Salud
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"Los tiempos actuales son difíciles para el ejercicio de la medicina y quienes nos dedicamos a ella, nos estrellamos contra nuevas restricciones".



El Registro del Talento Humano en Salud (Rethus), como requisito para formular medicamentos fuera del POS, que ya no existe por vigencia de la Ley Estatutaria de Salud, debe  inscribirse en la plataforma MIPRES (Mi prescripción), la cual sólo está disponible en la minoría de hospitales y clínicas del país. Regirá en marzo y trae veneno, ¡mucho veneno!,  pues le endilga al médico el pago de los medicamentos que sean motivo de glosas.

El objetivo final es “racionalizar” los gastos en la formulación de medicamentos, castigando al formulador (médico), como eficaz forma de aplicar la política de contención de costos para garantizar ganancias a las Empresas Promotoras de Salud (EPS) y a las clínicas y hospitales privados o Instituciones Prestadoras de Servicios (IPS).

¿Dónde tienen el veneno?

Esta norma viola la autonomía profesional, pues el listado de medicamentos esenciales no se ha actualizado bienalmente, como lo ordena la ley 1438, ni ha participado el cuerpo médico metódicamente.

En 2013, tras múltiples reclamos de diversas organizaciones médicas a los ministerios de turno, el listado se logró modificar parcialmente y sigue desactualizado. Por ejemplo, hasta ese año la Gentamicina aparecía como ampolla por 40 mg, haciendo que toda presentación diferente quedase fuera del POS.

Medicamentos esenciales

Igual ocurrió con otros medicamentos a los que durante casi 20 años los pacientes no tuvieron acceso por tecnicismos similares y porque el INVIMA no autoriza las solicitudes de los médicos, que buscan aprobar segundos usos de ciertos medicamentos, tras comprobar efectos benéficos diferentes a los estipulados por el fabricante, pero de probada utilidad en procesos terapéuticos específicos.

En cambio sí se actúa con celeridad para aprobar, a favor de los productores de drogas, patentes de segundos usos a un mismo medicamento, prolongándole por otros 20 años su monopolio,; y solo con patente aprobada, podemos formularlos sin riesgo de sanción.

Esto es una muestra de cómo el Estado colombiano, que se proclama Estado Social de Derecho, no cumple su objetivo de apoyar el desarrollo científico y médico en pro del bienestar de la población, por favorecer a la poderosa industria farmacéutica.

Por otro lado, la contención de costos está integrada al funcionamiento del Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS), para garantizar más ganancias a las EPS y no son controlados los precios de medicamentos y servicios que les cobran a ellas las, IPS.

Los remedios no son para los enfermos sino para terceros

El botón de muestra, son los medicamentos biotecnológicos, llamados de alto costo por los administradores de los dineros del sistema, los cuales fueron desarrollados desde el siglo pasado para el tratamiento del cáncer, enfermedades del sistema inmunológico, trastornos metabólicos y otras enfermedades genéticas. Cuenta la historia oficial, que sus altos precios, se deben a factores como el complejísimo e irrepetible proceso de producción y a la protección de la propiedad intelectual, pero no habla de su carácter monopólico en el mercado de medicamentos y si lo hace, lo justifica diciendo que fue muy larga y costosa su investigación, como también su producción, y que el medicamento es único e irrepetible. Por tal razón, dice, también su formulación debe estar perfectamente justificada, para evitar el desangre financiero del sistema.

Todo eso es parcialmente cierto, pues desde hace más de 2 años hay un decreto que permite la importación, fabricación y comercialización de medicamentos biosimilares, algo así como los genéricos biotecnológicos, que competirían fuertemente con los medicamentos pioneros quitándoles su carácter monopólico.  Por esta razón, desde hace años la industria farmacéutica trasnacional se dio a la tarea, primero de tratar de impedir la expedición del decreto y, simultáneamente, desprestigiar a los medicamentos competidores. Como el decreto fue expedido, sólo le quedó hacer un exitoso lobby ante el gobierno para impedir su reglamentación. De paso, el Ministro de Salud y el Presidente Santos, para su beneficio político lo presentan como un gran logro, a pesar de que no se aplica por no haberlo reglamentado. Es como haber comprado un carro y tenerlo ahí sólo para mostrarlo y darse ínfulas.


Médicos paralizados

Ante esto, buena parte del cuerpo médico sigue impávido. No reacciona contra la usurpación de su autonomía profesional, derecho irrenunciable contemplado en la Ley Estatutaria de Salud, para jugar su  determinante en el uso de los medicamentos a favor de los pacientes.

Por el contrario, varios colegas han sucumbido a la seducción de favores pagados por la industria farmacéutica a cambio de formular sus productos; algunos se han convertido en sus mejores publicistas (speakers o “líderes de opinión” en materia de medicamentos de marca) y, con un discurso seudocientífico, en furibundos detractores de los medicamentos genéricos que al final resultan ser agentes de mercadeo de las farmacéuticas.

Hay que conocer y realizar estudios independientes, metodológicamente serios y sin sesgo sobre diversos tipos de medicamentos para cambiar el discurso, actuar profesionalmente basados en un proceder ético y no ceder a presiones de ninguna índole. La ética profesional y la autorregulación, permiten a los enfermos un mayor disfrute del derecho a la salud y hacen al sistema más próximo a la equidad.


Ponernos en marcha contra estos abusos

Tenemos un sistema, cuya estructura está la intermediación financiera a través de las EPS para extraerle dinero por vía de los listados de afiliados y beneficiarios (compensación) y por la contención de costos, es decir, paseo de la muerte, inatención, no entrega de medicamentos, glosas de cuentas a hospitales y clínicas, negación del régimen laboral a médicos y demás profesionales y trabajadores, tanto de empresas prestadoras como instituciones de salud.

¿Cuándo veremos que el valor fundamental de todo sistema de salud somos las personas que lo hacemos funcionar? Somos médicos, enfermeras y todos quienes al trabajar en él, le damos vida y conocemos sus necesidades y posibilidades para que cumpla con su objetivo en pro del bienestar de todos. Nada de eso se logrará si no avanzamos en el camino que ya empezamos organizados, y articularnos en una sola fuerza para defendernos de los abusos y para conocer el alcance de nuestra profesión, más allá de la práctica médica. Dice un adagio, que el que sólo sabe medicina, ni siquiera medicina sabe.

Romper la apatía para quitarle el afán de lucro y, con él, la corrupción, harían al sistema menos inequitativo y menos antidemocrático.

Opinión y salud