solo del país norteamericano.

Explicó que la ubicación geográfica con la mayor diversidad de cepas de virus debe ser la fuente original, porque una sola cepa no puede emerger de la nada.

“Solamente Estados Unidos tiene las cinco cepas conocidas del virus (mientras que Wuhan y la mayoría de China tienen solo una, al igual que Taiwán y Corea del Sur, Tailandia y Vietnam, Singapur e Inglaterra, Bélgica y Alemania), algo que constituye una tesis que los haplotipos en otras naciones pueden haberse originado en EEUU”, refirió The Global Times.

Ni Irán ni Italia, que son los países con más casos de COVID-19 después de China, fueron incluidos en las pruebas anteriores, pero sus científicos han logrado descifrar el genoma obteniendo variedades diferentes a las de la nación asiática, lo que significa que el haplotipo no se originó allí, sino que necesariamente se introdujo desde otra fuente.

En ese orden de ideas, en Italia el coronavirus tiene aproximadamente la misma tasa de mortalidad que en China, tres veces más grande que en otras naciones, mientras que el haplotipo en Irán parece ser el más mortal, con una tasa de mortalidad de entre 10 % y 25 %.

En EEUU se registraron 200 casos de una misteriosa fibrosis pulmonar que podría obedecer al COVID-19.

El virólogo taiwanés recordó además que recientemente en EEUU se han registrado más de 200 casos de una extraña «fibrosis pulmonar», que han causado la muerte debido a la incapacidad de los pacientes para respirar, y cuyas afecciones y síntomas no han podido explicarse.

El científico escribió artículos informando a las autoridades de salud de ese país que consideraran seriamente que esas muertes fueron resultado del coronavirus, aunque fueran atribuidas a los cigarrillos electrónicos, sin ahondar más en el tema.

Asimismo, el médico taiwanés declaró que el brote del virus comenzó antes de lo que reportaron los medios. “Debemos mirar a septiembre de 2019”, refiriéndose al caso de unos japoneses que viajaron a Hawai y regresaron a sus hogares infectados.

Estos turistas nunca habían estado en China y sus cuadros virales se generaron dos meses antes de las infecciones y justo después de que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) y el laboratorio de armas biológicas de Fort Detrick cerraran de forma repentina, alegando que las instalaciones eran insuficientes para evitar la pérdida de patógenos.

Adicionalmente, el sitio web de noticias chino Huanqiu reseñó un caso en EEUU en el que los médicos le dijeron a un familiar de una mujer que había fallecido producto de una gripe, aunque el certificado de defunción señalaba al coronavirus como la causa de la muerte.

El 26 de febrero, la red de noticias KJCT8, afiliada a ABC News, recogió el testimonio de Almeta Stone, residente de Montrose, Colorado, quien expresó: «Ellos (el personal médico) nos informaron que se trataba de una gripe, pero cuando obtuve el certificado de defunción aparecía el coronavirus como la causa de muerte».

El coronavirus ha afectado a 155 países y más de 180 mil personas, por lo que para llegar a conclusiones más determinantes y definitivas sería necesario examinar muestras de virus de cada una de esas naciones, lo que permitiría determinar el verdadero origen del COVID-19, así como de sus fuentes y patrones de propagación.

Adendum:
Si alguien piensa que la guerra biológica es algo que pertenece al pasado, está totalmente equivocado.  

Donald Trump levantó en el año 2017 una “moratoria” que se había impuesto a la financiación de “investigaciones y ensayos controvertidos para convertir virus en armas letales”... algo que supuestamente estaba “prohibido” desde 2014 por la administración Obama.

La medida desbloqueó la manipulación de los patógenos que producen el síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio (MERS), el síndrome respiratorio agudo y severo (SARS) y de otros virus como el Ébola.

A pesar de la supuesta moratoria, 10 proyectos habían obtenido “una dispensa” para seguir adelante, porque se consideraban “excepcionales”, relacionados con experimentos con el coronavirus de Oriente Medio y los virus de la gripe.

El programa estadounidense de armas biológicas empezó oficialmente en 1943 bajo el gobierno de Franklin D. Roosevelt. Durante la Segunda Guerra Mundial EEUU desarrolló un gran arsenal de agentes y armas biológicas, en forma secreta.

El imperialismo norteamericano tiene una larga historia de experimentos y crímenes por el uso de armas biológicas y América Latina ha sido laboratorio de la guerra biológica:

Gerald Colby y Charlotte Dennet lo describieron en su libro: “Hágase tu voluntad: la conquista del Amazonas: Nelson Rockefeller y el evangelismo en la era del petróleo” 1996 (Thy Will Be Done. The Conquest of the Amazon: Nelson Rockefeller and Evangelism in the Age of Oil).

Los científicos y religiosos estadounidenses al servicio de Instituto Lingüístico de Verano, creado por la Fundación Rockefeller y la CIA se deshacían en los años 1960-1970 de las tribus de nativos en la Amazonía, en cuyo territorio se encontraban yacimientos de petróleo usando la propagación de diferentes virus.

La técnica preferida usada en Brasil y Perú fue el envenenamiento del agua, la comida y el suministro a los nativos de ropa, y sábanas “para mejorar su nivel de vida”, que estaban infectadas por virus.

Según el libro, la población indígena en la selva de Brasil en 1958 era de unos 200.000 habitantes, pero, debido al genocidio físico y biológico, para 1968 más del 50% de los nativos de la Amazonía habían muerto.

Como los indígenas no querían abandonar sus ricas tierras, “había que usar la fuerza”, escribió después uno de los misioneros estadounidenses, conocido como el padre Smith. Así se logró el acceso de las corporaciones de Rockefeller al oro, petróleo, diamantes y metales raros.

En 1971 la CIA introdujo en Cuba el virus de la peste porcina africana para afectar la alimentación de su Pueblo, y diez años después, introdujo 3 cepas del virus del Dengue, lo que produjo una devastadora epidemia que mató 158 personas, entre ellos 101 niños.

Para atacar a Cuba con el dengue, los biólogos militares norteamericanos habían realizado en 1981 en Fort Detrick, Maryland, pruebas con Aedes aegypti, el mosquito transmisor del dengue.

Los agentes biológicos probados en la década de los 90 en prisioneros del Departamento Correccional de Texas fueron posteriormente usados en Irak durante la invasión norteamericana, según los estudios del bioquímico norteamericano Garth L. Nicolson.

En su testimonio escrito para el Congreso norteamericano, el científico remarcó que “miles de veteranos norteamericanos de la Guerra del Golfo sufren de las consecuencias de haber estado expuestos a las armas radiológicas, químicas y biológicas” (‘Written Testimony of Dr. Garth L. Nicolson, Committee on Veterans Affairs, United States House of Representatives’, enero 2002).

El profesor de derecho internacional Francis Boyle, de la Universidad de Illinois, considera que el actual virus del Zika es un arma biológica patentada por el Fondo Rockefeller en 1947.

Desde 1975, EEUU ratificó los tratados internacionales que prohíben el uso de armas biológicas. Sin embargo, ¿alguien sensato cree que los respeta?

Los recientes programas estadounidenses de “defensa” biológica (en realidad Guerra biológica) indican que continúan adelantando investigaciones prohibidas por la Convención sobre armas biológicas.

Wikipedia señala que el Instituto de investigaciones médicas en enfermedades infecciosas del Ejército de los EEUU situado en Fort Detrick, Maryland, ha reconocido que produce “pequeñas cantidades de agentes biológicos”, para su uso en la investigación de “armas de defensa”, y que, de acuerdo con el gobierno de EEUU, esta investigación “se lleva a cabo en plena conformidad con la Convención”...

¿Es posible creerles, sabiendo que el gobierno Trump no respeta los Acuerdos firmados ni el Derecho Internacional?

Conocidos los antecedentes bioterroristas de EEUU, es muy posible que el Covid-19 sea un virus usado como arma biológica contra China, teniendo en cuenta que del 18 al 27 de octubre de 2019 se llevaron a cabo los VII Juegos Mundiales Militares de Verano, en la ciudad de Wuhan (donde “inició” la epidemia), y en ellos participó una delegación de EEUU, que en forma llamativa, no tuvo una participación deportiva destacada (no estuvieron siquiera entre los 10 primeros del medallero).

Lo cierto es que las “investigaciones” de “armas biológicas” y el afán de mantener la hegemonía del imperialismo norteamericano ponen en grave riesgo la Salud, la tranquilidad y la Vida de millones de seres humanos.

Fuente:
https://www.elciudadano.com/reportaje-destacado-mejor-periodismo/el-origen-del-coronavirus-que-los-medios-decidieron-mantener-en-secreto/03/16/